jueves 1  de  diciembre 2022
OPINIÓN

Venezuela, política y capital humano

Adentro en la Venezuela profunda cambiamos, el venezolano se bate como Cassius Clay en una esquina, ante un enemigo despótico y tramposo que no cesa de dar golpes sucios ayudado por un referí ciego sordo y mudo

Diario las Américas | VENAMÉRICA
Por VENAMÉRICA 12 de septiembre de 2022 - 14:32

Actualicemos el visionario proyecto de Betancourt, expuesto con amplitud en su libro cuyo título glosamos en este artículo para significar el principal logro del cambio allí planteado. Revisemos en profundidad si se sembró el petróleo, dónde están los frutos y cuánto representan en el país de hoy.

Creció la población, se hizo urbana e industrial y cambió su presencia en el mundo. Llegamos a ser otro país: democrático, en vías de desarrollo sustentable, y con tendencias inclusivas. Cierto que hoy ese gran logro es un periódico de ayer, pero respira y auspicia salidas por nuestra lucha y presencia protagónica y heroica en la realidad mundial de hoy. Lo comentan taxistas de UBER en cualquier continente, oradores de la Unión Europea o viajeros de autobuses en Latinoamérica. Somos esperanza en las redes.

Adentro en la Venezuela profunda cambiamos, el venezolano se bate como Cassius Clay en una esquina, ante un enemigo despótico y tramposo que no cesa de dar golpes sucios ayudado por un referí ciego sordo y mudo, está el país inderrotable, que pervive protestando y luchando por sobrevivir y lentamente se recupera. Menguadas las ventajas de bienestar y desarrollo conquistadas hasta fines del siglo XX, este pueblo fajador que sale todos los días de su esquina a enfrentar las dificultades del desgobierno, vendrá sin cesar al centro del ring y triunfará, sin que el árbitro y los jueces tengan que hacer mayor cosa. Ese momento llegará. Sin dudas. Paciencia y fe.

Afuera, la otra diáspora emerge y se hace visible ¿Cuántas evidencias se requieren para demostrar que Venezuela cambió para bien? Entre quienes seguimos con pasión el béisbol, por citar un ejemplo, esto parece un sueño delirante. De tener a Carrasquelito, Aparicio y Monzant, allá a fines de los cincuenta, tres jugadores alimentando nuestro fanatismo en las Grandes Ligas, hoy juegan y brillan con registros de estrellas y posiciones regulares una gran parte de ellos, más de cien venezolanos. Casi el diez por ciento de la nómina. En un país desarrollado que es el papa de los helados en este gran deporte espectáculo. Esto de por sí, es un gran logro, donde están presentes las familias más humildes, la educación, el desarrollo físico y hasta la harina pan. Esto es marca Venezuela, igual que las mises, rector en una universidad de primera, muchos gerentes y expertos así como obreros, buhoneros, amas de casa y taxistas que usted puede toparse en cualquier momento y parte del planeta. Hechos en Venezuela para el mundo. Forjados, fraguados y resilientes en y desde el período democrático. Hoy en terapia, pero con buen pronóstico.

Así es, admitámoslo y dejemos llover las pruebas. Ese éxito beisbolero tan nuestro, no es único ni aislado. En todas partes y en múltiples formas, aparece a diario la imagen del venezolano y las más de las veces, casi siempre para beneficio y reconocimiento de los pueblos, las ciudades y la gente que nos acoge, nos ayuda y descubre la voluntad y capacidad de trabajo y creación que nos impulsa y que nos hizo dejar atrás las fronteras geográficas.

Germina en cualquier rincón ese deseo de laborar y de vivir bien y compartir. Lo del béisbol es inevitable insistir, se ratifica en muchas actividades y espacios de la cotidianidad global. El humor, el trabajo en fábricas, universidades, servicios, música, buhonería laboriosa de autobuses, calles y chiringuitos, ciencia y tecnología, startups, ciudadanía, cine, política y comunitaria, en teatro, artes. En escuelas y en centros deportivos, en las nuevas empresas de redes sociales. Somos presencia y actividad. Estamos integrándonos y dejando huellas, con humildad, alegría, señas gratas de identidad y espíritu ciudadano.

Si algo es evidente después de cien años de soledad de pozos y oleoductos, es que nuestra petrolia, esa Venezuela rentista agónica y aparentemente rendida al estatismo envilecedor de la bonanza providencial que nos ha brindado la condición de exportador del principal recurso energético, está cambiando. De hecho volamos ya, dejamos atrás la crisálida y estamos renaciendo en una nueva condición. Puede haber mucho de renacuajo en nuestro ser nacional todavía, traumado y bastante por el dolor de romper con una realidad que ha puesto bajo cruel amenaza nuestros valores fundamentales. Pero también reverdece y retoña a cada instante el espíritu de lucha y el optimismo creativo y creador.

En el lugar del petróleo que apalancó una fructífera experiencia de crecimiento y desarrollo humano y con certeza vio y proyectó Rómulo para su época, aparece ahora el venezolano apertrechado por tres generaciones que lograron una importante transición. Del caudillo pasamos al liderazgo, de las proclamas a los proyectos. Seguimos rompiendo cadenas y sintiendo el compromiso de la libertad creadora y laboriosa, de la igualdad comprometida y solidaria, de la competencia dignificante y equitativa, un nuevo modo de protagonismo para un país que lentamente rescata su destino edificante y digno.

Somos capital humano en desarrollo, a todo dar. La tarea es aún larga y difícil. Reconstrucción del proyecto político y rescate de la vida ciudadana con vigencia plena de la constitución. Pa allá es que vamos. www.venamerica.org

* Comité de Economía, Empresas y Desarrollo Integral de VenAmérica

Por: Juan Manuel Serna*

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