El reordenamiento de las cargas políticas en Washington ha generado inquietud en el hemisferio de manera pandémica tras la expansión de un miedo que se contagia entre quienes anhelan el "sueño americano".

A partir de la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ha visto renacer focos de intolerancia puntuales que se convirtieron en columnas para que el empresario llegara a la Casa Blanca. Un margen ruidoso de supremacistas toman tribuna en esta administración, haciendo escándalos con sus gritos que expresan la poca resistencia hacia el carácter multicultural que ha caracterizado a esta gran nación.

En su campaña, Trump dejó que su verbo se viralizara a libre albedrío de quienes creen tener la razón en un planteamiento básico. Al referirse a criminales, aquellos que cometieron delitos, los mexicanos fueron objeto de una generalización despiadada de la que no se ha dejado de roer, incluso más allá del hueso.

Desde el ala progresista en Estados Unidos, se toma este ataque como trinchera para capitalizar la molestia de una comunidad inmigrante que se destaca por el ansia de trabajo y el ímpetu de progreso. Pero, desde aquellas naciones donde ven con tristeza partir a sus ciudadanos hacia el Norte, no hay muchas voces de reclamo por el señalamiento hacia quienes pagan “platos rotos” por otros.

En Centroamérica operan bandas de crimen organizado que acortan las distancias geográficas para convertir en víctimas a sus paisanos trabajadores, quienes deben salir de una sombra delictiva proyectada por las malignas “maras”.

“No se deben utilizar los crímenes de las maras y pandillas para promover la discriminación”, es la advertencia del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien no solo en nombre de los hondureños sino de los inmigrantes del hemisferio, da la cara ante el gobierno estadounidense para repeler la agresión político-racial. Sin desperdicio, ha afirmado que ser latino “puede ser un estigma”, una marca indeleble en el ADN de esa minoría creciente en Norteamérica y con peso político de incremento galopante.

Este mandatario le ha declarado la guerra a esas organizaciones criminales que exportan violencia a la región. Oficiales de policía de Honduras se han entrenado en Estados Unidos para formar la Unidad Contra Maras y Pandillas, agentes especializados en combatir estas bandas que se han expandido en el continente, y con el permiso de algunos gobiernos cómplices.

El trabajo entre el gobierno de Honduras y los Departamentos de Justicia y de Estado de Norteamérica arroja frutos visibles a la constancia de un acuerdo cuyo objetivo es la prosperidad.

La inevitable decisión de emigrar, en medio de realidades insostenibles, pasa factura en Estados Unidos y la evidencia es el reforzamiento de las fronteras y la aplicación de políticas migratorias que son desempolvadas por esta administración.

Un llamado a los ciudadanos desterrados por la violencia para que retornen a su patria es sensato, sobre todo cuando se trabaja por mejorar la expectativa de desarrollo y seguridad. Eso ocurre en Honduras y es reconocido por el gobierno estadounidense, a través del embajador de ese país ante la Organización de Estados Americanos, Carlos Trujillo, quien visitó la nación centroamericana.

El diplomático reiteró que “en los Estados Unidos tienen un aliado para que puedan lograr sus metas”, al referirse a la lucha del actual gobierno de Honduras contra el narcotráfico y el esquema internacional de exportación de violencia.

La generación de un ambiente de inversión, con prosperidad y paz es el propósito explícito del gobierno hondureño, no solo para la reconstrucción nacional, sino para que los inmigrantes de ese país retornen con oportunidad de progreso a su tierra natal, como insiste el presidente Juan Orlando Hernández. Así, sin miedo, podrán seguir sus pasos hacia adelante y no ser objeto del lamentable estigma de latino, mal digerido por la intolerancia de la política conveniente.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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