Sin duda alguna que este mundial de Rusia 2018 será inolvidable, disfrutamos durante varias semanas lo mejor del futbol de cada hemisferio, de cada país, con una exactitud de detalles tecnológicos que lo hacen cada vez más cercano a nuestras vidas diarias y cotidiana.

Un mundo futbolístico lleno de sorpresas, los favoritos y excampeones terminaron eliminados por la destreza, el profesionalismo, el pundonor y la aparición de nuevas técnicas que, al lado de la preparación física y mental de sus jugadores, lograron llegar hasta el final, conmoviendo los cimientos tradicionales del futbol. Quién imaginaría una final entre Croacia, la exYugoslavia de Tito, y Francia, la del general Charles de Gaulle, ahora de nuevo en el campo de batalla deportivo. Mis preferencias son con Francia, cuyo estilo de juego me fascina y gusta. La suerte está echada.

A partir de este lunes, el mundo regresa a su habituales y conocidas tragedias, problemas y escándalos de moda. El “show sigue”.

En América Latina, aparte de la nuevas incidencias en la OEA con el caso de la violencia política, que ya ha costado más de 250 personas asesinadas por los grupos paramilitares y policiales en Nicaragua, lo que pareciera una estrategia de Cuba comunista, de fomentar aún más este tipo de agresiones y violaciones a los DDHH, dentro del concepto y objetivo político militar, creando “Un Vietnam en Latinoamérica”, frase histórica del asesino Che Guevara en su oportunidad, que pareciera tomar cuerpo ahora con la intensidad de crear distracción y “diversionismo” sobre el caso Venezuela, quitándole peso en la opinión pública internacional y aprovechando tiempo para lograrlo, y al futuro negociar un “bloque de problemas” con los Estados Unidos, por parte de Cuba comunista y la Rusia de Putin.

¿Maduro cuándo? Pregunta sencilla pero muy profunda en su respuesta lógica, real y verdadera. No me encuentro en el grupo de compatriotas que solo esperan la “llegada de los marines en una invasión militar” a Venezuela. Nunca he firmado documento alguno apoyando, ni he aceptado esa tesis como una salida inmediata a nuestra crisis, creada en el pasado por los propios venezolanos que, seducidos y engañados por los “cantos de sirena” del comandante eterno, y luego por su sustituto, Maduro, por cierto un líder de la oposición democrática en su tiempo afirmó que “cualquier otro distinto a Chávez era mejor”, vean ahora su resultado: el país destruido integralmente y totalmente sumido en la peor crisis humanitaria de toda su historia como nación. ¡Tremendo pronóstico!

¿Cuál es la salida o la solución? Quienes no comulgamos con las tesis “invasoras” somos inmediatamente calificados por los sectores más radicales de la oposición venezolana como “colaboracionistas” al régimen, por el solo hecho de no estar de acuerdo con una posible estrategia fantasiosa, irreal y políticamente equivocada a los intereses estratégicos y geopolíticos de los Estados Unidos, país que nos apoya abiertamente, no solo con discursos retóricos, sino con la imposición de sanciones prácticas a los altos funcionarios del régimen castro-comunista y ayuda económica aportada, de más de 50 millones de dólares, para atender a los miles de compatriotas refugiados en países hermanos como Colombia, Brasil, Ecuador, Argentina, Perú y Chile, como también a la ONU, dirigida a los países europeos.

Considero que el acento estratégico debe seguir siendo la voluntad unitaria, convergente o de trabajo colectivo, como lo quieran llamar, de todos los grupos, partidos, movimientos sociales, juventud estudiantil, iglesias, profesionales, fuerzas armadas y sectores económicos, en lograr una plan de acción integral que nos conduzca a la explosión nacional, combinando acciones de calle con las exigencias de la ayuda internacional humanitaria en comidas, medicinas y equipos médicos para atender las urgencia de nuestro pueblo. Sin exclusión de ningún sector político o social. Fomentando la división, adelantando campañas mediáticas personales y agrediéndonos mutuamente en la oposición, vamos mal, de mal en peor.

La comunidad internacional mientras tengamos una actitud política apegada a una salida “democrática y constitucional” por las vías reales que se logren desarrollar, nos seguirán apoyando con firmeza. Ninguna nación del mundo va a financiar o respaldar unos posibles hechos contrarios a ese espíritu de cooperación y de política humanitaria.

La salida de Maduro no está a la vuelta de la esquina, ni en soluciones inmediatistas y desesperadas y divorciadas de la realidad del contexto democrático internacional. Creer lo contrario es lo lógico, y hacia allá debemos dirigir nuestros esfuerzos colectivos, para profundizar la acción de nuestra lucha victoriosa, y hacer realidad la aspiración mayoritaria del país! ¡Fuera Maduro!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que el proyecto de estadio de David Beckham en las cercanías del Aeropuerto de Miami debe ser aprobado?

Las Más Leídas