Fidel Castro nació en Birán, Cuba, el 13 de agosto de 1926. A medida que se acerca el centenario de su nacimiento, sus apologistas están reciclando mentiras y mitos para ensalzar su régimen dictatorial. El verdadero historial es uno de represión sistemática, ruina económica y decenas de miles de cubanos muertos.
Demasiadas personas lo han convertido en el rostro de Cuba. Esto es un error.
Celia Cruz, nacida en La Habana, Cuba, el 21 de octubre de 1925, ofrece una alternativa mucho mejor. Celia, una artista icónica, encarnó una cubanía sin complejos: orgullo, ritmo, rechazo al racismo y autonomía personal.
La voz de Celia llegó al mundo; la de Fidel silenció a miles.
Su centenario en 2025 dio lugar a homenajes y nuevas interpretaciones de sus canciones. El de Castro traerá propaganda estatal que todavía exige lealtad mientras los cubanos lo arriesgan todo para marcharse.
Millones de integrantes de la diáspora cubana lo saben mejor que nadie. Debemos rechazar el intento de rehabilitar a un déspota y honrar, en cambio, a Celia Cruz, una gran artista cubana.
El ascenso de Castro combinó el teatro revolucionario con un oportunismo despiadado. Tras tomar el poder en 1959, comenzaron a operar los pelotones de fusilamiento en La Cabaña bajo el mando del Che Guevara. Los juicios duraban minutos; las apelaciones eran denegadas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos documentó disparos contra cubanos de zonas rurales durante el toque de queda, el ametrallamiento de solicitantes de asilo dentro de embajadas extranjeras y la extracción de sangre de los condenados antes de su ejecución. El libro negro del comunismo estima que entre 15.000 y 17.000 personas fueron fusiladas entre 1959 y finales de la década de 1990.
El minucioso estudio del historiador R. J. Rummel sobre el democidio —el asesinato de personas por su propio gobierno— arrojó una estimación mediana de 73.000 muertes bajo la dictadura de Fidel Castro. La cifra mediana de 73.000 constituye un estimado conservador. Este total incluye ejecuciones, muertes en prisiones políticas y dependencias de la Seguridad del Estado, asesinatos de rebeldes del Escambray y las numerosas personas que se ahogaron o fueron abatidas a tiros mientras huían por mar.
El alzamiento del Escambray (1959-1966) fue aplastado por Castro con asesores soviéticos, el traslado forzoso masivo de cubanos de zonas rurales a campamentos y la muerte de miles de personas calificadas de “bandidos”.
Los vecinos se convirtieron en informantes a través de los Comités de Defensa de la Revolución. Abandonar la isla era tratado como traición.
Los balseros se enfrentaban a francotiradores, granadas y minas; los estimados sobre quienes murieron intentando escapar ascienden a decenas de miles. Las prisiones políticas albergaron a decenas de miles de personas a lo largo de las décadas. Después de las protestas de 2021, cientos más fueron detenidos arbitrariamente.
Antes de 1959, Cuba figuraba entre los países líderes de América Latina en PIB per cápita, alfabetización y mortalidad infantil. La planificación centralizada de Castro produjo una escasez permanente, un sistema de doble moneda que afianzó la desigualdad y una dependencia de los subsidios soviéticos cuyo colapso desembocó en el hambre del Período Especial. Los mejores talentos huyeron. Quienes se quedaron vivieron bajo un Estado policial más exhaustivo y duradero que la dictadura a la que sustituyó.
El poder pasó dinásticamente a su hermano Raúl en 2006.
Cada fracaso fue atribuido al “bloqueo”, mientras la élite vivía bien.
Celia Cruz es la antítesis del dictador cubano, y pagó un alto precio por su integridad.
Ya era una estrella con la Sonora Matancera cuando se negó a rendir pleitesía al nuevo hombre fuerte. Cuando Fidel Castro se apareció en una actuación de Celia en 1960, ella dijo que la habían contratado para cantar junto al piano y que él podía acercarse a ella si quería estar más cerca de ella. Salió de Cuba en julio de ese año para seguir siendo una artista libre.
El régimen le impidió ver a su madre moribunda en 1962 y asistir al funeral. Su música fue prohibida en la isla durante el resto de su vida y continúa en gran medida prohibida hoy. En 1990 actuó únicamente en territorio bajo control estadounidense en Guantánamo y recogió tierra cubana que posteriormente fue colocada en su tumba.
El gobierno de Castro clausuró las sociedades negras independientes, declaró que el racismo estaba “resuelto” y castigó a quienes señalaban lo contrario. La pobreza y el encarcelamiento siguen afectando con mayor dureza a los cubanos negros.
Celia Cruz dijo una vez: “Perdonar no es olvidar. Perdonar es recordar sin dolor”. La verdad y la memoria son esenciales para la reconciliación nacional. La Reina de la Salsa comprendió plenamente esto, junto con la indispensable exigencia de justicia. “Los presos políticos son héroes. Ellos son quienes verdaderamente luchan por una Cuba libre”, declaró en 2003.
Las personas de buena voluntad deberían conmemorar este centenario rechazando cualquier intento de rehabilitar al dictador y celebrando, en cambio, a la artista que se negó a doblegarse. Honren a Celia Cruz. Olvídense de Fidel.
John Suárez es activista de derechos humanos, director ejecutivo del Center for a Free Cuba y exoficial de programas para América Latina de Freedom House.
John Suarez
Director Ejecutivo
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