Continúan las anécdotas de inquilinos en los efficiency o “efices” de Hialeah, la Ciudad que Progresa. ¿Pagan por un placer o por una tortura? Usted dirá.

Celos que matan

Yuliet tiene 22 años y parece una modelo de revistas. Alborota las miradas en cada lugar que se presenta. Es recepcionista en la oficina de un abogado y vive en un “efice” con su novio en la casa de Cachita y Julián. Cachita es celosa al punto de que su esposo no puede saludar a la muchacha, y si coinciden en el jardín, Julián debe entrar literalmente corriendo. Cachita no había visto a Yuliet porque su novio rentó la habitación mientras su pareja estaba en el bufete. Esta señora vivía nerviosa por tanta belleza juvenil. Pero se le ocurrió un cuento chino, les dijo a estos enamorados que estaba vendiendo la casa y les daba un mes para mudarse porque ya tenía un comprador.

Comer siempre fuera

Armando tiene 40 años y es plomero. Vive en una habitación que solo tiene una cama y un minúsculo baño de 3' X 6'. No tiene cocina y este fontanero debe comer en la calle todos los días. Ni un café puede colar en su "efice" por el que paga $800 mensuales. Aceptó estas condiciones porque los que tenían cocina incluida costaban $1000. Él debe madrugar cada día para hacer una cola en una cafetería y desayunar antes de irse a trabajar durante 12 horas. Al llegar del trabajo, con el cansancio que trae encima, hace otra fila para comprar comida para llevar. Armando tiene familia que debe ayudar económicamente y por eso nunca almuerza.

El asma y el Clorox

Gladita es una cajera de un supermercado donde trabaja seis días a la semana y descansa solo los domingos. Desde niña padece de asma. Vive en uno de los dos “efices” que tiene la casa de Rebeca, una señora de la tercera edad. El aire acondicionado es central y una pequeña rejilla en la pared de la cabecera de la cama de la chica que llega casi al techo la abastece de este preciado servicio. Mientras descansaba durmiendo la mañana dominical, la dueña de esta morada humedeció con Clorox los tres baños que tiene dentro de la casa. Dejó este producto químico actuando durante cuatro horas y se fue a hacer las compras de comida de toda la semana. Gladita casi asfixiada, apenas podía respirar y tuvo que ir a la sala de urgencias del hospital más cercano. Rebeca cuando supo lo ocurrido le pidió que se mudara porque no quería enfermos en su casa.

“Efice o calabozo”

Vivian está pasando la etapa del climaterio o “menopausia”. Los calores y las sudoraciones que tiene la angustian demasiado. Trabaja haciendo arreglos florales a temperaturas muy frías para los demás. Ella las disfruta. Vive en un efficiency en la esquina derecha de una casona y frente a la puerta de esta diminuta habitación tiene un árbol frondoso que da sombra todo el día. Compró una butaca de esas que se llevan a la playa para aprovechar del aire fresco mientras se tomaba un jugo de naranja. El dueño de la vivienda, raudo y veloz, enfrentó a Vivian y le aclaró groseramente que ella pagaba solo por estar dentro del “efice” y que estar fuera de su espacio no le estaba permitido.

Estafa maestra

Pedro Juan es chofer de Uber. Alquiló un efficiency con varias utilidades incluidas por $900 dólares mensuales. Servicio de cable para televisión e Internet. Una cocina con un botellón pequeño o las populares “balitas de gas” que sería comprada por la dueña de la casa cada treinta días, y un reloj dentro de la habitación para medir por separado los gastos de electricidad. Este taxista estuvo de acuerdo. Pero al pasar unas pocas semanas comenzaron a desaparecer las comodidades pagadas como en hotel de Dubái. Desaparecieron los canales de tv y su conexión a la red. Cuando se terminó el gas y se lo dijo a la arrendataria, esta le respondió: “Cómpralo tú”, sin dejarlo explicar que era parte del trato. Cuando ella leyó el contador del gasto eléctrico hizo un cálculo estrafalario donde Pedro Juan debía pagar la corriente de toda la casa.

Créalo o no lo crea, hisorias como estas son tristemente muy comunes entre quienes rentan un efficiency en Hialeah.

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