Se acabó la primavera árabe en el Medio Oriente. Ya no vendrán más experimentos sociales con Twitter o Facebook. Nada de gobiernos islamistas moderados.
Vladimir Putin puso el último clavo o bala, en el ataúd de la primavera árabe en Egipto al recibir en el Kremlin al Mariscal de Campo Abdulfatah al Sisi. Prometió Putin apoyarle en su campaña presidencial y bendijo los contratos para adquirir Egipto armamento ruso. Se consolida así una nueva alianza en el Medio Oriente. n Sisi, al igual que Putin, tiene experiencia en el espionaje. De un opaco oficial de infantería pasó a dirigir la inteligencia militar y en pocos meses se ha convertido en el hombre fuerte de Egipto. No es visto en Occidente con buenos ojos por su golpe de Estado que sacó del poder a un electo mandatario. n Cautela hubo en Moscú cuando fue derrocado Hosni Mubarak y vino el experimento de un Gobierno islamista. Preferían los rusos mantener el statu quo. Nada de transformaciones sociales, pues perdían aliados como Irak y Libia. Estuvieron a punto de perderlo con Siria. n En Egipto, decidió Vladimir Putin apostar por los uniformados y envió en noviembre del 2013 a su canciller y ministro de defensa a El Cairo. Las conflictivas relaciones de los militares egipcios con Estados Unidos fue un factor determinante para la balanza del Kremlin.
Ante el distanciamiento de Occidente, Rusia tiende la mano con aviones y tanques. nY viene la cooperación estrecha entre Moscú y El Cairo, quien no recibe armas de EE UU tras el arresto del destituido presidente Morsi en julio pasado. n
En la Casa Blanca apostaron por el embargo de armamentos, enfriando una venta de aviones F-15, tanques M1A1, sistema de defensa antiaéreos y helicópteros Apaches. Rusia promete ahora armas por 2.000 millones de dólares, incluidos 24 aviones Mig-29, helicópteros Mi-28, Mi-25 y Ka-25, además de sistemas antimisiles Kornet. nAhora pronostican los expertos una mayor influencia de Moscú en la zona.