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MIAMI.- Resumir la historia de cualquier país en pocas palabras es imposible, pero sí podemos escribir un breve recuento y recordar que la nación cubana comenzó a gestarse en 1492, cuando España ocupó el territorio de la isla y luego criollos y esclavos originaron la nueva estirpe, hasta alcanzar la independencia cuatro siglos después, el 20 de mayo de 1902.

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Entonces, el antiguo palacio de los Capitanes Generales, en La Habana, sitial de los 65 capitanes generales enviados por España para gobernar a Cuba, acogió a distinguidos visitantes, embajadores, altos oficiales del Ejército Libertador y las fuerzas estadounidenses, que ocuparon el territorio cuatro años antes, para presenciar el nacimiento de la república.

Pero antes que el acto de autonomía sucediera, la guerra de liberación tuvo su grito inicial en la voz de Carlos Manuel de Céspedes, nieto de españoles, el 10 de octubre de 1868. Fue una ardua batalla que tuvo a muchos seguidores, tan bravos como Antonio Maceo y magistrales como José Martí.

Tras la entrada, aún inexplicable, de las tropas estadounidenses en el escenario bélico y la posterior ocupación militar de la isla, los cubanos lograron alcanzar un acuerdo con los vecinos del norte para declarar la deseada autonomía.

De hecho, no fueron pocos los que trataron de influir en las decisiones del Congreso estadounidense para que Cuba fuese territorio de Estados Unidos.

Sin embargo, venció la cordura y el bien cuando el presidente estadounidense William McKinley firmó la Resolución Conjunta que declaraba, el 20 de abril de 1898 “…que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”.

Aseguran los historiadores que el día escogido fue el 20 de mayo por ser el día posterior al 19, cuando se conmemora la muerte en combate de Martí, el apóstol de la Independencia.

No quedan testigos del que muchos aseguraron fue un hermoso mediodía, cuando la bandera cubana ondeó por primera en el Castillo del Morro y el primer presidente elegido, la esperada promesa de la nueva república, Tomás Estrada Palma, tomaba posesión de la presidencia, rodeado de grandes figuras, entre las que destacó la del generalísimo Máximo Gómez.

“Al señalar los relojes las 12 de la noche, anunciando el 20 de mayo”, recogió el historiador Juan Martín Leiseca, “repicaron las campanas, el pueblo llenó las calles y atronaron el espacio estampidos de cohetes y gritos de entusiasmo y gloria. ¡Era el día de la libertad!”.

Entonces la nación comenzó el largo periplo por dejar atrás las huellas del colonialismo y avanzar hacia el desarrollo socioeconómico y político, aunque llevara a cuestas la orden de la Enmienda Platt que establecía la creación de “estaciones navales estadounidenses en ciertos puntos determinados”

Como planteó el analista Martín Rodrigo y Alharilla: “En la demarcación de los límites de la identidad cubana, en la elección de tradiciones y valores culturales hispanos se establecieron las fronteras respecto a los otros frente a los que Cuba tenía que definirse y defenderse, España, por un lado, y Estados Unidos, por otro, que ejercía una poderosa atracción intelectual y política para algunos intelectuales de la isla”.

La fecha del 20 de mayo de 1902 sobrepasa la importancia del evento histórico. Ese día se mostró el triunfo de la razón y se sentó un ejemplo de victoria ante los artificios políticos.

República

El país logró encaminar sus vías hacia el desarrollo y estableció unas normas sociopolíticas, urbanísticas y económicas que fueron ejemplos en la región entonces.

No obstante, la política nacional continuó siendo agitada. Mientras obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales planteaban sus inquietudes y el país los asumía paulatinamente. Otra parte de la sociedad gobernante vivía a espaldas de la realidad, sin darse cuenta que un peligroso caldo de cultivo se gestaba.

La sucesión de gobiernos constitucionales, alternados con golpes militares, alcanzó el clímax detonante en los años 1950, cuando Fulgencio Batista asumió el poder por la fuerza, tras haber sido presidente constitucional en 1940.

El nuevo régimen político, aún cuando respetó la presencia del Congreso nacional y partidos políticos adversos, endureció las reglas contra la disidencia, que tuvo al populismo desenfrenado de un grupo de revolucionarios, dirigidos por el abogado Fidel Castro.

Derrocado Batista, los revolucionarios liderados por Castro asumieron el poder en medio de un fuerte apoyo popular, que tampoco logró percibir el peligro que se avecinaba.

Mientras tanto, el caldo de cultivo comenzaba a dar sus primeros frutos: la nacionalización de empresas, la expropiación de bienes y la institucionalización de la educación y la política, bajo los parámetros del Estado, basada únicamente en lo que denominaron “ideología marxista leninista”.

Desde entonces, perdura la existencia de un único partido político, la falta de libertades civiles y el control institucional de los medios de comunicación masivos, después de penosos episodios que castigaron a miles de cubanos con el fusilamiento y la expropiación de bienes que arrojaron a dos millones de cubanos de la isla a emigrar por diversas vías.

Hoy, lejos de poder mostrarse al mundo como país libre y próspero, a 119 años de iniciada la República, abunda la pobreza y la opresión, el encierro y la mordaza, el autoritarismo.

Nadie imaginó el 20 de mayo de 1902 que un siglo después de haberse establecido la República, los cubanos tendrían que seguir luchando por sus derechos cívicos y humanos.

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