Resulta sorprendente el día en que al leer o escuchar las noticias no se conozca de algún nuevo o significativo caso de corrupción; algo que al parecer se ha puesto de moda en estos tiempos y no reconoce fronteras.
Las experiencias muestran que existen diferentes formas de corrupción, aunque en su esencia sea una sola: corrupción. Tiene variadas causas, orígenes distintos y diversas formas de manifestarse
Resulta sorprendente el día en que al leer o escuchar las noticias no se conozca de algún nuevo o significativo caso de corrupción; algo que al parecer se ha puesto de moda en estos tiempos y no reconoce fronteras.
Tampoco es un fenómeno como para tipificar en algún país, sector social o tipo de individuos; porque la realidad es que se ha ramificado y toca a las puertas de mucha gente. Pero ya que abordamos el escabroso tema, comencemos por algunas de sus definiciones y características más interesantes.
La palabra corromper guarda relación con alterar, dañar, echar a perder o podrir. También se identifica con pervertir, que a su vez se vincula con viciar, seducir o incluso sobornar. En verdad son demasiadas definiciones con connotaciones desagradables.
Con cuanta frecuencia se escucha o vemos a través de los medios, informaciones o denuncias (a cualquier nivel) sobre hechos de corrupción, produciendo vergüenza ajena.
La descomposición moral se encuentra más extendida de lo que ingenuamente suponemos y el problema es que se mueve alrededor de nosotros con suficiente impunidad, hipocresía y muchas facilidades.
Sin dudas constituye una preocupación para nuestra contemporaneidad, pues continúa expandiéndose (enmascarada o abiertamente) en forma acelerada y por todos los países.
Sus consecuencias son nocivas porque la corrupción corroe el tejido social y se convierte en peligroso fenómeno de descomposición. En nuestros tiempos da la impresión, para los que conviven con ella, como de haberse convertido en regularidad de vida.
Las experiencias muestran que existen diferentes formas de corrupción, aunque en su esencia sea una sola: corrupción. Tiene variadas causas, orígenes distintos y diversas formas de manifestarse (domésticos o internacionales); pero siempre estarán presentes la ausencia o pérdida de valores, ambiciones desmedidas, necesidades insatisfechas o inseguridades personales.
También muestra la vulnerabilidad humana, especialmente en sociedades que están convulsionadas por crisis de valores; donde se manifiestan políticas desequilibradas o ambientes discriminantes y egoístas; muchas veces típicos de sociedades donde las riquezas de distribuyen inequitativamente.
La corrupción muestra deficiencias educativas o de formación ciudadana, que lleva a ciertos ciudadanos a proceder con tolerancia o complicidad hacia ella.
Hace desaparecer los principios éticos y la moral del ciudadano; estruja los más esenciales valores humanos, hace olvidar la honradez y la justicia; se afinca en el pernicioso hábito del engaño y con frecuencia utiliza el soborno como instrumento para hacer valer sus malsanos propósitos.
El corrupto impacta negativamente sobre la honradez y la transparencia en las relaciones sociales o de convivencia ciudadana; por lo general logra expandir sus ambiciones y promueve incalculables daños, porque es una enfermedad que contamina la trama y él urdimbre de la sociedad.
Sin embargo cuando la corrupción tiende a generalizarse u ocasiona el debilitamiento de las buenas costumbres ciudadanas y merma el respeto o solidaridad hacia la colectividad; todo apunta a la conveniencia de buscar las causas en razones de mayor peso y no sólo en una crisis de valores. Es cuando se hace necesario analizar con rigor y objetividad lo que acontece en la sociedad (económica, política y socialmente), porque ahí encontraremos las razones.
0tra frecuente vía utilizada por la corrupción es la de buscar dinero fácil o mal habido; existiendo diversas maneras de hacerlo; incluso algunas complejas y sofisticadas, entre las que aparecen personas relacionadas a los altos poderes económicos o políticos, al mundo de las finanzas o el mercado…
En los encumbrados sectores de la sociedad se originan sutiles procedimientos para conseguir sus propósitos; se utiliza la complicidad, el soborno y las jerarquías; esa corrupción se identifica como de cuello blanco y muchos la logran con éxito enmascarar.
Se expande la corrupción que se vincula a la violencia (promovido por el crimen organizado); desatando en su forma de operar procedimientos crueles y violentos, de manera de preservar sus corruptas actividades, intereses materiales y garantizar su desmedido afán de lucro.
En diversos países es ostensible el auge del narcotráfico, la expansión y fortalecimiento de los grupos mafiosos, la lucha a muerte por el control de las plazas, por la exportación de las drogas; se asesina cruel e insensiblemente, aumentan las estadísticas de los secuestros, se aprecia el mercado no legal de armas, el lavado de dinero, se ramifican los paraísos fiscal y otras tantas operaciones ilícitas tras la persecución del dinero.
Como van las cosas las acciones ilegales y corruptas tienden a sobrepasar en mucho a las legales. Son tiempos complejos en que se confunden organizaciones criminales con autoridades, instituciones oficiales, grupos económicos, políticos y otros profesionales.
No se puede perder de vista que la corrupción tiende a convertirse en hábito o incluso vicio; descomponiendo a la sociedad porque modifica o adultera los mejores valores y el accionar de las personas, haciendo desaparecer hasta los escrúpulos humanos.
Ciertos “políticos venales” en vez de realizar una entrega, cual sacerdocio a los intereses del pueblo, con frecuencia usan su posición de poder para lucrar en beneficio propio, y más tarde son capaces de presionar, o incluso reprimir a la ciudadanía que los colocó en tales posiciones.
Hay políticos sin convicciones, acomodados a privilegiadas posiciones, que en vez de interesarse en solucionar problemas relativos a los intereses de la comunidad, ocupan su tiempo para favorecerse en lo personal, o mejorar intereses de grupos económicos, color ideológico o filiación política.
Estas y otras situaciones posibilitan valorar, por qué en diversos lugares y ocasiones se manifiestan ante los procesos electorales, sentimientos de hastío o ausencia de credibilidad acerca de los partidos y candidatos para ser elegidos, debilitando sensiblemente la democracia.
Frecuentes son los políticos electos que más tarde ponen de manifiesto sus inconsecuencias de campañas; con el tiempo y los desengaños surgen las consecuencias en los crecientes niveles de abstencionismo electoral.
A muchas personas cuando se le habla de un político, por lo general reaccionan con mofa, aunque hacerlo así no sea correcto ni justo, pues en esa profesión como en cualquier otra existen muchas personas honorables, eficientes y magníficos servidores de la ciudadanía y claro está, no deben pagar justos por pecadores.
No debe quedar fuera en estas breves consideraciones la corrupción administrativa (en sus diferentes niveles), que en términos generales se caracteriza por el uso y abuso de influencias para favorecer (negocios, inversiones, licitaciones, o privilegiar personas (parientes o amistades cercanos); lo que señala una arbitraria y corrupta actuación nepotista y en ocasiones de contubernio.
El tema mis amigos lectores es amplio y complejo, posee además innumerables vericuetos y por supuesto, no hemos pretendido hacer cátedra ni agotarlo; sobre todo porque en muchos lugares la corrupción continua haciendo metástasis.
