BUENOS AIRES.- Juan Pablo Escobar es también Juan Sebastián Marroquín Santos, el nombre que eligió cuando decidió no seguir el legado de su padre, el narcotraficante colombiano Pablo Escobar.

"La opción lógica en esa cultura mafiosa era continuar el camino de mi padre. Pero cada acción violenta suya se volvía en contra de nosotros", contó en entrevista con dpa.

"Yo, supuestamente, estaba disfrutando de la fortuna que teníamos pero no podía moverme por cuestiones de seguridad. Qué sentido tenía ingresar en esa vida en la que vivíamos escondidos y cada vez más pobres".

Escobar acaba de publicar en Argentina su libro Pablo Escobar in fraganti. Lo que mi padre nunca me contó, para el que tomó contacto con "personas que directa o indirectamente estuvieron involucradas en las actividades" delictivas de su padre. La obra será presentada en España y otros países de Europa en marzo.

"El primer libro que escribí (Pablo Escobar, mi padre) retrata su historia desde el nacimiento hasta su muerte, pero este segundo muestra otra cara de la moneda: la de los lazos de corrupción internacional en los que mi padre tenía una activa participación, entre ellos con la CIA" estadounidense, sostuvo.

Escobar hijo asegura que "aquellas organizaciones internacionales que debían perseguir" a su padre "eran prácticamente sus socios", algo que le permitió "entender de dónde salió semejante poder económico y militar" de un hombre "que se dio el lujo de desafiar a todo un Estado" como el colombiano.

La "vida normal" de Juan Pablo Escobar y su familia se terminó, dijo, el 30 de abril de 1984, cuando su padre ordenó el asesinato del entonces ministro de Justicia colombiano, Rodrigo Lara Bonilla, durante el gobierno del presidente Belisario Betancur. "Asesinar a Lara le dio, de algún modo, sentido a su vida. Fue como decir 'voy a ser un bandido por siempre'", reconoció su hijo.

Juan Pablo Escobar es hoy amigo de Roberto Lara, el hijo menor del ministro. "He tenido experiencias de reconciliación con personas a las que mi padre les hizo sentir su violencia", señaló. Ese acercamiento a las víctimas fue reflejo en el documental "Pecados de mi padre", que recibió varios premios.

Pablo Escobar se convirtió en el narcotraficante más poderoso del mundo en la década de los 80. Al frente del Cártel de Medellín cometió al menos 6.000 homicidios, según revelaron algunos de sus sicarios, entre ellos el magnicidio de Luis Carlos Galán, candidato presidencial. También logró poder por medio de la política y llegó a ocupar un escaño en la Cámara de Representantes.

Murió el 2 de diciembre de 1993 tras un operativo policial. Se encontraba cercado por el gobierno de César Gaviria (1990-1994) tras fugarse un año antes de una cárcel "de lujo" que él mismo había construido.

Días antes la familia Escobar había intentado escapar a Alemania, donde se habían radicado un hermano y un sobrino del narcotraficante, pero las autoridades se lo impidieron. El gobierno colombiano, relató Juan Pablo, los mantuvo detenidos como "carnada" para atraer la atención de su padre, que a esa altura era el hombre más buscado del país y el mundo.

En sus últimas horas de vida, Pablo Escobar llamó siete veces a su familia. Las comunicaciones fueron interceptadas por las fuerzas de seguridad y permitieron su hallazgo. "Haber llamado tantas veces a su familia representó un suicidio. Pero también supe por los forenses que analizaron su cuerpo que mi padre se disparó, no fue asesinado como dice la historia oficial. No tengo dudas de que se suicidó", contó su hijo.

Según Juan Pablo Escobar, este libro deja ver otro "aspecto fundamental" y es "el amor" con el que fue "criado por su padre", quien cuando tenía siete años le confesó que era un "bandido".

"Mi papá tenía la particularidad de inculcarte valores que no practicaba. Se molestaba si no decías gracias o por favor, pero por otro lado estaba mandando a matar a quien fuera. Soy el resultado de su educación y su amor. Nunca me dijo que siguiera su camino", explicó.

Escobar hijo, junto a su madre, María Isabel Santos, y su hermana, Manuela, llegaron a la Argentina en 1994 tras un breve paso por Mozambique. En Buenos Aires, donde vive hace 23 años, se graduó como arquitecto y diseñador industrial, profesiones a las que se dedica. Está casado y tiene un hijo de cuatro años que reconoce a su abuelo cuando aparece una imagen suya en la televisión. En esas ocasiones, cuenta, le da un beso a la pantalla.

"A mi hijo le explico que su abuelo era narcotraficante pero, al mismo tiempo, me dedico a transferirle el mismo afecto que me dio mi padre. La historia que aparece en las series de televisión es una oda a glorificar y otorgarle glamour a una realidad que fue otra distinta. Cuanto más dinero teníamos, más pobres vivíamos. No nos escondíamos en mansiones. Mi vida no tenía ese glamour de las series", afirmó.

FUENTE: dpa

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