Venezuela ha sido convertida en el centro del crimen organizado trasnacional, desde donde el régimen de Cuba opera conspiración, narcotráfico, terrorismo y una larga lista de delitos para desestabilizar países, derrocar gobiernos y líderes democráticos.

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Venezuela es un país ocupado y su pueblo está sometido por la fuerza y la violencia de un régimen usurpador. La ocupación del país es amenaza y agresión efectiva contra las Américas y el mundo, afecta la seguridad nacional de todos los estados democráticos que por interés propio deben implementar acciones efectivas para liberar a Venezuela.

Desde hace años, Venezuela ha dejado de ser un problema de venezolanos para convertirse en otro latinoamericano, regional y mundial. Lo que empezó con la sociedad entre Hugo Chávez y Fidel Castro, el único tirano y Cuba, la única dictadura que existían en la región en 1999, ha llevado a que el siglo XXI en las Américas sea hoy la historia de expansión y ejercicio de poder de un grupo de delincuencia organizada que usa la política como coartada, eso es hoy el “castrochavismo”.

El régimen cubano siempre utilizó la cobertura de “revolución”, de “izquierda” y de “antiimperialista” para disfrazar los crímenes más atroces contra la humanidad. Desde 1959 violaron todos los derechos humanos con fusilamientos, torturas, encarcelamientos, exilio y el sometimiento absoluto del pueblo al que le cambiaron los valores y la identidad en base a la violencia y la extorsión fundada en las necesidades que el mismo régimen produce. Rápidamente violaron los derechos de los pueblos de otros estados con guerrillas, terrorismo, invasiones e intervenciones. En breve dirigieron y ejecutaron delitos de secuestro, extorsión, narcotráfico, golpes de estado y más. Lo que pasa hoy en y desde Venezuela no es nada nuevo.

La muerte de Hugo Chávez fue muy beneficiosa para los Castro, pues dio el control total de la organización a Cuba. En la sucesión a Chávez disputaron el castrismo representado por Nicolás Maduro y el chavismo liderado por Diosdado Cabello, y obviamente Cuba impuso su dictador.

Si recordamos el concepto de “amenaza” como “el delito que consiste en intimidar a alguien con el anuncio de la provocación de un mal grave….”, veremos que el régimen usurpador de Venezuela no es solo amenaza, es agresión con acciones criminales efectivas. El régimen de Venezuela es un agresor e interventor en el marco de las definiciones de la ONU sobre paz y seguridad internacional, como lo prueba el soporte que ofrece al rearme de las FARC, su complicidad con el ELN y con los crímenes que cometen contra la soberanía y el pueblo de Colombia, la desestabilización con el apoyo a “grupos y políticos afines”, las sostenidas acciones de “asesinato de reputación” a líderes democráticos y más.

El régimen castrochavista de Venezuela es también operador de sediciones, conspiraciones y acciones de desestabilización y derrocamiento de gobiernos democráticos. Anuncia públicamente sus crímenes utilizando -entre otros- el “Foro de Sao Paolo” para ejecutar la confesada “brisita bolivariana” luego de producir el fallido golpe de estado contra el presidente Lenín Moreno en Ecuador en octubre de 2019, intervenir en la desestabilización de Chile, en la abierta conspiración en Brasil….operaciones que hoy continúa y ha ampliado a Bolivia y otros países.

Desde la Venezuela ocupada se cometen toda la gama de delitos del narcotráfico con la cocaína de las FARC, ELN, otras organizaciones criminales de Colombia, la de Evo Morales de Bolivia y con carteles de México. Autores de la trama de corrupción “lava jato” que con empresas brasileras como Odebrecht se encubren hasta ahora en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Argentina y otros países. Lavan dinero, pagan costosos lobistas, secuestran, asesinan, torturan, tienen presos políticos, han exiliado a millones y lo hacen con apariencia de “gobierno” cuando en verdad son una mafia.

La Venezuela usurpada es plataforma de penetración y expansión de China, Irán, Rusia con fines antidemocráticos en la región. Desde la misma Venezuela usurpada se han realizado financiamientos criminosos para formar y sostener grupos políticos en Europa, probados en España, Italia, Grecia y más.

Que Venezuela recupere su libertad y democracia es necesidad e interés urgente e inmediato de la comunidad internacional. Una de las formas de hacerlo es empoderar al presidente Juan Guaidó para que solicite -bajo su mando y responsabilidad- la conformación de una fuerza multinacional para cesar la usurpación, la “amenaza creíble”. Aceptar elecciones con participación del régimen es solo reconocer condición de actor político al crimen organizado.

*Abogado y politólogo
Director del Interamerican Institute for Democracy

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