Quienes en Venezuela quieran pensar, que luego de que se logre expulsar a la tiranía usurpadora del poder, la sociedad civil va a permitir que las nuevas élites políticas propongan cambios gatopardianos, que pretendan cambiar todo para que nada cambie, no solamente estarían cometiendo un error garrafal, sino que además estarían arriesgando lo poco que les pueda quedar de capital político.

Esta nueva gesta libertadora que los venezolanos han venido luchando contra el régimen socialista/comunista durante las pasadas dos décadas, les ha dejado claras lecciones en torno al tipo de Estado y de Gobierno que nunca más quieren tener.

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Venezuela no necesita, ni le conviene, volver a tener un Estado tan grande, omnipresente, hipertrofiado, ni un Gobierno todopoderoso, presidencialista y centralista como los que hasta ahora ha tenido. “Gobierna mejor quien gobierna menos” (Lao-Tse - Siglo VI a.C.)

El Estado venezolano y su Gobierno, a partir de la recuperación de la libertad y la democracia, deberían dedicarse exclusivamente a garantizar la seguridad, justicia, educación, salud e infraestructura para los venezolanos y aquéllos que residan legalmente el país.

De nada servirá a los venezolanos el que el Estado siga siendo propietario de medios de producción.

Por una parte, los gobernantes, deslumbrados con las rentas y presupuestos de las empresas de Estado, terminarían nuevamente sucumbiendo a la tentación de corromperse y descuidando la necesaria atención de sus funciones primordiales, las de carácter verdaderamente públicas.

Pero es que, por otra parte, igualmente grave, el Estado terminaría, de nuevo, compitiendo deslealmente con sus propios ciudadanos en la función de producción de bienes y servicios, que por naturaleza a estos corresponde y en lo que han demostrado ser inmensamente más eficientes.

Los consumidores ya saben que, cuando el Estado se dedica a la producción de bienes y servicios, hay que pagar más por peores, menos variados y más escasos productos y servicios.

La propiedad privada es la única institución capaz de garantizar la constante producción y comercialización de bienes y servicios, para atender las necesidades de la población en cantidad suficiente, buena calidad y precio razonable.

Luego de dos décadas continuas de ataques contra la propiedad privada, los inversionistas únicamente regresarán a Venezuela si el Estado envía una meridianamente clara señal de respeto absoluto a la propiedad privada.

La mejor manera de hacerlo sería dejando de competir como empresario y transfiriendo todos los activos productivos en manos del Estado a un ente (i.e. Fondo Noruego) que administre profesionalmente tales activos, no controlado por el Gobierno sino bajo la supervisión de la sociedad civil organizada.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

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