Hoy es “Domingo de Resurrección”, el día más glorioso de los católicos en el mundo, en esta histórica jornada el amor venció a la muerte, como dijo el Apóstol San Pablo “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”. La fraternidad, la alegría, la solidaridad y el reencuentro nuevamente con el maestro llenó de luz el espíritu de sus discípulos y fieles seguidores, entre ellos María, su señora madre, y José, el carpintero de la vida eterna. ¡Expresamos al unisono: Feliz Pascua de Resurrección! ¡Jesús ha resucitado, es verdad resucitó!
Si Jesús, el hijo de Dios hecho hombre en la tierra, antes de entregar su misión, luego de sus lecciones, enseñanzas, milagros y liderazgo religioso, apuntaló la fundación de la poderosa Iglesia católica en manos del apóstol Pedro, pasando por la acción previa de sufrir en su cuerpo la saña de la violencia fanática, llena de odios y mezquindades, torturas físicas, burlas, escupitajos, y la crucifixión final que supuestamente lo ataba eternamente a la muerte, fue capaz de derrotarla a los tres días resucitar y renacer en el corazón y espíritu de sus feligreses atónitos, como su propias legiones de apóstoles, ese ejemplo fue el principio del fin del mal y sus injusticias.
Vivimos tiempos complicados, llenos de incertidumbre, de poca fe y confianza, donde predomina la violencia y el decaimiento moral, aupado por las acciones de los grupos narcoterroristas en el mundo, que a fuerza de campañas orquestadas en laboratorios de “guerra sucia”, pretenden confundir, dividir y derrotar a quienes luchamos por defender la verdad, rescatar nuestros valores éticos, morales y religiosos, y reconstruir una sociedad democrática.
La crisis de salud pública generada por la aparición del nuevo coronavirus, o “virus chino”, a nivel mundial, causando bajas importantes en las poblaciones de países de Europa, América del Norte, y los países latinoamericanos, simultáneamente está causando una nueva crisis económica, por las “cuarentenas” obligadas de las fuerzas de trabajo, empleadores y dueños de empresas de servicios. Todos han sido afectados de una forma u otra. Aparece el “fantasma” de la recesión.
Los niveles de desempleo son históricos, con cifras nunca vistas, y alarmante crecimiento. Sin duda alguna, las comparaciones se quedan cortas con los posibles efectos de una bomba nuclear. La guerra declarada de un enemigo “invisible”, sin rostro, pero efectivo en sus ataques virales, tiene al mundo “boca abajo”. No es clasista, ni racista, mucho menos respetuoso de las personas de edad avanzada. Han muerto empresarios millonarios, blancos, negros y chinos, y ancianos o de la tercera edad. No tiene frontera alguna. Actúa libremente a sus anchas, y sin importarle edad, sexos o religión.
Pero ante esta “emergencia mundial” las grandes potencias y países desarrollados han tenido por razones existenciales que deponer actitudes o viejos conflictos, para sumar sus esfuerzos en la búsqueda de la vacuna o medicamentos que se puedan emplear en poco tiempo para detener sus avances y efectos negativos en la salud general de sus pueblos y en la destrucción de sus respectivas economías, atendiendo a la vez con sentido de urgencia la crisis petrolera internacional.
Dentro de este dramático cuadro crítico económico y sanitario, se encuentra la reiterada crisis humanitaria de Venezuela, el otrora país petrolero cuya fortaleza económica le permitía vender la gasolina más barata del mundo, un disfrute colectivo de un bien nacional. Líder de una economía capitalista, con sectores muy desarrollados en la industria automovilística, con un sector manufacturero creciente y moderno, una industria eléctrica entre las primeras del planeta, gas para exportar, y una mano de obra muy calificada en la industria de alimentos y fabricación de medicamentos y equipos médicos. Una clase media fuerte, integrada por profesionales.
Hoy todo eso se desvaneció como el agua entre los dedos, por causa de ejercicio pleno de un desgobierno corrupto, entreguistas, narcoterrorista exportador, integrado por una banda de delincuentes que han impuesto un peligroso narco y fallido estado.
Admirable la postura política solidaria y de cooperación, a pesar de tener su propia crisis institucional, que tiene vigente el presidente Trump, sus asesores de seguridad nacional, el Congreso de la Unión, el poder judicial en manos del fiscal general y de sus fiscales en Miami y Nueva York y los dirigentes políticos federales y estatales en apoyo franco y leal en su lucha contra el narcodictador Maduro. Igual postura han tenido el embajador Luis Almagro, en la OEA, y los países latinoamericanos que conforman el “Grupo Lima” y quienes conforman la Unión Económica Europea. A pesar de la crisis viral universal están firmes aportando todos sus esfuerzos e influencia para lograr la salida y derrota de la dictadura narcoterrorista. Algo admirable y estaremos altamente agradecidos.
Agradecemos las donaciones económicas y envió de material médico protector de USA a través de la ONU a nuestro país. El plan “José María Vargas” del presidente Guaidó está en plena acción para proteger a nuestros compatriotas.
En este día tan trascendental para la humanidad y para el pueblo católico, “Domingo de Resurrección”, apelamos a nuestra ferviente fe en Dios, para que ilumine, fortalezca y proteja a nuestro pueblo, a su presidente legítimo Juan Guaidó, a nuestros valerosos diputados de la AN, a los partidos políticos AD, PJ, VP, Nuevo Tiempo, Causa R, Vente Venezuela, ABP, PCD, entre otros soportes fundamentales de nuestra luchas y a la sociedad civil organizada, rectores universidades, Iglesia católica y evangélica, a los empresarios, comerciantes, trabajadores, profesionales y estudiantes. A la diáspora venezolana en el exterior. ¡En sus manos está el destino de Venezuela!
Finalmente, un reconocimiento muy especial a nuestros héroes anónimos en esta lucha sin cuartel contra el coronavirus en Venezuela, los médicos, enfermeras, paramédicos, personal auxiliar y trabajadores de la salud en todos sus niveles, al precio de arriesgar sus propias vidas, sin tener los insumos médicos, la debida protección personal, están al frente de su juramento de salvar vidas y derrotar la enfermedad viral.
Le pedimos a Dios, la Virgen del Coromoto, Patrona de Venezuela, con el refuerzo de Virgen de La “Chinita” del Zulia, la Virgen de la Divina Pastora en Lara, la Virgen del Carmen, la Virgen María Rosa Mística, la Virgen Del Valle, y la Virgen de La Paz, que sus mantos milagrosos cubran con la sangre de Cristo a estos fieles servidores del pueblo venezolano en sus jornadas heroicas en tiempos de adversidad. ¡Dios los bendiga! ¡Venezuela resucitará pronto!