El pueblo estadounidense debe evaluar la información que recibe para saber quién dice la verdad: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el exdirector del FBI James Comey.

Ese debate constante, entre Trump y Comey, que ha captado la atención política para deducir quién dice la verdad o quién miente, promete llegar a un punto crítico en algún momento, antes que termine los cuatro años de mandato presidencial.

Las revelaciones de Comey, contenidas en esas 15 páginas que fueron entregadas al Congreso la semana pasada, fueron las últimas de una larga lista de acusaciones en contra del Presidente, que el exdirector del FBI ha hecho desde que fue despedido de su trabajo el 9 de mayo del año pasado.

Entre los señalamientos, Comey afirma que el Presidente le pidió que dejara de investigar a su ahora exasesor de Seguridad Nacional Mike Flynn , mientras que desde La Casa Blanca esta versión se contradice cuando alegan que eso nunca sucedió. ¿Verdadero o falso?

Probablemente nunca lo sabremos porque se trata de un cruce de argumentos, sobre lo que en realidad sucedió.

Sin embargo, lo relevante sería si la denuncia de Comey logra tener algún impacto en la investigación del Fiscal especial Robert Mueller, quien conoce a Comey mejor que Trump y que probablemente simpatiza con su decisión de haber dejado un testimonio escrito, sobre lo que recuerda de sus reuniones con el Presidente.

En realidad es lógico pensar de que un funcionario del FBI operaria asegurándose que hubiese un informe escrito sobre una conversación relevante, antes de que la memoria comenzara a desvanecerse.

Mueller ahora tiene las notas de Comey, que ya forman parte de la creciente lista de documentos que él y su equipo legal han reunido.

La investigación que dirige el Fiscal especial no trata sólo la búsqueda de la verdad, sobre si alguien del equipo de la campaña de Trump se atrevió a conspirar con los rusos para influir en las elecciones presidenciales de 2016, sino también implica un posible caso de obstrucción de justicia que involucraría al propio jefe de Estado.

Entonces, independientemente de cualquier acusación que Comey haga mientras continúe la gira publicitaria para promocionar su libro, lo que realmente importa es cuánta credibilidad le otorga Mueller.

¿Le otorgará el beneficio de la duda la palabra de Comey, un ex compañero del FBI, o aceptará como veraz todo lo que el Presidente ha dicho sobre el caso?

La confusión es grande, especialmente desde que se ha hecho tan popular el uso del término fake news, o noticias falsas con propósitos políticos, que se aplica convenientemente.

Según una nueva encuesta del Pew Research Center, la mayoría de los estadounidenses temen que las noticias falsas estén interfiriendo en el buen desarrollo de la agenda nacional.

Aproximadamente dos de cada tres adultos en Estados Unidos, alrededor del 64%, dicen que las noticias falsas les causan una gran confusión sobre lo que realmente está ocurriendo en el país.

Y si bien es cierto que Trump tuiteó el 15 de abril que su administración tuvo un repunte de aprobación del 49%, entre los posibles votantes estadounidenses, su credibilidad se ha visto igualmente comprometida, después de su historial de afirmaciones que posteriormente se convierten en inexactitudes, según consta en los medios.

Eso incluye entre muchos otros temas, el atribuirse los recortes de impuestos “más grandes de la historia”, sus comentarios sobre que la inmigración han traído violencia al país o que el expresidente Barack Obama ordenó espiar su oficina de la torre Trump, en Nueva York, durante la campaña electoral.

En cuanto al memorándum de Comey, este puede representar un elemento interesante para la investigación de Muller, pero no tiene la validez de una prueba concluyente para determinar si hubo o no un hecho ilícito.

A menos que haya una grabación de las reuniones, Mueller solo tendrá la palabra de Trump contra la de Comey, sobre lo que realmente sucedió, así que ahora no hay ningún caso pendiente contra el Presidente.

Mientras tanto, Trump está claramente decidido a establecer mejores relaciones con el presidente ruso Vladimir Putin, sin importar lo que Mueller descubra, y por eso le pidió a su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, que hablara con el nuevo embajador de Moscú en Washington, Anatoly Antonov, para explicarle qué debe hacer el Kremlin si quiere que las relaciones con la Casa Blanca vuelvan a ser más amistosas.

En esta ocasión, esto fue hecho por canales oficiales.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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