Mientras exista algún ciudadano que manifieste rebeldía, aunque sea un sutil suspiro, las tiranías tendrán el sol a sus espaldas.

Los venezolanos tenemos 21 años derrotando al socialismo del siglo XXI, que pretendió, sin éxito, implantar en la cabeza de los ciudadanos un régimen basado en la falsa premisa de que ser rico es malo y que aún se mantiene en el poder gracias a una diabólica mezcla de terror con corrupción, que ha mantenido neutralizada a la disidencia. Decía Mahatma Gandhi que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.

Te puede interesar

En Venezuela, prácticamente todas las personas llamadas a proteger a la sociedad ante el abuso de la autoridad han sido corrompidas, judicializadas, asesinadas, desaparecidas, exiliadas o inhabilitadas.

No obstante, la sociedad civil ha salido a las calles una y otra vez (2014, 2017 y 2019) a exigir el cese la usurpación, con una férrea decisión de que va a luchar por todos los medios, sin allanar el camino al régimen, hasta lograr la tan ansiada libertad.

A la dirigencia política venezolana le ha faltado interpretar la madurez democrática que ha adquirido la sociedad civil. Esta sociedad civil ha puesto sangre, sudor y lágrimas durante las últimas dos décadas y exige una nueva manera de relacionarse con el Estado y con el sector político. El populismo y el mesianismo han de quedar relegados para siempre a la historia política venezolana.

Durante los últimos años se ha observado una traslación de la tradicional confrontación gobierno-oposición, hacía una nueva narrativa, evolucionada si se quiere, entre la sociedad civil organizada y los integrantes del sector político, bajo la convicción de que estos son empleados de aquella y como tales deben servirle, rendirle cuenta y someterse a su control.

A partir del 16 de noviembre, la sociedad venezolana volvió a tomar la calle, con el fin de exigir a los integrantes del sector político, a todos ellos, que cese la usurpación.

En una gesta efectiva y memorable, en días pasados vimos con regocijo como la sociedad civil boliviana, sus fuerzas armadas y policiales dieron una lección de coraje exigiendo y logrando la renuncia del dictador Evo Morales, otro nefasto miembro del club del Foro de Sao Paulo.

La sociedad civil venezolana exige poder manifestarse libremente y espera que la dirigencia política, militar y policial entienda el claro mensaje que está queriendo transmitir. Cese de la usurpación primero, que después vendrá lo demás.

Que la calle no calle.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

DLA Clasificados

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Está de acuerdo con la decisión de Trump de imponer aranceles al aluminio y al acero provenientes de Brasil y Argentina?

No
No sé
ver resultados

Las Más Leídas