Está más que claro que el modelo económico imperante en Venezuela durante las últimas décadas requiere ser diametralmente modificado.

No se trata únicamente del modelo aplicado por el socialismo del siglo XXI, sino incluso el que le precedió que, en buena medida, también fue su causante.

Si analizamos bien ambos modelos, observaremos pasmosas semejanzas, sólo que con diferentes grados de intensidad.

Venezuela recoge hoy los frutos de haber adoptado modelos económicos basados en la idea de que sus ciudadanos son incapaces de valerse por sí mismos y, por lo tanto, el Estado debe ser benefactor, asistencialista y distribuidor de la renta minera y fiscal.

El modelo económico de un país depende, en buena medida, de la concepción de Estado que decidan asumir sus ciudadanos en su Pacto Social o Carta Magna.

En el proceso de negociación del próximo pacto social venezolano, que ya comenzó, los ciudadanos debemos efectuar propuestas y conformar grupos de presión, para evitar repetir las bases conceptuales erradas que sirvieron de premisas a los modelos económicos pro-socialistas tanto de la cuarta, como de la quinta república, que nos han condenado al estado de desorganización social como consecuencia de la incongruencia normativa o anomia, en que vivimos actualmente.

Si efectivamente queremos organizar un nuevo país bajo normas sociales distintas, hemos de considerar un grupo de premisas también nuevas y distintas, entre las que podemos proponer las siguientes:

  • Los ciudadanos son capaces de atender sus propios asuntos, bajo leyes justas y jueces autónomos.
  • Los ciudadanos han de ser los propietarios de todos los activos productivos del país.
  • Respeto absoluto a la propiedad privada y libertades políticas, civiles y económicas.
  • Respeto a la iniciativa privada.
  • Disminución de la dependencia petrolera y minera.
  • El País debe ser capaz de producir alimentos suficientes para todos sus habitantes.
  • Los servicios públicos deben ser manejados por el sector privado.
  • Los ciudadanos deben actuar en un ambiente de confianza.
  • Las funciones esenciales del Estado son Seguridad, Justicia, Salud, Educación e Infraestructura.
  • Los funcionarios públicos, todos, son empleados de los ciudadanos. No, a la inversa.
  • El Estado debe actuar con disciplina.
  • Disciplina fiscal.
  • Autonomía del Banco Central.
  • Separación y autonomía de los Poderes Públicos.
  • Control civil efectivo ejercido por una sociedad organizada y empoderada.
  • Eliminación de las fuerzas militares.
  • Creación de guardia de frontera.

Debemos entender que detrás de la ficción conceptual del Estado hay siempre un grupo de personas de carne y hueso cuya función es administrarlo y es justo ahí, en su selección, supervisión y control, donde debemos poner todo el cuidado para evitar ser timados, nuevamente.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

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