Me cuentan que se celebra el Día Mundial de la Oscilación y creo que estamos cerca ya de festejar por todo lo alto el Día Internacional del Movimiento Armónico Simple, aunque quiero desmentir que vaya a estar dedicado a la conducta moral de los Biden. Por añadidura, en este día de la Oscilación, hoy celebran su patronazgo laico los columpios, los que se columpian, los equidistantes, los sujeta-velas, los que se marean en la carretera, el negro de WhatsApp y casi todos los borrachos. En realidad, el Día Mundial de la Oscilación es un gran homenaje a esos tipos ebrios que necesitan tocar con el codo todas las esquinas de la ciudad para desplazarse del bar a casa después de una buena tanda de brebajes, tal vez más químicos que físicos, pero sin duda con consecuencias oscilatorias. No olvides hoy felicitarlos, justo después de abrazar y lanzar confeti a todos los relojes de péndulo que logren encontrar por casa.

Con el tiempo, este asunto de dedicar días a las cosas más estúpidas, ha alcanzado tal extensión que la vieja pretensión masónica de descristianizar el calendario parece haberse cumplido, siempre y cuando seas capaz de contener la risa: ya puedes tener tu propio almanaque con el día de la Oscilación, el Día de las Tortugas -23 de mayo- y el Día Mundial de la Pereza -19 de agosto-, y el Día de Llevar al Perro al Trabajo -22 de junio-, en el cual aprovecho para recomendar a mis lectoras que eviten llevar al marido a la oficina porque no computa y no creo que te den el día libre por eso, salvo que realmente quieran verlo bien lejos. Tengo un amigo al que su mujer llevó un 22 de junio a su despacho y los jefes le hicieron emplear el urinario en equilibrio con una pata alzada. Dice que no se sentía tan humillado desde la última vez que participó en una carrera de galgos.

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Me aclaran un amigo científico que en este Día Mundial de la Oscilación muchos físicos reivindican la figura de Galileo Galilei, ignoro las razones, aunque me cuesta imaginármelo, orondo como aparece en casi todas las representaciones, oscilando de lado a lado en su laboratorio, colgado tal vez por los pies, ante el pánico de sus colaboradores, conscientes de que podría salirse de la trayectoria y arrasar con todos sus cachivaches de inventar de un solo cabezazo.

Físicos, químicos, ingenieros y barmans coinciden en que el movimiento oscilatorio es el que se produce de un lado a otro, partiendo de una posición inicial de equilibrio, que en el caso del borracho ese estado neutro podría entenderse como el periodo de tiempo que transcurre entre la primera y la tercera copa.

Ciertamente, acabo de ver el debate de sobre la moción de censura en España y creo que en el interior del Congreso hay más de un partido celebrando por todo lo alto ese movimiento oscilatorio. La mayoría de los políticos practican el vaivén con éxito hasta que llegan al poder, después se convierten en el propio eje y pretenden que todo el mundo baile a su alrededor. Se trata de un milagro político que la física no ha sabido explicar, si bien la psicología podría aportar algunas luces.

Los ciclos por segundo que representa el movimiento oscilatorio pueden medirse en hercios, creo, si bien ignoro en este momento cuántos hercios cuesta un chupito de absenta, que es con lo que oscilaban los bohemios del XIX cuando el opio empezaba a causar estragos. Tengo un buen amigo que ya en el siglo XX descubrió, gracias a la absenta, otra propiedad física tras un experimento de larguísimo alcance, y sesudas investigaciones sobre qué bar servía los chupitos más baratos de la ciudad. Su hallazgo fue la caída libre bajo la acción exclusiva de un campo gravitatorio. En el transcurso de sus pesquisas, uno de los científicos participantes berreó: “¿a que no hay huevos a beberse un chupito de absenta sin respirar?”. Y los hubo. De ese modo descubrió al mismo tiempo la caída de un cuerpo al vacío sobre el enlosado de un pub, y la sutura en la ceja por corte con el propio vaso, que es algo que propiamente no es descubrimiento suyo -los enciclopedistas se han negado repetidas veces a concederle tal posteridad- pero, seamos francos, sin su colaboración habría sido imposible que la medicina alcanzara semejante cota quirúrgica. Recuerdo que el cirujano bromeaba con la enfermera: vamos a coser, pero a este no hace falta que lo desinfectes. Ya ves, la mayoría de los descubridores importantes lograron sus éxitos con tan solo 18 o 19 años y luego nadie se lo ha reconocido. Aquí estoy yo, Pedrito, borracho y bribón, para mantener bien alto el recuerdo de tu gesta, y ligar tu nombre al de Galileo, Newton o el célebre químico montonero Diego Armando Maradona.

A todos los implicados, con el danzante corazón en la mano: feliz día de la oscilación. Y no olviden que mañana la fiesta de lo irrelevante continúa, pues los químicos celebran a su gran patrono laico: El día del Mol. El mol es la unidad con la que se mide la cantidad de sustancia y creo que con esto está todo dicho. La alternativa es festejar a San Severino Boecio, cuyos escritos filosóficos nos enseñan la importancia de la esperanza y nos explican la diferencia entre la confianza absurda en el hado y la fe en la Divina Providencia. Encarcelado injustamente, poco antes de ser torturado y decapitado por sus creencias filosóficas y religiosas, Boecio predicó la diferencia entre los bienes aparentes que se esfuman en prisión y los verdaderos -como la amistad- que perviven en la cárcel. Sin duda, es mucho más importante para cualquier snob que se precie oscilar bien hoy y rendir culto al mol mañana, a la espera de que pronto -supongo- venga a salvarnos el Sistema Internacional de Unidades y nos lleve a su infierno, que me lo imagino repleto de básculas.

Para los oscilantes no snob, propongo una oración breve: San Severino Boecio, ruega por nosotros y, si tienes un rato, líbranos también de tantísima estupidez. Amén.

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