@omarestacio
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Sherlock Holmes, aterrizó procedente de Londres y sin sacudirse el polvo del camino, ni siquiera preguntar dónde quedaba la toilette de caballeros, le ordenó al chofer dirigirse, directo, a la Casa Blanca. Su infalible olfato de sabueso, se lo decía. En la vieja casona se había cometido el crimen, ahí estaba el cuerpo del delito pero, sobre todo, en sus salones o pasillos iba a tropezarse, cara a cara, con el culpable.
Todos los colaboradores del señor Presidente, directos o indirectos, seniors o subalternos – sobre todo los barberos, por su fama de conversadores- de confianza o desconfianza, parientes o no parientes, eran sospechosos. O mejor dicho: culpables, salvo prueba en contrario de haber escrito el oprobioso Op-ed publicado en el NY Times.
¿Qué otra persona, mejor que Holmes, podía garantizar investigación, imparcial, objetiva, sobre todo profesional del enojoso incidente? El FBI, la CIA, el Departamento de Justicia, han sido cuestionados por el propio Presidente. ¿Iban a investigarse a sí mismos? Ganas no faltaron de pedir la colaboración de Putin o de Kim Il-Sung, de un tiempo a acá, personas de toda la confianza. Pero Robert J. Mueller el implacable cazador de brujas pretendería sacar ventaja de tal selección. Holmes, tenía sobre los otros posibles investigadores, la ventaja de ser oriundo de país amigo - por lo menos lo era cuando Holmes murió. Por otra parte, el legendario detective, no se iba a pegar ese viaje desde “el más allá” en compañía de su inseparable Watson, por puro gusto. Si regresaba a este Mundo, era porque iba a reaparecer a lo grande.
- ¿Es cierto, general, que usted, entre amigos y con algunas copas entre pecho y espalda tildó a “La Víctima” de idiota? –el primero en ser sometido a interrogatorio por el detective fue uno de los más respetados integrantes del gabinete Presidencial.
- ¡Eso no es verdad! – respondió el interpelado en clara e inteligible voz - ¡Lo desmiento de manera categórica! Lo único que yo dije, fue que “La Víctima” es un pobre (beep-beep-beep).
Holmes, se puso de pie, dio por terminado el interrogatorio, encendió su legendaria pipa -pese a los avisos de no fumar- se despidió del general como todo un londinense y pidió ser conducido a las oficinas de su segundo investigado de la jornada.
- Buenos días, señor Fiscal. Para salir de dudas desde un comienzo ¿Es a usted a quien le dicen “El Enano”?
- Mire señor, Holmes, más enano será el ( beep-beep-beep) que me puso ese remoquete. Aún más, ese señor es un enano mental, moral, sentimental y, para colmo, según Daniela, la “Tormentosa” es también un enano del (beep-beep-beep).
- ¡Ya, ya, ya! señor Fiscal. Suficiente. Muchas gracias por su valiosa colaboración.
A la tercera ronda de preguntas y respuestas, Holmes, acudió acompañado de Watson. Mal comienzo, para dicha dupla. El entrevistado es un ultraconservador, que mira como impuras, relaciones interpersonales, diferentes a las iustae nupcias de la Roma antes de Cristo, incluidos binomios tipo, Batman y Robin, Iron Man y War Machine, Tarzan y la Mona Chita, Barbra Streinsand y Donna Summer, (cuando cantaron a dúo “No more tears”, Enough is Enough).
1ª Pregunta: ¿Responda si usted sabe que, conforme a la Constitución de los Estados Unidos de América, las faltas absolutas del Presidente las suple el Vicepresidente?
Respuesta: ¿Constitución de dónde? ¿Qué es eso? ¿Dónde me compro una? ¿Y después con qué me la como?
2ª Pregunta: ¿Diga, si la única persona que emplea la palabra “lodestar” en artículos de prensa es usted?
Respuesta: Esos no los escribo, yo. Los escribe mi secretaria.
3ª Pregunta: ¿A qué dirección específica, cuándo y qué fue a hacer, en su visita más reciente, a la Gran Manzana?
Respuesta: Eso fue dos días antes de la publicación del Op-ed. Aquella mañana amanecí con antojos de comer pizzas. Así que me prestaron el US ONE, para ir a un fast food italiano que queda ¡qué casualidad! al lado del NY Times.
- ¡Por fin! - exclamó Holmes eufórico - ¡Ya lo tengo! El culpable del Op-ed es ¡Donald J. Trump!
- ¿Donald J. Trump? ¡Increíble! ¿Y cómo lo descubrió Sr. Holmes? -Watson con la pregunta de siempre.
- Elemental, mi querido Watson. Lo sé porque de un tiempo a esta parte, Mr. Trump, es el único culpable de toda vaina que ocurre en los Estados Unidos.
Dicho lo anterior, el legendario detective agarró su sombrero, su pumpá y emprendió regreso al más allá, escoltado por Watson.
