Hasta ahora, Nicolás Maduro ha sobrevivido políticamente a pesar de enfrentar la presión diplomática y económica, tanto de Estados Unidos como de otros países, que esperan ver que Venezuela retome el camino democrático.

Las imágenes que muestran a un Maduro rodeado de sonrientes miembros de las Fuerzas Armadas venezolanas fueron indignantes.

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El momento reflejaba el apoyo castrense al dictador venezolano y asestaba un golpe bajo a Estados Unidos, que estaba convencido de lograr la huida de Maduro a Cuba.

Washington se encontraba enfrascado en negociaciones tras bambalinas para ganarse el respaldo de figuras clave del Gobierno y así persuadir a Maduro a renunciar.

Es por eso que el secretario de Estado, Mike Pompeo, confiaba en recibir la noticia de que Maduro estaba rumbo al aeropuerto, en las afueras de Caracas, donde un avión lo esperaba para llevarlo a un exilio dorado en La Habana.

Sin embargo, la estrategia no llegó a cristalizar.

Moscú, en su papel de mentor político, advirtió a Maduro de que se quedara en Venezuela.

Es por esto que el entorno cercano al régimen, que supuestamente apoyaba a Washington, se encontraba en realidad realizando un doble juego, fingiendo respaldar un cambio en Venezuela pero transmitiendo toda la información a su líder político.

Ha sido una experiencia dura para la Casa Blanca, que desde un principio ha querido que Venezuela recupere el Estado de derecho.

El presidente Donald Trump y sus dos asesores clave en política exterior, Mike Pompeo y John Bolton, habían estado presionando para que el Ejército venezolano abandone a Maduro y jure lealtad al presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, quién ha sido reconocido por más de 50 países.

Y es que aun cuando hubo algunas deserciones de alto nivel, el grueso de los militares se mantuvo fiel a Maduro, quien dejó en claro que no piensa abandonar el poder.

El aviso vino acompañado de dantescas escenas en las que se vio al Ejército arremetiendo de manera violenta, disparando gases lacrimógenos y atropellando con vehículos blindados, a manifestantes que habían tomado las calles de Caracas.

Decenas de personas resultaron heridas.

Por ahora resulta difícil ver qué puede hacer Washington de manera pacífica, por lo que una vez más se habla de una posible acción militar.

Sin embargo, ningún país de la región desea que Estados Unidos utilice la fuerza militar para provocar un cambio de fuerzas en Venezuela, ya que temen que una intervención militar llevaría a un mayor derramamiento de sangre, que a su vez desataría consecuencias insospechadas y potencialmente peligrosas para la región en conjunto.

Es cierto que tanto Rusia como Cuba tienen militares de respaldo en Venezuela y una acción estadounidense aumentaría la presión.

No sería sorprendente ver que Moscú aumente el contingente en Caracas para asegurar la supervivencia de Maduro.

La semana pasada, en cambio, se respiraba un verdadero optimismo en Washington por el convencimiento de que Guaidó lograría finalmente el apoyo necesario para lograr una salida democrática.

Pero ahora el presidente venezolano interino y todo el movimiento transitan un momento difícil, mientras Maduro anuncia castigos ejemplares contra quienes se rebelaron, en respuesta a lo que él califica de golpe de estado perpetrado por sectores adversos a su Gobierno.

La mejor respuesta a esta afirmación, fueron las impresionantes imágenes que dieron la vuelta al mundo, mostrando la toma de las calles en Caracas para protestar por la multifacética crisis de la que se responsabiliza a Maduro.

No obstante, también es cierto que un gobernante tan despiadado y sin escrúpulos, como el que rige por ahora los destinos de Venezuela, sabe que ostentando a discreción el monopolio del uso de la fuerza sin límites le será más fácil silenciar a la mayoría que no lo apoya y que pide a gritos su salida para dar paso a un cambio.

Seguramente Washington está observando con una buena dosis de enojo y frustración, especialmente porque esta jugada parece que Moscú ganó la primera ronda.

Aun así, el presidente ruso Vladimir Putin ha sido advertido para que deje de interferir en Venezuela y aunque es poco probable que el Kremlin retroceda, también es cierto que la situación puede cambiar repentinamente porque la victoria final todavía no está cantada.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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