Es posible que las siguientes anécdotas le resulten increíbles, pero son algunas de entre miles que padecen los inquilinos de habitaciones o “efices” alquilados en Hialeah, la Ciudad que Progresa.

Primera historia real: Perfumado con mentol

La habitación rentada por Mario, barbero de profesión, es parte de una casa donde viven los dueños junto a la abuela materna de esta familia; la anciana señora pasa las 24 horas de los 7 días de la semana impregnada de VapoRub, su marca de mentol favorita para combatir los dolores de artritis que padece. El aire acondicionado es central y el efficency de Mario está conectado a este servicio. Mario no tiene que usar colonia; el mentol de la abuela lo lleva en su piel y en su ropa. Cuando va a trabajar le preguntan si está enfermo.

Segunda historia real: La puerta cerrada

La habitación rentada por Anabel, peluquera de profesión, es parte de una casa enrejada totalmente donde vive una señora sola con seis perros. El primer día de alquilar el efficency contiguo a esta morada, la dueña le preguntó su horario de trabajo en el Salón de Belleza. La joven le confirmó que trabaja de lunes a sábado, de nueve de la mañana a seis de la tarde. Pero, el viernes negro; después del día de acción de gracias Anabel regresó a la casa temprano porque nadie visitó la peluquería. Se encontró la puerta de la reja que da a la acera, cerrada. Llamó a la dueña para que la dejara entrar y esta salió rápido y furiosa y le dijo: "Lo siento, tú dijiste que terminas a las 6:00 pm. A esa hora abro la puerta".

Tercera historia real: Prohibida la visita de niños

La habitación rentada por Natacha es parte de una casa que tiene un jardín enorme donde viven dos perros negros de raza rottweiler. Ella trabaja a medio tiempo o part time en una tienda por departamentos. En los días que no tiene trabajo acordó con su hermano mayor, quien tiene un empleo a tiempo completo, de cuidarle a su hija de tres años. Natasha recibió a su pequeña sobrina entre los ladridos incesantes de los caninos. Salió el dueño de la casa y le dijo que se llevara a la niña fuera de su propiedad para siempre porque él no quería problemas con la ley. Natacha no conocía que este hombre era un exdueño porque esa casa estaba perdida. Ahora le pertenecía a un banco. Este cabeza de familia fue notificado de un desalojo por falta de pago y a Natacha no le dijeron nada para seguir cobrándole la renta. Esta joven supo toda la verdad cuando llegó el sheriff.

Cuarta historia real: Cada gota de agua supervisada

La habitación rentada por Gina comparte una pared con el comedor de la casa donde habita una pareja cuarentona. La mujer no trabaja. Gina sí: hace todos los quehaceres domésticos en casa de un dentista. Tiene dos días libres a la semana y aprovecha para conversar un rato con una amiga que la visita. Mientras chismean un poco de todo, su amiga va al baño varias veces porque toma un medicamento para la presión arterial alta que evita la retención de líquido. En esta tertulia fueron seis ocasiones en las que la amiga de Gina haló la cadena del retrete, al menos fueron las veces que contó la dueña con la oreja pegada a la pared. Quien reclamó enfurecida porque ella es la que paga el agua y las mandó a chacharear a un parque.

Quinta historia real: No hay dinero de fondo

La habitación rentada por Juanito está detrás de una casa descuidada donde viven dos ancianas. Juanito cuida durante toda la madrugada el parqueo de un complejo de tiendas. Para vivir allí tuvo que pagar $850 por adelantado de la renta del mes que comenzaba y un fondo de la misma cantidad para posibles daños que este guardia de seguridad causara en el deteriorado efficency. Es decir, 1.700 dólares con la promesa de que al mudarse de allí avisaría un mes antes y el fondo le sería devuelto si todo estaba bien cuidado. Aunque no era posible destruir más aquella habitación, este hombre con su dinero la pintó completa, puso cerraduras nuevas, cambió los bombillos fundidos y quitó viejas manchas del piso. La esposa de Juanito lo sorprendió con la noticia de que llegaba de Cuba en dos meses y él buscó un apartamento para los dos. Avisó a las señoras 30 días antes de irse a vivir con su mujer para que le devolvieran el dinero en fondo. Fue estafado como muchos que callan. Lo habían gastado en un juego de sala nuevo y las dos ancianas no tenían como reponerlo.

Esta moneda tiene dos caras, la del arrendatario y la de los arrendados así que la historia pica y se extiende.

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