Las últimas acciones de Estados Unidos indican que se está deshaciendo rápidamente de sus antiguas alianzas, provocando un cambio radical del juego comercial, mientras los países castigados con aranceles de importación evalúan su futuro económico.
Las políticas arancelarias de Trump están alterando el panorama económico global, generando incertidumbre y tensiones con aliados y competidores comerciales
Las últimas acciones de Estados Unidos indican que se está deshaciendo rápidamente de sus antiguas alianzas, provocando un cambio radical del juego comercial, mientras los países castigados con aranceles de importación evalúan su futuro económico.
Cuando anunció las cargas tributarias globales, el presidente Donald Trump prometió generar un auge económico en el país e instó a las empresas a ser pacientes.
Sin embargo, a corto plazo, el drástico anuncio de “Día de la Liberación” ha generado alarma, confusión e inestabilidad económica alimentando los temores de una recesión mundial.
Si bien el último reporte de la oficina de Estadísticas Laborales señala que “la economía estadounidense agregó 228.000 empleos en marzo” el mercado laboral presenta un panorama mixto: hay muchas vacantes, pero las tasas de contratación han disminuido, mientras el Gobierno Federal y las empresas privadas continúan reduciendo su personal.
Muchos republicanos de ambas cámaras del Congreso parecen confiar en la estrategia arancelaria del mandatario, aunque, Trump ha admitido que será doloroso por un par de años y muchos congresistas tendrán que enfrentarse a sus votantes en 2026.
Así que existe la posibilidad de que incluso los partidarios más fieles de Trump comiencen a preocuparse por la economía si la política arancelaria genera una reacción negativa nacional y mundial.
Entre los más afectados están China y la Unión Europea que han anunciado que impondrán aranceles de represalia a los productos estadounidenses.
China anunció aranceles del 34% a las importaciones estadounidenses, la misma cifra que Trump anunció para todas las importaciones chinas a Estados Unidos.
Además de la guerra arancelaria, La Casa Blanca ha sido dura con sus aliados en otros ámbitos, pasándoles enteramente la responsabilidad de apoyar a Ucrania contra Rusia.
Los aliados de la OTAN están preocupados de que Trump se desentienda de lo que hasta ahora fueron los compromisos ligados a su liderazgo.
Trump ha declarado que anticipa una era dorada para Estados Unidos, pero podría ser a expensas de los aliados que han confiado en él como socio comercial y de seguridad durante más de 70 años.
La conmoción experimentada por el mercado bursátil, por la guerra arancelaria, que ha sufrido las mayores caídas desde la pandemia de COVID-19, podría causar daños duraderos, según los más escépticos.
No obstante, si bien la economía y el mercado de valores están vinculados, la bolsa es un indicador oficial de la economía. Pero habla de la confianza de los inversionistas y sus expectativas a futuro.
El tema de la reducción de la deuda estadounidense es el motivo principal de los cambios.
“Hace poco más de una década, China era el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense, con aproximadamente 1,3 billones de dólares en bonos del Tesoro. Pero esta cifra ha ido cayendo de manera constante hasta situarse actualmente en los 759 billones de dólares. La razón principal de este desposeimiento es de interés geopolítico pues dada la rivalidad entre China y Estados Unidos, no resulta lógico que el gigante asiático financie directamente a su principal adversario estratégico”, según la firma de inversiones Asset Managers.
Buscando evitar una dependencia excesiva del dólar y reducir el riesgo de que sus activos sean congelados en el futuro, como sucedió con Rusia luego de las sanciones implementadas por Washington luego de la invasión a Ucrania, el Banco Central chino está diversificando sus reservas internacionales, acumulando oro como reserva de valor, convirtiéndose en el mayor comprador de oro del mundo en los últimos 3 años.
Trump por su parte, pareciera buscar una depreciación del dólar para abaratar las exportaciones estadounidenses mientras busca impulsar a la industria manufacturera estadounidense, obligando a las empresas que antes dependían de productos baratos de China, a comprar “Hecho en América” y solo todo sale bien, más manufactura, más empleos y una economía más fuerte.
Entre tanto, la visión de Trump de una economía floreciente y una reducción significativa del costo de la vida, parece todavía un sueño lejano.

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