Hay personas que tienen un don especial para apreciar lo invisible. Jenice García es una de ellas. Donde otros ven un recién nacido inquieto o una sesión fotográfica complicada donde hay que coordinar a toda la familia, ella ve la oportunidad de capturar la magia de esos momentos que quedarán en un álbum.
Desde el sur de Florida, Jenice ha creado el proyecto My First Photo, un estudio para retratar a bebés y familias, donde las emociones se traducen en imágenes, pues, como afirmó, “cada sesión es un acto de amor”.
Originaria de Venezuela, Jenice llegó a Estados Unidos con el deseo de construir una vida mejor. Su cámara la ayudaría no solo a crecer como profesional, sino también a sanar, acompañar e inspirar a otros.
Según confesó, “al llegar a este país, lo único que tenía claro era que quería dedicarme a la fotografía y que no podía fallar. Había dejado todo atrás para comenzar de cero”.
Del amor de madre a su propósito de vida
“Maternidad: todo el amor comienza y termina allí“, dijo el escritor inglés Robert Browning. Justamente, el diagnóstico de autismo en uno de sus hijos le hizo comprender aún más el valor del amor como fuerza vital para seguir luchando. La noticia llegó a poco de comenzar su proyecto de fotografía. Pero lo que pudo haber sido un alto en el camino, se convirtió en motor.
“Ese momento me sacudió profundamente. Sentí miedo, confusión, y una enorme incertidumbre. Me pregunté si podría seguir con mi negocio y, al mismo tiempo, ser la madre que mi hijo necesitaba”, reveló la fotógrafa.
¿Cómo lo afrontó? Jenice reformuló su manera de trabajar, adaptando su estudio para recibir a todos con el mismo respeto y dedicación, sin importar las particularidades de cada niño. De ahí que cuando llega la hora de definir su estética, resalta el componente emocional: “La fotografía es una herramienta para sanar”.
Esa experiencia marcó su forma de ver la fotografía. Ya no se trataba solo de lograr una buena toma, sino de ofrecer una vivencia inclusiva y amorosa. De hecho, muchas familias con niños neurodiversos encuentran en su estudio un espacio seguro, donde prima la empatía.
“Muchos padres de niños neurodiversos evitan las sesiones profesionales de fotos porque sienten que sus hijos no serán comprendidos. Mi misión es cambiar esa percepción”, afirmó al respecto.
El amor a través del lente
Quienes han pasado por su lente suelen quedar sorprendidos por la serenidad del ambiente. Hay algo casi hipnótico en la manera en que Jenice se comunica con los bebés. Sin palabras, sin urgencias. Cada gesto, cada pausa parece diseñada para honrar el ritmo natural de esos pequeñines.
Su habilidad para sortear con tranquilidad estos escenarios tan complejos como dirigir una sesión de fotos con un bebé que no responde a comandos como en el caso de los adultos, parte de una experiencia de más de ocho años. Jenice ha perfeccionado una metodología que combina técnica, mucho instinto y una sensibilidad enorme.
“Cada familia que entra a mi estudio se lleva más que una foto. Se lleva una experiencia donde su historia importa, donde cada bebé es una obra de arte, y donde cada madre se siente comprendida”, afirmó García, que tiene en su haber más de mil sesiones fotográficas anuales.
Además de liderar su equipo, Jenice también ha decidido compartir lo que sabe. Su academia en línea, lanzada en 2025, es una importante guía para esos fotógrafos que buscan aprender más allá de la técnica: allí se enseña a mirar con el corazón, a conectar antes de disparar, a respetar cada instante como si fuera único.
En sus redes sociales, con más de 13 mil seguidores y cientos de comentarios positivos, se ha convertido en una voz confiable para familias que buscan inspiración y, por qué no, herramientas para aprender a documentar la infancia de manera más efectiva.
Hay algo peculiar en su trabajo que trasciende el plano de la fotografía, y es que sus imágenes evocan sensaciones y mensajes que van más allá de las poses. Cada fotografía es una especie de canción de cuna que recuerda que la belleza esencial suele estar en los detalles más pequeños: una manito cerrada, un bostezo, unos ojos que se abren al mundo. Esos son los recuerdos que una madre atesora para siempre.
“Hay muchos fotógrafos talentosos, pero lo que diferencia una experiencia realmente significativa es la intención detrás de cada clic. Estoy aquí para servir a las familias, para crear memorias que hablen de amor, de ternura y de vida”, acotó.
Conozca más en Instagram: @myfirstphoto y en www.my1stphoto.com