sábado 21  de  febrero 2026
Análisis

Petro, el vocero de Maduro en la ONU

El Departamento de Estado de Estados Unidos fue contundente, la relación con Colombia no se mide por el capricho de un mandatario de turno

Diario las Américas | Sofy Casas
Por Sofy Casas

El discurso de Gustavo Petro en la Asamblea General de la ONU fue un monumento a la mentira, a la victimización y a la complicidad con las dictaduras más oscuras de la región. No habló como presidente: de Colombia: habló como un vocero más de la narco-dictadura de Nicolás Maduro y del castrismo cubano.

Se atrevió a decir que su gobierno es el que más ha combatido el narcotráfico. Nada más alejado de la realidad. Los datos de Naciones Unidas son contundentes: Uribe entregó el país con cerca de 44 mil hectáreas de coca; Santos logró disparar los cultivos con el proceso de paz; Duque, con todas sus limitaciones, logró erradicaciones forzadas récord, con más de 130 mil hectáreas en 2020, aunque terminó su mandato con 230 mil. Y llega Petro, su primer año marca el récord histórico de 253 mil hectáreas, un aumento del 53 % en la producción potencial de cocaína y la erradicación reducida a migajas. No hay fumigación, no hay lucha, no hay estrategia. Hoy se calcula que en el país hay entre 300 mil y 320 mil hectáreas de coca.

En un acto de provocación calculada, con cinismo absoluto, Petro llegó a la ONU a exigir que se investigue penalmente a Donald Trump por supuestos ataques en el Caribe donde, según él, murieron jóvenes inocentes señalados como narcotraficantes. Lo dice el mismo que blanquea al ELN y guarda silencio frente a los crímenes de sus dictaduras amigas en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Es el colmo de la complicidad, quien protege terroristas en casa pretende dar lecciones de justicia en el exterior.

Lo más indignante fue escuchar cómo minimizó al Tren de Aragua, la banda criminal que aterroriza a medio continente, ya reconocida como terrorista por Estados Unidos. Petro los redujo a “delincuentes comunes”. Eso no es ignorancia: es complicidad. Coincide palabra por palabra con el discurso de Maduro, que quiere borrar toda evidencia de que su régimen ampara a estos grupos.

El cuadro es claro, un gobernante descertificado —Colombia no fue quien recibió ese revés por sus pésimos resultados en la lucha antidrogas, fue usted, señor Petro—. Aislado, hablando en un recinto vacío, mintiéndole a su país, agradeciendo a dictadores, atacando a democracias y blanqueando a organizaciones criminales. No representa a Colombia: representa los intereses de quienes viven del narcotráfico.

Ese es el verdadero saldo de su intervención en la ONU: un presidente sin credibilidad internacional, señalado por sus propios fracasos, que prefiere victimizarse y culpar a otros antes que asumir su responsabilidad. Un mandatario que agradece a Cuba y Venezuela como supuestos sembradores de paz, cuando en realidad son regímenes que roban elecciones, persiguen opositores, encarcelan periodistas, protegen a narcotraficantes y obligan al exilio a todo aquel que se atreve a contradecirlos.

En vez de levantar la voz contra las dictaduras, Petro las legitima. En vez de defender a Colombia, la entrega al aislamiento. Y en vez de enfrentar al narcotráfico, lo minimiza y lo legitima con discursos complacientes. Esa es la tragedia: en la ONU, Colombia no tuvo un presidente defendiendo su dignidad, tuvo un vocero de las mafias y de los tiranos que viven del narcotráfico.

El Departamento de Estado de Estados Unidos fue contundente, la relación con Colombia no se mide por el capricho de un mandatario de turno. Al señalar que “el presidente Petro no es igual al país que lidera”, Washington dejó en evidencia que las dudas sobre su liderazgo no empañan los más de dos siglos de cooperación bilateral. El mensaje es demoledor al decir que la alianza con Estados Unidos trasciende a Petro y lo deja aislado frente a un país que, pese a sus discursos y errores, mantiene intactos sus lazos históricos y estratégicos con la mayor potencia del mundo.

La pregunta clave es si Petro pretendía forzar una ruptura con Estados Unidos para revivir la vieja narrativa del enemigo exterior, victimizarse y preparar el terreno para una desestabilización que le permita aplazar las elecciones de 2026. El mensaje de Washington lo descarta con contundencia al afirmar que “el presidente Petro no es igual al país que lidera”. Además, deja claro que EE.UU. ya apuesta por un relevo político en Colombia, un recambio que se confirmará en mayo de 2026, cuando las urnas sepulten su experimento fallido y legitimen un nuevo gobierno alineado con intereses estratégicos internacionales para sacar a Colombia del hoyo oscuro en que la metieron.

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