sábado 21  de  febrero 2026
Cuba

"Ni Martí es un mojón ni yo quiero hacer una película"

La manzana de la discordia es un tal Yimit Rodríguez, hasta este momento un fulano del audiovisual del que no tenemos referencias suficientes como para poder decir que se salva por la trascendencia de su obra
Diario las Américas | SÁNCHEZ GRASS
Por SÁNCHEZ GRASS

Desde La Habana llega la humareda. Una discusión quizás sobrevalorada. Lo que pudo ser un escándalo de pasillo se pinta la cara como si fuera un nuevo destape de la cinematografía mundial. Y es normal que uno desconfíe por varias razones, esencialmente por estar cansados de la confusión que genera el no saber deslindar entre un teleplay con inflamación pélvica y lo que en verdad es el cine.

La manzana de la discordia es un tal Yimit Rodríguez, hasta este momento un fulano del audiovisual del que no tenemos referencias suficientes como para poder decir que se salva por la trascendencia de su obra. Digamos que su contribución es incipiente. Justamente por eso su propuesta: “Quiero hacer una película” clasifica para formar parte de una Muestra de Jóvenes Realizadores, que hasta donde sé es una especie de validación de obras entre los acreditados al evento, sin que haya constancia real de otros alcances más duraderos.

El escándalo se genera por una escena en la que uno de los personajes dice que “José Martí es un mojón” cuando en realidad lo que pudiera ser un verdadero mojón es la película en si y no Martí, de quien hay suficientes pruebas de genialidad, clarividencia y lucidez. Es obvio que para quien escribe José Julián Martí Pérez es Dios aunque no haga milagros.

El primero de los errores que aquí se comete es el no entender que una cosa es un personaje y otra cosa es un autor. Parece tan elemental este tema que me resulta embarazoso tener que hacer esta acotación. Me hace sentir como si estuviera en una clase de la enseñanza elemental, esa a la que uno asiste con la tiza en la mano para explicar por primera vez la relación contenido forma.

Es penoso que de un diálogo se desprenda tanta satanización e injuria alrededor de una película que probablemente ni tengamos tiempo para verla jamás, o peor aún, ni siquiera recordemos después de verla, porque nuestra memoria y afinidades estéticas tengan otras prioridades.

Si de algo estoy convencido es de que el mismísimo José Martí se sentiría abochornado ante tal censura anticipada. Una especie de muerte súbita prevista en el guión.

Me parece inmoral que una institución deudora con el Héroe Nacional Cubano, lo agarre por los pelos como punta de lanza, cuando no ha sido capaz de financiar y poner en las salas de cine del mundo la película biográfica que en verdad José Martí se merece y que sigue sin rodarse por razones que a la razón no convencen.

Imaginan ustedes un mundo en el que condenemos a Cervantes por pintar al Quijote como un loco. Que Florentino Ariza fuese adultero no quiere decir que García Márquez lo fuera. Por morir regresando de tener sexo con una amante no es menos “Padre de la Patria” Carlos Manuel de Céspedes. Por Dios. No es enfermera toda mujer vestida de blanco.

Pero “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea”, y ese comportarse aldeanamente nos pone a hacer el ridículo con frecuencia.

Detrás de toda esta estocada contra una obra que hoy ha recibido el beneficio publicitario de la censura recaen otras razones de peso. La expresión que ha hecho saltar todas las alarmas pudiera estar en la boca de miles que forman parte de una generación que es hija del reguetón, la miseria y la crisis. Miles en Cuba hoy ven a Martí como el busto solitario y sucio que está en los patios de las escuelas.

Pero esa línea en la boca de un simple personaje es un alegato de deterioro. Ninguno de quienes así piensan, si es que lo hacen, quiere ser el protagonista del recorte de un periódico que ocupe espacio en un rincón Martiano. El propio Martí resucitado tiraría de las riendas de su caballo Baconao para pisotear con sus cascos esos rincones horribles llenos de frases manipuladas en los que ha terminado su legado. El verdadero mojón es arrinconar las ideas y deteriorar las libertades. El precio de la libertad es muy alto y eso también hay que entenderlo.

Ahora salen las largas filas de los martianos confesos y hacen panfleto obviando las realidades. Aquí el verdadero mojón es la degradación moral que protagonizan dentro de Cuba varias generaciones. La acumulación de rutinas desorientadas de supuestas conquistas que han ido aplazándose.

Pero quienes esta vez le faltan el respeto a Martí son los que censuran. Si Martí hubiese sacado del juego a todos sus enemigos y detractores en Cuba jamás hubiese estallado la Segunda Guerra de Independencia. Me ahorro nombrarlos. No quiero prestarme para el juego de hacer lista con los nombres de quienes a pesar de estar en el panteón de los héroes nunca me simpatizaron.

Hay que volver a Martí siempre, a toda hora. Es la única manera. Es una deuda de honor para que como dijera el apóstol ningún hermano sea castigado más allá de sus verdaderas culpas.

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