Con el paso de los años se ha convertido en una tradición muy esperada la entrega de las bolsas navideñas a personas de escasos recursos en la barriada miamense de La Pequeña Habana, en el contexto de un programa que patrocinan las compañías agrupadas en la Cámara de Comercio Latina de los Estados Unidos (CAMACOL).

No importan la lluvia o el frío, el día o la noche para todo un conjunto de personas, en su gran mayoría de la tercera edad, que forman enormes filas para recoger los aguinaldos que les ofrecen los comerciantes locales, como una manera de recompensar con un gesto altruista a las comunidades en donde generan sus ingresos.

Este aporte se constituye en una ayuda de gran envergadura para centenares de personas que utilizan los alimentos de las bolsas en la preparación de unas cenas de Navidad, en las que pueden participar varios miembros de una familia, por cada una de las entregas.

Si bien la economía nacional presenta unas cifras que demuestran una mejoría sustancial, todavía programas como el de la CAMACOL vienen a suplir las necesidades de un conglomerado de personas que, por lo general, ya está viviendo gracias a un retiro que solo les alcanza para cubrir sus gastos básicos.

Se trata de hombres y mujeres de edades avanzadas que celebran la actitud de los dueños de negocios de diferente índole, quienes despojándose de una parte de sus utilidades suscitan un mayúsculo sentimiento de bienestar, en una época en la que suelen ser comunes esas expresiones de amor por el prójimo.

Este programa enfrentó ciertas dificultades en años anteriores, pero contra viento y marea se mantiene en pie, y este año que está a punto de finalizar vuelve a ejecutarse devolviendo la confianza tanto a los comerciantes, cuya organización estuvo en vilo por un conflicto interno en el 2016, como también a los residentes del condado Miami-Dade que temieron la desaparición de esa iniciativa privada.

Sin lugar a dudas, este programa merece ser emulado por otras instituciones públicas o de particulares y, al mismo tiempo, contar con un mayor número de participantes para que pueda extenderse a otros puntos del condado, en donde existen otras comunidades con notables limitaciones económicas. Vítores bien merecidos a la CAMACOL.

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