El 99.99% de nosotros los emigrantes llegamos regulados a cero millas a los Estados Unidos de América. ¿Usted es de los que niega esta realidad tratando de aparentar que está en zona de control y esconde sus novatadas?

La vergüenza se apodera de algunos que se mantienen en total desconocimiento de que este hecho es normal. Soy nueva aquí, por tanto, todo es nuevo para mí.

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En la primera semana de llegar a Miami estuve sola en una casa familiar donde los adultos se fueron a trabajar y los niños a la escuela. Tocaron el timbre de la puerta y al abrir me encuentro con un repartidor de paquetes de UPS. Por suerte hablaba español y al entregarme una pequeña caja, me dijo: "Su apellido", indicando que firmara con un bolígrafo eléctrico nunca visto antes por mí. Tenía un cable y no quería tocarlo “evitando” un corrientazo. La situación de “firma y yo no puedo” duró unos segundos, este señor se cansó de mi inseguridad y escribió por fin mi apellido.

Recuerdo que cuando viví el primer cambio de horario estuve toda la madrugada tratando de atrasar una hora el reloj en mi celular. Hasta que descubrí, casi al amanecer, que este proceso es automático, es decir, la hora se cambia “sola”.

Otro tema, el más serio, es la pregunta del millón: ¿Qué eras en tu país? Ahí es cuando sientes tu vida anulada a cero millas. Este hecho por mucho que te lo expliquen antes de pisar territorio estadounidense no lo entiendes hasta que te toca reconocer que te consideran lo que eres "aquí y ahora" hasta que demuestres lo contrario.

Casi siempre el golpe va directo al mentón para los que somos profesionales en nuestros países de origen. Literalmente la sensación de noqueo no te la quita nadie. Sientes que estás frente al monte Everest y sin saber ni cómo escalar un metro de altura. Pero la perseverancia, la voluntad, un poco de suerte y el apoyo de alguien casi siempre hace que tus millas vuelvan multiplicadas. Que vivas una vida mejor que antes y a veces por caminos insospechados.

El trato que muchos recibimos por personas muy ignorantes es ofensivo cuando estamos en la época de recién llegados. También depende de que tu amor propio lo mantengas en un lugar saludable, ni más ni menos, donde debe de estar. Mejor asegura tu autoestima con “ganchos de acero” porque el vendaval que te viene encima es fortísimo.

Has nacido otra vez, con la diferencia de que ahora tienes conciencia de cada paso y la dirección se la das tú. Si pones tu ego en un lugar seguro y disminuyes la importancia de cosas que no la tienen, estarás en el carril del éxito. Trabajas en uno o varios oficios que debes aprender a la velocidad de la luz, donde obtengas ganancias para pagar tus gastos, y no dejas de soñar. Mantienes tu vista en el futuro donde deseas estar.

Así pude sobrevivir a 19 horas de trabajo diarias en una casa donde me trataron como a la novia de Tarzán; era Jane en esa etapa. Para ellos acabada de llegar de la selva y todavía estaba sacudiéndome los pedazos de corteza del tronco del árbol donde estaba trepada.

Si iba a limpiar el polvo de los muebles era advertida de que “eso no se puede humedecer” apuntando con el dedo índice recto en dirección a una fotocopiadora. Mi actitud era de aguantar la risa y me decía con mi lenguaje interno: “Esta es una etapa que debes pasar, calma, hoy estás más cerca de tu meta y esto será un recuerdo”. Muchas lágrimas también hicieron falta para descongestionar el alma herida por esta gente desalmada.

Fui advertida por la dueña de una agencia de empleos de que jamás debía decir a los dueños de los negocios donde me emplearan que tenía estudios universitarios ni de ningún tipo. Me advirtió esta señora que ellos deben mantenerse en un estatus, aunque sea mental, de que son superiores que sus empleados. Por supuesto no se puede generalizar, sería de necios, sería injusto.

He recibido mucha ayuda de mi familia, en especial de mis hermanos que regalan hasta lo que no tienen. ¿Cómo pagarles? ¿Acaso se puede? Es imposible devolver una actitud titánica en algunos casos de tanto que han hecho por mí. Sólo queda agradecer y recordar siempre tales actos de bondad infinita.

Supongo que emigrar desde que el mundo es mundo no ha sido fácil para nadie. Pero siempre hay una mano o muchas, desconocidas en ocasiones, que te mantendrán con vida. Dejar tu tierra natal y empezar de nuevo es para valientes, para soñadores, para corajudos.

En la Biblia encontrarás en Hebreos 13:2 dice: “No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Y esta verdad la agradecemos por los siglos de los siglos a este gran país que nos acoge y nos protege de dictaduras como la cubana y la venezolana. Que nos trata como personas respetables con derechos. Esta querida nación, los Estados Unidos de América, permite que tu cuenta millas se acelere al compás que lo desees. No hay límites. Estos los pones tú y las estrellas.

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