viernes 17  de  mayo 2024
OPINIÓN

"No te conviertas nunca en una CopyGirl"

CopyGirl relata puñaladas por la espalda y la mayor falta de ética de los personajes por escalar un peldaño más dentro de una agencia. Una mezcla entre "Mad Men" y el "Diablo se viste de Prada", dice la reseña editorial
Diario las Américas | GELET MARTINEZ FRAGELA
Por GELET MARTINEZ FRAGELA

Hace unas semanas en las redes sociales comenzaron a protestar por el comercial de Pepsi con Kendall Jenner. El anuncio fue criticado por frivolizar la lucha contra el racismo, que resuelve Kendall al final dándole una lata de refresco a un policía, mientras una muchedumbre de millenials celebran frenéticos haber ganado. ¿Ganar qué? Eso, ni ellos lo saben, pero no se preocupen que como buenos millenials las pancartas seguro fueron recicladas después de las protestas, probablemente mientras se comían un bocadillo gluten free y publicaban frases del Dalai Lama en Facebook. Perdón, en Instagram que los millenials ya no usan Facebook. Inmediatamente que Pepsi vió las quejas en su contra retiró el comercial. El mundo finalmente pudo respirar tranquilo, ya nadie tendría que observar por mayor tiempo que las causas sociales son los nuevos leggins. Habría sido un buen momento para que Coca-Cola entregara un anuncio épico, pero Coca-Cola no tenía que hacer absolutamente nada para lograr lo que ya Pepsi había conseguido. En cambio, Heineken apareció un par de semanas más tarde con un anuncio épico. Los tomadores de cerveza nos sentimos orgullosos con todo y nuestras barrigas de cebada. Al final los químicos tenían razón, el alcohol es una solución, por eso los bármanes están al mismo nivel que los psicólogos o los curas.

Por alguna razón que no comprendo, porque les aseguro que soy una persona muy poco empática, comencé a preocuparme en esos días por el futuro de los creativos que habían creado la campaña de Pepsi. ¿Qué sería hoy de ellos? ¿Los habrían despedido? ¿Sus bigotes hípsters estarían intactos aún?

En esos días comenzaba a leer CopyGirl: la novela debut de Michelle Sassa y Anna Mitchael, que narra las vivencias de una redactora de publicidad en una firma de New York. La historia relata múltiples situaciones de traiciones, puñaladas por la espalda y la mayor falta de ética de los personajes por escalar un peldaño más dentro de la agencia. Una mezcla entre “Mad Men” y el “Diablo se viste de Prada”, dice la reseña editorial.

“Si crees que el mundo de la publicidad está rodeado de lujo y glamour, con sesiones de brain storming amenizadas con copas de champán y descansos para jugar con la Xbox, te equivocas. Incluso puede llegar a ser una pesadilla” –se lee en la sinopsis.

Aunque aborda el tema del sexismo en las relaciones laborales su tratamiento no es monocromático, se convierte más bien en un "homage" a muchas de esas auténticas Adwomen que lograron el éxito practicando no el victimismo sino la defensa. ¡Seguramente que además tomaban Heineken!

Desde la perspectiva de Kay, la protagonista, entramos tras bambalinas a un mundo donde la imagen correcta puede vender elaborados engaños. Michelle creó durante años campañas para marcas como Coca Cola, Reebok y New York Road Runners y aunque el telón de fondo de CopyGirl es la publicidad, no deja de ser el ego de sus personajes el elemento determinante.

Como era de esperar por la trayectoria de sus autoras la novela hace juego de su propio eslogan como en el mejor anuncio de publicidad. “No te conviertas nunca en una CopyGirl”. Su forma de decir que no seas una fotocopia de nadie, que no sigas al rebaño y seas original. Al principio de leer el eslogan me dio un poco de miedo. ¿Era esto un intento por crear invasiones masivas de hípsters? En realidad, si lo pensamos, se trata de todo lo contrario. No convertirse en una fotocopia de nadie, más que ser diferente a todos, debe ser el intento por ser simplemente… iguales a nosotros mismos.

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