“Pekín Biden” empieza a sonar como un apodo apropiado. No, no me refiero a Hunter, sino al propio “jefe”.

El presidente Joe Biden adoptó un tono duro con China durante su primer discurso ante el Congreso. Sacando pecho, Biden presumió que le dijo al dictador marxista de China que EEUU “defenderá los intereses de EEUU en todos los ámbitos”. Pero 15 meses después, queda cada vez más claro que las políticas del presidente están ayudando a Beijing mucho más que a Scranton, incluso cuando China amenaza al presidente de la Cámara de Representantes de EEUU con la fuerza militar.

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Basta con mirar lo que está sucediendo esta semana.

Con la bendición de Biden, los demócratas en el senado de EEUU votarán para otorgar exenciones fiscales masivas a baterías eléctricas, paneles solares y turbinas eólicas fabricadas en China. Los impuestos son parte de la llamada “Ley de Reducción de la Inflación” de los demócratas, un despilfarro de 725 páginas que aumentará los impuestos en cientos de miles de millones de dólares en medio de una recesión que ellos mismos crearon.

También “recargará” el Green New Deal de la administración Biden con $369 mil millones de dólares de impuestos de los contribuyentes de EEUU. Aparentemente, “descarbonizar todos los sectores de la economía” es costoso.

Algunas de las disposiciones más notables de la legislación incluyen créditos fiscales al consumidor para paneles de energía solar en los techos, créditos fiscales de $7.500 dólares para vehículos eléctricos nuevos y otros incentivos similares. ¿Qué tienen todas estas cosas en común? En una sola palabra, China. El régimen comunista de Pekín produce más del 80% del polisilicio de grado solar del mundo y el 76% de la producción mundial de baterías eléctricas.

En otras palabras, los demócratas creen que EEUU no puede volverse eco-responsable sin Pekín. Y el dominio de China en estas industrias claves significa que las empresas chinas, no las empresas americanas, se beneficiarán de los nuevos incentivos. Además, el plan en realidad aumenta los impuestos a los fabricantes estadounidenses en más de $150 mil millones de dólares.

¿Por qué el presidente Biden haría esto?

Es una buena pregunta. Después de todo, él hizo campaña sobre el uso de "todo el poder del gobierno federal para reforzar la fuerza industrial y tecnológica de EEUU y garantizar que el futuro sea 'hecho en todo EEUU' por todos los trabajadores americanos".

La verdad es que el presidente Biden, o las personas que realmente dirigen su administración, creen que el mundo se está derritiendo. “El cambio climático es literalmente un peligro claro y presente”, dijo el presidente el mes pasado mientras estaba frente a una planta de carbón cerrada. Él realmente cree que es una "amenaza existencial". Y algunos demócratas electos incluso piensan que “el mundo se acabará” el 2030.

Si usted opina que la humanidad está al borde de la extinción, supongo que tendrá sentido que enviemos un montón de dinero a Pekín en un intento milagroso para poder salvar el planeta de la destrucción. Pero para usar una frase famosa, eso es pura tontería. Incluso los modelos de calentamiento más agresivos no justifican tal alarmismo.

Pero esto no se trata de "la ciencia". Se ha convertido en parte de la religión marxista de la izquierda estadounidense moderna, al igual que el uso de triple mascarillas y la promulgación de cirugías transgénero para adolescentes.

Tampoco es la primera vez que vemos a Biden anteponer las prioridades climáticas sobre los intereses económicos y de seguridad nacional de EEUU. En el otoño pasado, la Administración Biden presionó discretamente en contra de mi proyecto de ley para prohibir la importación de productos fabricados con la mano de obra esclava de inocentes en China.

Los estadounidenses nunca deberían beneficiarse del trabajo forzado de otros. Es inmoral y antiamericano. Es por eso que lideré el esfuerzo para evitar que el Partido Comunista Chino (PCCh) utilice mano de obra esclava para atraer industrias y empleos fuera de EEUU.

En lugar de unirse a estos esfuerzos, el equipo de Biden luchó contra ellos. Como reportó The Dispatch, "altos funcionarios de Biden estaban preocupados que la prohibición de productos de Xinjiang perjudicara los objetivos climáticos de EEUU". ¿Por qué se preocuparían? Esto vuelve al tema del dominio de China en estas llamadas tecnologías eco-responsables. China utiliza mano de obra esclava para producir polisilicio, el ingrediente esencial de los paneles solares.

Pasaron meses de vergüenza pública antes que el presidente Biden finalmente señalara que promulgaría mi proyecto de ley. Pero la única razón por la que la vergüenza pública funcionó fue porque estábamos tratando con personas que literalmente son esclavos de Pekín. Cuando se trata de intereses corporativos, geopolítica y alarmismo climático, Joe Biden no tiene vergüenza.

La semana pasada, el Congreso aprobó un proyecto de ley de $280 mil millones supuestamente destinados a contrarrestar los crecientes avances tecnológicos de China. El principal interés de las corporaciones estadounidenses eran los miles de millones en subsidios para aumentar la producción de semiconductores aquí en EEUU. Ese es un objetivo que apoyo, pero el proyecto de ley en sí estaba plagado de lagunas que beneficiarán a China.

Las empresas que reciben enormes subsidios de los contribuyentes aún podrán expandir la producción de chips de alta tecnología en China, siempre que reciban una exención del Departamento de Comercio de Biden, el cual es amigo de Pekín. Si el objetivo es construir más en EEUU, deberíamos usar todas las herramientas disponibles, incluyendo las decenas de miles de millones que van a estas empresas, para sacar la producción de China.

Además, esta nueva legislación no hace nada para acabar con el espionaje de China y el robo de propiedad intelectual por parte de Pekín en EEUU. De hecho, el proyecto de ley permite que sigan existiendo lagunas para que las empresas chinas puedan recoger legalmente los productos de esta nueva inversión de los contribuyentes.

Pekín es la mayor amenaza que enfrenta EEUU y Biden está dormido al volante. Ya sea por debilidad, incompetencia, prioridades fuera de lugar o todo lo anterior, EEUU está perdiendo. El dinero de sus impuestos va a Pekín, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo. Eso significa que algunos tipos en China y Wall Street se están enriqueciendo a costa suya, y todos los demócratas en Washington D.C. están de acuerdo con ese plan.

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