Entre el desprendimiento y la ausencia. No sé describir esta hora. Se produce en el escritor un extraño vacío cuando, después de entregar la obra al editor, te informan de que ha comenzado su distribución. Es como perder una parte de ti. A esta hora mi nuevo libro está aterrizando en las librerías. De algún modo, ha dejado de ser mío.

Ocurre que esta obra nunca ha sido del todo mía. Un libro que es un recorrido emocional por la historia del pop español es en realidad un diálogo de corazón a corazón con las propias canciones. No habría ni una línea si no quedaran los impactos en el alma, como marcas de balazos, que nos producen los artistas de talento que han hecho de la música española algo grande, del pop español un universo vivo y singular. Este libro, Nos vimos en los bares. Una historia sentimental del pop español, es más suyo que mío. Se lo debía a ellos.

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Con todo, y aunque sean ya nueve las veces que he pasado el trance, cuando un libro viaja hacia las librerías, el autor sucumbe a la contradicción, entre la ausencia de un compañero –son muchos los meses de intimidades entre ese amasijo de letras y yo- y la euforia de sospechar que tal vez puedas hacer feliz un buen rato a muchas personas. Supongo que para eso nos dedicamos a este oficio. Por eso y porque no sabemos hacer otra cosa.

Presiento que mi prosa cojea hoy. Lo sé y lo siento. Acude tarde y tembloroso a esta cita semanal con mis queridos lectores. El avión en el que me dirigía a Galicia desde Madrid, ha tenido a bien regalarme un aterrizaje de esos que ya no olvidas, gracias a las inclemencias meteorológicas que están golpeando la costa gallega. Creo que nunca había visto tan cerca la ciudad coruñesa para terminar después alejándome, frustrado el aterrizaje, y desplazándonos a Santiago de Compostela donde imagino que no nos hemos roto los dientes contra la pista por la intercesión del Apóstol. Que he visto a más gente santiguarse en la última media hora que en los últimos seis meses.

Después de los rezos y los sudores, ante el rumbo errante y turbulento del avión, ya en tierra, vinieron las maldiciones. También a ellas me sumé con alegría. La ciclogénesis explosiva, o como le llamen ahora a cuando hace un viento de mil pares de pelotas, se llama Helena. Cito de memoria. Se corrió la voz por el avión de que ese era su nombre. De modo que cuando pusimos pie en tierra mentamos con entusiasmo a todos los muertos de Helena. Esa es la razón de la zozobra de mis manos, cuando intento calmar el trazo tembloroso de la pluma.

Así, yo quería hablarles hoy de la rara sensación que invade al escritor cuando un libro se va –algo se muere en el alma-. Agridulce. Ahora vienen las expectativas, la crítica, las entrevistas de promoción, y todas esas cosas que son también la sal de quienes no dedicamos a esto.

Lo pensaba estaba mañana. Después de 20 años de melomanía y unos cuantos dedicados también al periodismo musical, lo mínimo que podía hacer es contarlo. Hablar de Loquillo, de Amaral, de Los Secretos, de Hombres G, de Leiva, de Los Limones, de Nacha Pop, de Love Of Lesbian, de Dorian, de Iván Ferreiro, de Mikel Erentxun, de Joaquín Sabina, y de tantos otros que nos han llenado el pecho de buenos sentimientos y que nos hacen sentir el orgullo de ser españoles, de compartir con ellos una misma cultura, un mismo idioma y una misma forma de contar la vida. Escribir sobre sus canciones, desvelar tantas anécdotas que he vivido con buenos amigos artistas y acercar a los fans esta visión personalísima sobre los últimos 40 años de poprock español era también un deber.

Si tuviera que resumirlo en una frase diría que Nos vimos en los bares es un libro hecho con un inmenso cariño. Ahora confío en que ese mismo cariño penetre en el corazón de los lectores que se acerquen estos días a Nos vimos en los bares. Que lo vivan y que puedan también descubrir los discos y las canciones que han acudido a socorrernos mil veces en cada vida, cuando las cosas no iban del todo bien. Con la única excepción de hoy en el aterrizaje, que yo, personalmente, preferí apagar la música, acudir al espíritu santo, y ponerme a rezar responsos en latín.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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