Por @MarioVannucci

Ahora  es el momento de mirar hacia el  interior de la fuerza de la Amada Presencia de Dios Padre-Madre “Yo soy”. Toma asiento en un lugar cómodo, aleja de ti cualquier cosa que te distraiga de tu centro, cierra los ojos y respira profundamente  tres veces: inhala, exhala, inhala, exhala, inhala, exhala, inhala, exhala.  Ahora deja caer todo el peso de tu cuerpo sobre el asiento, relájate suelta todas tus cargas, sin dejar de sentir el peso de tu cuerpo sobre el asiento, escucha atentamente el ritmo de tu           respiración y escucha mi voz con tranquilidad, ahora desliza tu lengua sobre tus dientes, siente el sabor de    tu paladar, respira profundo, relájate,  y regálate este momento de quietud, dirige tu atención  a todos los olores presentes en el ambiente, percibe el aroma de tu perfume, concéntrate, dirige tu atención a tu cuerpo, percibe la sensación de la ropa sobre tu piel, siente el roce de tu cabello con el cuello, percibe la temperatura de piel, escucha los latidos de tu corazón. 

Ahora  en la quietud de tu ser, en la profundidad de la Amada Presencia visualiza un hermoso mar, observa su color azul profundo, percibe el  sonido de sus olas, el olor de su brisa salada, mira con detenimientos todos los detalles, las palmeras, los animales, el sol, estás sentado allí, solo, sin nadie a tu alrededor, siente como la espuma     del agua roza suavemente tus pies,  es una caricia de la  naturaleza, una caricia que te recuerda que eres parte de todo lo que es, relájate, disfruta estas sensaciones tan placenteras, respira profundamente, siente la brisa del mar acariciando tu rostro, tu piel, tu ser. Siguiendo la visualización,  ahora te pones de pie sientes la suavidad de esa arena blanca, mira como los granos de esa arena ruedan por tus pies, ahora avanza lentamente hacia tu lado izquierdo, camina, siente la brisa, la arena, el sol en tu rostro.

Ahora, si pones atención descubrirás un hermoso  sendero lleno de plantas y flores, ese camino te llama, siéntete atraído por él, confía, él te pide que lo camines, observa a tu paso cada árbol, cada flor, mira como las mariposas se posan en ellas, siente el roce de    las hierbas crecidas, acaricia esas hermosas plantas, no pares de caminar, déjate llevar por este bello sendero, ahora entre las plantas mira como empieza a dibujarse una fantástica montaña, una montaña verde, llena de vida, que te llama, que te atrae desde lo más hondo de tu ser, avanza con alegría, siente esa preciosa sonrisa dibujarse en tu rostro. Ahora te dispones a  escalarla, a   ascender por ese camino que vienes recorriendo, ese sendero te conduce a la cúspide, continua tu marcha, no te detengas, tu   objetivo  es subir hasta el punto más alto, no pierdas de vista la hermosa naturaleza que te rodea.

Visualiza ahora la cúspide  de esa enorme montaña, tu objetivo de llegar a ella, asciende sin detenerte, relájate y ten la confianza que se necesita para llegar, ahora visualízate  en  la  cima, has llegado  con éxito, toma una respiración profunda de ese aire tan puro, gira y mira a tu alrededor la maravilla del  mundo que te rodea, abre tus brazos, mira  el cielo, date cuenta de cómo se funde el celo y el mar en un azul  profundo, abre tus brazos y recibe la abundancia del Universo, eres tu Amada Presencia “Yo soy” manifestándose y expandiéndose en todas las  direcciones,  ábrete a la prosperidad del mundo.

Ahora, en la cima de esa montaña, dirige la vista al cielo y observa como se desprende un potente rayo de luz anaranjada desde el sol, siente como ese rayo se dirige a ti, mira como esa luz dorada-naranja penetra por tu cabeza, siente ese calor en tu coronilla, es la Luz de Dios, la Luz que suple todas las necesidades, vibra con esa energía luminosa, esa luz ahora llena  todo  tu  cuerpo, mira a tu cuerpo resplandecer en  tonos dorados, y observa como de tu manos empiezan a salir  destellos de  esa luz   que  se materializan  en riquezas, observa como salen el oro y las joyas de tus manos, hora préstale atención a  tus pies, mira como brotan de ellos hermosas rosas que cubren por completo la cima de esa mágica montaña, siente el olor de esas rosas producto de tu fe, ahora mientras observas a esas flores nacer, toma tres respiraciones profundas, una, dos, tres.

Lentamente abre tus ojos, estás en el aquí y ahora, guarda esa sensación de bienestar y prosperidad, guárdala en tu mente y en tu corazón, y decreta con mucha convicción lo siguiente, repite conmigo:

“LAS RIQUEZAS DE DIOS FLUYEN A MI, COMO LLUVIA QUE CAE A TORRENTES DESDE EL CIELO”. “GRACIAS PADRE QUE ES ASÍ” (3 VECES)

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