MIAMI.- Tras las huestes que condujeron a España a ganar su segunda copa del Mundial de Fútbol y lo mucho que hemos visto de celebraciones y exabruptos, echamos mano de lo que grandes escritores, y pensadores, del Siglo XX opinaron sobre el deporte rey y otras manifestaciones deportivas.
Sabemos que tanto el fútbol como cualquier otro deporte es motivo de entretenimiento, incluso emoción, pero cuando el hecho, o los hechos, llegan al frenesí debemos tener en cuenta otros pormenores.
Empecemos por los que adoran, y defienden, la difusión del fútbol, el deporte en general.
Por ejemplo, Pier Paolo Pasolini (1922-1975) un destacado escritor, poeta y director de cine italiano; considerado uno de los intelectuales más polémicos y brillantes del siglo XX, desafió abiertamente las convenciones sociales, políticas y religiosas de su época a través de su obra multidisciplinar.
Y dijo: “el fútbol (eso que en EEUU llaman soccer) es un lenguaje, con gramática, sintaxis, estilos y poetas".
Otros famosos, el escritor franco angelino Albert Camus, creador de múltiples obras literarias, expresó: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol.”
No obstante, otros intelectuales del siglo XX consideraron el fútbol un espectáculo de masas, faltos de “contenido productivo”. Y dijeron mucho más.
El escritor argentino, Jorge Luis Borges (1896-1986), ganador del Premio Cervantes 1979; fue drástico: "El fútbol es popular porque la estupidez es popular."
En España, el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1934) señaló “el fútbol es el espectáculo que ha venido a sustituir a los toros.”
Ahora bien, conviene matizar esta cita. Unamuno no dedicó una crítica filosófica profunda al fútbol en sí. Su preocupación era más amplia: desconfiaba de los fenómenos de masas cuando fomentaban el conformismo o distraían de cuestiones culturales y espirituales. O sea, que si alguien resume su postura diciendo que Unamuno odiaba el fútbol es una simplificación.
Lo que realmente criticaba era el papel que podía llegar a desempeñar como entretenimiento multitudinario cuando eclipsaba el pensamiento crítico y la vida intelectual. O sea, eso que vemos hoy: grandes espectáculos para llamar la atención y precios de acceso sumamente altos que terminan enriqueciendo las arcas de unos y empobreciendo los bolsillos de otros.
Por otra parte, George Orwell (1903-1950) consideró, según reportan los archivos históricos, que los juegos internacionales avivan las pasiones chauvinistas, transformando a los atletas en meros representantes de la superioridad nacional y los calificó de "guerra sin disparos".
En su famoso ensayo El espíritu deportivo (1945), Orwell argumentó que el deporte de masas fomenta el odio, el fanatismo nacionalista y el deseo sádico de humillar al rival, alejándose por completo de los ideales de juego limpio y camaradería.
En la célebre novela 1984, Orwell utilizó el fútbol (junto con la cerveza y el juego) como un mecanismo clave para mantener distraídas a las masas y asegurar su sumisión política.
El irlandés Oscar Wilde (1854-1900), que vivió el auge el futbol que fue inventado por los ingleses, dijo: “El fútbol está muy bien como un juego para chicas rudas, pero apenas es adecuado para chicos delicados."
La cita se popularizó décadas después de su muerte y suele atribuirse a recopilaciones de epigramas y testimonios, por lo que algunos estudiosos consideran que la atribución no está completamente documentada.
Un gran amigo, que poco habla y cuando habla hace pensar, dijo: “Si el pueblo saliera a las calles, de la misma manera que sale para celebrar la victoria de un juego, no habría opresiones ni dictaduras”.