Desde que surgieron las primeras democracias en el mundo, las encuestas de opinión adquirieron importancia, pues los líderes políticos deseaban saber las preferencias de su electorado.

Mucho más tarde, la llegada de Internet facilitó los procedimientos, pero al principio la publicación en la prensa o la organización de asambleas populares eran las vías para conocer opiniones.

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El pionero de los medios fue el periódico Harrisburg Pennsylvanian, que en 1924 publicó una encuesta en Wilmington, Delaware, para saber qué pensaban los votantes, que en esa época solo incluían a terratenientes blancos de género masculino.

Desde entonces, ha habido una evolución significativa de estos sondeos, como sostiene un estudio realizado por el profesor D.S. Hillygus, de la Universidad de Duke.

“Durante décadas, las encuestas se realizaron típicamente por teléfono, utilizando entrevistadores en vivo, en nombre de organizaciones de medios o candidatos políticos. Hoy en día, las encuestas de Internet y las encuestas de IVR son cada vez más comunes, y las encuestas a menudo las inician encuestadoras que las realizan no para un cliente, sino para la autopromoción (Blumenthal 2005). La difusión de los números de los sondeos también ha cambiado, y muchas encuestas ahora se informan directamente en blogs y sitios web de encuestas en lugar de los medios tradicionales. Los periodistas ya no son los guardianes formales que determinan si una encuesta dada es de suficiente calidad e interés para merecer la atención del público”.

La mayoría de las encuestas se inspiran en el método Gallup, inventado accidentalmente por el matemático y periodista estadounidense George Gallup, quien se valía del muestreo de un grupo de personas promedio, seleccionado al azar.

La primera encuesta Gallup en 1932 predijo correctamente una elección local en Iowa.

Cuatro años más tarde, Gallup se opuso a una encuesta realizada por el Literary Digest, que sugería que el gobernador de Kansas, Alf Landon, rival de Franklin D. Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1936, ganaría. Gallup tuvo razón pues Roosevelt ganó las elecciones.

Sin embargo, Gallup no siempre acertó. En 1948, predijo que Harry S. Truman perdería ante Thomas Dewey, pero Truman ganó.

Ahora cuando estamos a días de unas nuevas elecciones presidenciales, es casi seguro que los 230 millones de personas elegibles para votar en el país ya tomaron su decisión, pero ¿podría haber espacio todavía para un cambio de opinión?

Recientemente, el experto en sondeos electorales Robert Cahaly, quien predijo acertadamente el resultado presidencial de 2016, afirmó que había votantes ocultos que apoyaban al presidente Donald Trump, pero que no habían sido tomados en cuenta por todas las empresas encuestadoras.

Cahaly advirtió que las cifras eran tan significativas que podrían marcar la diferencia para una victoria de Trump.

Su predicción contrasta con la mayoría de las encuestas que favorecen al candidato demócrata, Joe Biden.

¿Quién tiene la razón? Las elecciones pasadas demostraron que las encuestas a menudo se equivocan. Este fue el caso en 2016 cuando Trump sacudió a los demócratas al vencer a su candidata Hillary Clinton en votos del Colegio Electoral, aunque esta ganó el llamado voto popular.

Cierto es que hay dos candidatos de visión y estilo de liderazgo tan opuestos, que seguramente la gran mayoría de votantes ya hizo su elección.

Podría haber cambios de bando de última hora, pero no parecen relevantes para el resultado.

A estas alturas, es difícil que una situación o escándalo, nacional o extranjero, pueda influir en los votantes, sabiendo de antemano que no habrá ni vacuna contra el coronavirus ni paquete de estímulo antes de los comicios.

Hay expectativas de que Estados Unidos y Rusia firmen una prórroga al tratado de reducción de armas nucleares, cuya vigencia finaliza en febrero próximo, pero un acuerdo temporal con Moscú, aunque bienvenido, es poco probable que determine al ganador de la Casa Blanca.

Más de 50 millones de personas ya han votado. Una cifra significativamente más alta que en 2016 a esta fecha, lo cual indica que los indecisos no son tantos.

En ese entonces, muchas personas que podrían haber votado por los demócratas cambiaron de opinión en las últimas semanas porque no querían que Hillary Clinton se convirtiera en presidenta y prefirieron apostar por Trump.

Digan lo que digan las encuestas, sobre el resultado del 3 de noviembre, solo esperemos que se produzca un claro ganador.

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