¿Cómo es posible que hoy en día los tabacos cubanos no se puedan comparar a los dominicanos, a los hondureños o a los nicaragüenses?

En la isla cautiva la oprobiosa dictadura se ha encargado de destruirlo todo, incluyendo la industria tabacalera. Y otro ejemplo de lo que ha sido capaz el sistema es que en un país con una de las industrias azucareras más grandes del mundo y donde existían fábricas de azúcar prácticamente en cada pueblo, en la actualidad han desaparecido casi en su totalidad y por ende, en los últimos años han estado comprando azúcar en el extranjero.

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Otro caso es que en una isla rodeada de mares repletos de peces exquisitos y mariscos de primera calidad, la mayoría de los jóvenes en Cuba no han visto una langosta o un camarón en todas sus vidas, y el pescado brilla por su ausencia; es deprimente solo pensar en esto.

Los tabacos cubanos han perdido esa calidad que los llevó a la fama mundial por ser los predilectos de los verdaderos conocedores.

Les cuento que nací y crecí en Pinar del Río, la zona tabacalera de la isla por excelencia, e incluso algunos en mi familia trabajaron en las fábricas de tabacos, o sea, que conozco de primera mano el proceso de cómo hacer un buen tabaco.

En los últimos años he tenido la oportunidad de visitar en innumerables ocasiones las fábricas de los tabacos "Arturo Fuente" en la República Dominicana y he podido adentrarme mucho más en el proceso de la manufactura y el riguroso control de calidad a la hora de hacer un tabaco.

Empecé a fumar (no cigarrillos) tabacos desde los 14 años y aprendí a disfrutar los hechos en Cuba, que no tenían competencia en ningún otro país o fabricante.

Hacer un buen tabaco es un arte que conlleva dedicación, esmero y amor por hacer algo extraordinario; y la apatía y el desinterés de los tabaqueros por no tener ningún incentivo, además de la falta de pasión por lo que hacen, ha conllevado al desastre de la industria tabacalera en Cuba.

Ya no existe la maestría en la manufactura y el deseo de satisfacer a los más exigentes.

Para crear un tabaco que llene las exigencias de los conocedores es imprescindible respetar todo lo que conlleva el proceso, desde el principio hasta el final; que son desde la siembra, los fertilizantes adecuados, cubrir los campos de sembrado de "capa", escoger las mejores hojas para cada parte del tabaco y sobre todo el proceso de añejamiento. A esto debemos agregar el esmero que requiere el proceso final en la fabricación del tabaco y un estricto control de calidad. Nada de esto se cumple y a eso se debe el descalabro de la industria tabacalera en Cuba.

Duele tener que reconocerlo.

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