Rick Scott ha dado el miércoles pasado una entrevista para el periodista Reyes Ureña del “Diario Las Américas”, que permanecerá indeleble, en el corazón de todo venezolano de bien.
Los millares y millares de desplazados que vagan por el Mundo, ofrecen al discurso populista y demagogo, una explicación sencilla para problemas más complejos: Si faltan viviendas: se criminaliza al inmigrante; si bajan los salarios, lo mismo. Si cometen delitos, es más fácil acusar al Tren de Aragua que a un presidente muy corrupto.
Rick Scott ha dado el miércoles pasado una entrevista para el periodista Reyes Ureña del “Diario Las Américas”, que permanecerá indeleble, en el corazón de todo venezolano de bien.
El referido miembro del senado de EEUU, reclamó la liberación inmediata de todos los presos políticos en Venezuela; el regreso de los exiliados, así como la designación de un árbitro electoral creíble que organice, lo más pronto posible, los comicios para elegir un nuevo presidente de nuestra Patria.
En lo que atañe a las conversaciones de reconciliación o de supuesta convivencia que están celebrando personeros del sedicente gobierno de transición, encabezado por la señora Delcy Rodríguez con un sector minoritario de la oposición, representado por la dirigente Dinorah Figuera, Scott les ha deseado éxito. Pero antes, expresó dos advertencias. En primer término, la dirigida a los hagiógrafos de tal tipo de conversaciones. Anota el senador en cuestión, que nada más, desde 2017 hasta hoy, se han celebrado, unas tras otras, nueve rondas de coloquios similares. Ninguna con resultados tangibles, a no ser el tiempo aprovechado por el chavismo para congelar, sine die, los anhelos de democratización de Venezuela.
“No sé porqué es Dinorah Figuera, en lugar de Maria Corina Machado” esa fue la respuesta cortante, que dio el referido senador del Partido Republicano ante la inexplicable exclusión o veto, en los pretendidos diálogos de quien concita desde hace varios años, las preferencias electorales de la mayoría de los venezolanos.
Los movimientos anti inmigratorios han adquirido, en numerosos países, una centralidad electoral que no tenía desde hace décadas. Para muchos ciudadanos, la inmigración ya no constituye, nada más, una cuestión demográfica o laboral. Simboliza algo peor: La sensación de que el Estado ha perdido el dominio de sus fronteras y que carece de la capacidad para hacer cumplir la ley.
Los millares y millares de desplazados que vagan por el Mundo, ofrecen al discurso populista y demagogo, una explicación sencilla para problemas más complejos: Si faltan viviendas: se criminaliza al inmigrante; si bajan los salarios, lo mismo. Si cometen delitos, es más fácil acusar al Tren de Aragua que a un presidente muy corrupto.
Días atrás, uno de los tantos candidatos que enturbian el espectro político de EEUU, incurrió en la desmesura de atribuirles a los inmigrantes, el aumento del sarampión en su estado. Escribía nuestro Pedro Emilio Coll, que “La tolerancia es la cortesía de la inteligencia”. Hacemos nuestra tal frase. Así que por el momento no mencionamos el nombre, apellido y la gobernación que aspira el mencionado chupamedias.
René Girard la habría calificado de culpa mimética. Nos referimos a la del desplazado internacional, chivo expiatorio colectivo muy visible y vulnerable, por carecer de suficiente poder político para defenderse.
La llegada precipitada y numerosa de extranjeros puede ejercer presión real sobre los servicios de, escuelas, hospitales, viviendas, de presupuestos municipales. ¡Qué duda cabe! Pero es incorrecto atribuirles problemas estructurales precedentes: la falta de construcción de viviendas,la desigualdad, el envejecimiento demográfico, la precarización laboral y en general, las deficiencias de las élites políticas que desgbiernan los respectivos países.
Para concluir, algo que poco o nada hemos observado en la dirigencia política venezolana. Oficialista o no oficialista, quizás para no provocar la ira divina del señor Trump.
En su referida entrevista Scott, hizo pública defensa de “los venezolanos honorables que se encuentran, supuestamente ilegales, en EEUU”, víctimas del tenebroso ICE y aseguró que trabaja para ayudarlos. “Muchos están sufriendo la política de fronteras abiertas de la administración del presidente Biden y de los demócratas que permitieron que Maduro, Díaz-Canel, Castro, Ortega, utilizara la inmigración como arma (...) “Tengo nueve oficinas en la Florida —remachaba Scott— para ayudar a los venezolanos vulnerables” (y a los cubanos, haitianos, nicaragüenses y a los inmigrantes decentes).
Inadmisible que los devuelvan como reses a sus países de origen, donde sus vidas y libertades peligran en abierta violación del principio de la “non refoulement”. O que los envíen a Sudán del Sur, a Yibuti, Guinea Ecuatorial, Marruecos, a Camerún, con el celestinaje de la Corte Suprema (cfr. Department of Homeland Security v. D. V. D.) donde carecen de vínculos significativos o meaningful links tan necesarios para sobrevivir.
¡Bravo por el señor Scott!
Hay desalentar en toda forma de Derecho y de Justicia, cualquier vestigio de racismo, de supremacismo, incluido el nepotismo que es la más regresiva de semejantes depravaciones. Que ha ocurrido y sigue ocurriendo hasta en las “mejores (¿?) familias”.
@omarestacio
