MIAMI.-Hace 23 años, el 5 de agosto de 1994, Fidel Castro, desde el Malecón de La Habana, se dirigió a los cubanos de la isla y como casi siempre, a los cubanoamericanos. Lo hizo después de que varios miembros de sus tropas militares y paramilitares, uniformados unos y disfrazados de civiles los otros, reprimieron a una multitud que espontáneamente se atrevieron a manifestarse contra el hambre y la desidia extremas que primaban en ese momento, que él mismo bautizó con la frase eufemística de “Periodo Especial”, esa increíble plaga de tristeza a la que la testarudez, el odio y el ego del caudillo habían empujado a la nación, en ese momento ya sin el apoyo de la desaparecida URSS y sus satélites del Europa del Este.

Ese día, realmente tan raro como caluroso, Oscar Suárez, entonces periodista del Noticiero Nacional de Televisión, estaba filmando un reportaje en Centro Habana, a unas pocas cuadras del Malecón, donde sostendría, gracias al azar o a los misterios del subconsciente, un breve pero trascendente diálogo con el caudillo.

“Recuerdo que la mañana había amanecido enrarecida. El ambiente se sentía tenso después de la masacre del remolcador 13 de marzo, y otros intentos de robo de embarcaciones para escapar de la isla. Corrían decenas de rumores de nuevos asaltos a lanchas del Estado. La atmósfera iba tomando temperatura. Varios equipos de noticias de la TV cubana fuimos enviados a diferentes puntos de la capital habanera. Se estaba esperando algo que de pronto se disparó”, recordó Suárez, exiliado en Miami desde hace más una década. Y agregó:

“En la zona comercial de Centro Habana, las calles Neptuno y San Rafael, se habían registrado roturas de vidrieras y saqueos. Cuando veníamos avanzando por la Calle San Lázaro en dirección a Galeano nos encontramos a cientos de personas que gritaban ‘Libertad, libertad’. Nunca había visto una calle tan concurrida y sobre todo tan valiente. No tenían miedo a nada. Era impresionante. Recuerdo que nos decían: ‘Graba, graba esto’ mientras seguían avanzando hacia el Malecón habanero. Nunca se había visto eso en Cuba. Nadie podía imaginarlo”.

Suárez emplazó la cámara en el portal del Hotel Deauville para tener una mejor perspectiva visual de las calles Galeano, San Lázaro y Malecón. Estaba seguro de presenciar algo inédito:

“Aquel 5 de agosto del 94', cuando la Habana se lanzó a las calles, parecía que el régimen se venía abajo. Logré unos planos tremendos y junto a mi equipo de noticias, después de hacer cientos de maniobras, calle Colón abajo y luego caminando a contra vía por el Paseo del Prado, finalmente pude entrevistar a Fidel Castro que ya estaba rodeado de cientos de agentes. La escena fue una de las bravatas que Fidel solía mostrar en público. Y nunca olvido su respuesta a una de las ocasionales irreverencias que pude hacerle sin que me costara muy caro, mientras fui periodista de la TV cubana”, advirtió.

El gobernante, acostumbrado a preguntas complacientes y a ridículos elogios, no imaginó que el periodista le preguntaría si pensaba abrir otro Mariel (éxodo masivo de 1980), pero su astucia de viejo dictador supo aprovechar rápidamente la oportunidad de aquella pregunta que se hizo clave:

“Me respondió que no iba a cuidar más las fronteras de Estados Unidos. Y así abrió el banderín para que miles de hombres y mujeres se lanzaran al mar en cualquier medio que flotara para llegar desesperadamente a Estados Unidos. Yo me di cuenta”.

“Después de aquellas declaraciones, Fidel se fue directamente al edificio de la Televisión Cubana donde junto a un panel de sus periodistas favoritos y de mayor confianza, le hicieron las preguntas que disfrutaba escuchar. Sólo esas. Y él dijo lo que quería decir sin importar que a veces le preguntaran otra cosa. Era su show”, relató Suárez, quien además de desempeñarse como reportero y productor en el Sur de Florida, es el autor del popular blog Universo Increíble http://blog.universoincreible.com/ como se llamaba su programa que semanalmente emitía la TV cubana desde los años 90’.

A la salida del estudio donde compareció, parados en el pasillo, estaban todos los reporteros del Noticiero de Televisión (NTV), pues les habían dado la orden de esperar al Comandante para saludarlo y adularlo al terminar su alocución.

“En efecto. Al salir fue directamente hacia nosotros y una periodista (prefiero obviar por el momento su nombre) le dijo muy coqueta: ‘Comandante, qué valiente es usted, con tantos tiros y piedras que había en todos esos lugares’. Su respuesta fue una de las clásicas del tipo duro, con cierta dosis de modestia aparente. Y ese fue el momento que este periodista aprovechó, recordando al gran escritor español Francisco de Quevedo, cuando dijo aquello de a una reina minusválida, lo de ‘entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es coja’. Claro que mi frase fue más popular y con un doble sentido que me salvaría el pellejo, pero en ese momento ni lo pensé: ‘Comandante, como dice un amigo mío, usted nunca se va a morir, a usted hay que matarlo’, le dije. Y él me miró serio. Gracias a Dios, esa frase tiene una doble lectura. Una es como decir que es muy valiente, y la otra lectura es obvia”, explicó Suárez.

“Pero lo mejor de todo fue su respuesta, que desde entonces me había prometido publicarla el día que se marchara de este mundo, sin cumplirla, como sucedió. Recuerdo que palmeándome el hombro izquierdo me dijo: ‘A mí nunca me gustaría morirme en la cama’. Y aquello fue como una sentencia. Pero mira tú. Pura mitología. Claro, ahora los suyos dirán que cuando dejó de respirar estaba hablando con Venezuela, o con algún personajillo en Colombia. La verdad nunca se sabrá, pero lo cierto es que ya no está, y que Dios nos perdone, pero sólo los buenos no se marchan”.

El encuentro con los periodistas fue filmado y el diálogo entre Castro y Suárez fue publicado en la emisión estelar del NTV a las 9 de la noche. Pero dos horas después, los jefes del Noticiero le informaron a Suárez que en la emisión final (sobre la medianoche) no se publicaría otra vez, pues un mensaje del Comité Central lo había prohibido alegando que el video animaba a la violencia contra el Comandante.

“En fin, lo más importante de esta historia es que Fidel me respondió con aquella frase como si fuera un hecho, una especie de promesa que tampoco cumplió. Y hoy, que analizamos su real comportamiento, vale decir que era una sus mayores características: prometer mucho y cumplir muy poco”, precisó Suárez.

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