“Estómago fuerte para no vomitar”, Elmer confiesa al grupo que ese es su recurso para sobrevivir a las imágenes del televisor.
Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión
“Estómago fuerte para no vomitar”, Elmer confiesa al grupo que ese es su recurso para sobrevivir a las imágenes del televisor.
Todos estamos arracimados alrededor de la pantalla donde aparece Delcy Rodríguez, caminando, tranquilamente, por las calles de Nueva York, exhibiendo una sonrisa ensayada, que luce más como el rictus de una parálisis facial que como un reflejo de felicidad.
No sé si es jodedera cuando algunos le dicen a Elmer que se la está tomando demasiado en serio, que ya lo aclaró la congresista María Elvira: el caso de Delcy debe ser visto solo como un mal necesario no como una solución definitiva.
Elmer muestra desde su teléfono celular la foto histórica de Raúl Castro levantando la mano del presidente Obama durante la visita del presidente norteamericano a La Habana en marzo del 2016, “la prueba fehaciente de que estos circos no sirven para nada, despierten que la metida de pata está volviendo a suceder”, le restriega Elmer en la cara a los que le rebaten su pesimismo.
Elmer es venezolano y la mayoría de los que le acompañan frente al televisor son cubanos, estos le acusan de terco y hasta le piden “que ponga la luz larga, que mire para adelante”.
Elmer se burla de lo que califica como una luz de setenta años con la que los cubanos se han iluminado sin llegar a ningún lado.
Los cubanos dicen que no hay comparación, que Maduro está preso en Nueva York y Delcy es como un perrito amaestrado por Trump y Maduro.
“Igual es el chavismo en el poder... ganando tiempo con Diosdado Cabello agazapado, esperando a que el capitolio se vuelva contra Trump... los que tienen que encender las luces son ustedes”, contraataca el único venezolano del team de televisión de este canal local de Miami en el que trabajamos de lunes a viernes.
“Esos hijos de puta hoy son más ricos y aunque se besan en la boca con Trump, lo hacen con asco, no se engañen”, insiste.
Pedro, uno de los cubanos que critican a Elmer prefiere cambiar el tono de la conversación, “imagínense a Nicolás Maduro, desde allá arriba, mirando por el ventanuco del calabozo a su Delcy, paseándose por las calles de Nueva York como la reina regente”, imita a Maduro mientras grita “¡vos no sos Venezuela, más bien eres una usurpadora y traidora!”, jugando con uno de los errores más notables del dictador venezolano en el 2014 cuando la señal de auxilio, S.O.S., fue interpretada por Maduro como una palabra y no un símbolo en clave morse. El tirano entendió que se trataba de la variante en segunda persona del verbo ser y decidió conjugarlo ante miles de testigos.
Que coincidente que ahora todos, venezolanos y cubanos por igual, estén desesperados por saber que piensa el dictador enjaulado sobre la metamorfosis de su pupila: la mujercita que aupó como vicepresidente y que hoy se da estrechones de mano con el eterno rival del socialismo del siglo XXI.
Elmer dice que lo que más desea es que Maduro tenga un televisor en su celda, “así podrá haber disfrutado de Delcy asintiendo desde la silla, en el salón de la ONU, mientras Trump despotricaba contra él”
Pedro insiste en que Maduro es tan bruto que posiblemente todavía no se ha dado por enterado de que “lo echaron pa’lante”.
Elmer no lo cree así, dice que una cosa es ser bruto y otra comemierda, “desde el primer minuto en manos de los gringos ya tiene que haber sospechado que la traición vino de cerca y ahora resulta evidente que la novia de América es su Delcy”
La cosa deriva en comparar la situación de Venezuela con una hipotética solución para Cuba: Pedro se pregunta si alguna vez veremos al “cangrejo”, el nieto de Raúl Castro, paseando por Nueva York con guardaespaldas y hablando de la paz mundial, mientras su anciano abuelo, o quizás Díaz-Canel también, miran desde el ventanuco del calabozo de al lado de Maduro.
Nadie lo cree, “nos están dando agua”, dice Karel, “estirando el chicle para que revienten desde adentro”, el nuevo ponente no luce feliz, más bien contrariado, “total, cuando revienten, si es que sucede, igual se anotan el gol desde aquí afuera”
No le rebaten a Karel, ni siquiera Wilmer que antes había dicho que todo era posible.
Pedro sigue fantaseando con un arreglo entre Trump y la familia Castro, “el cangrejo tiene una hermana, Vilmita creo, a lo mejor mandan a la muchacha para que se cuele, mejor que el bruto del muchacho, dicen que es buena negociante y no es fea”
Elmer vuelve a la carga, la belleza no es importante a esta altura, lo que vale es lo dispuesta que este a entregarlo todo, “como la mona lisa del chavismo que ahora sonríe para las cámaras y se hace la sorda sobre las elecciones”
Karel bromea, “tuvo que meterse a esbirra porque para concurso de belleza no daba, y miren los zapatos plateados esos, parecen de playa”
Pedro quiere saber cómo le dirá Delcy a Trump, ¿mí su amo, o su merced?
Elmer cree que ya todo está hablado entre ellos, “esto es un paripé, lo que quiere es empoderarla, espantar a María Corina para que no intente colarse y joder la fiesta”
La pregunta entonces es general: ¿y dónde está María Corina Machado ahora mismo?
Elmer no tiene la menor idea...
Karell solo atina a resoplar...
y Pedro confiesa que ni sospechas tiene...
Desaparecida, o al menos invisible, entre los rumbos por los que se mueve, o más bien la fuerzan a moverse,
“Hasta ayer era una sombra, concluye Pedro, “hoy después del circo en Nueva York ya pasó a una categoría superior: María Corina ha engrosado las filas de los fantasmas, esos que solo sirven para meter miedo de noche”
