MIAMI.- Los cubanos que reconocen la fecha del 20 de Mayo, que son la gran mayoría, como el día en que Cuba alcanzó su independencia de España, no han permitido que el régimen castrista borre de un plumazo el significado de esa conmemoración. A pesar de errores y circunstancias que serían señalados más tarde dentro de ese proceso emancipador, es claro que no existe otro momento que marque un antes y un después en la historia republicana de la isla.

Así lo cree Salvador Romaní, para quien el significado de ese día pone de relieve una mayor necesidad de recuperar la libertad que se logró con sangre a principios del siglo XX y que se diluyó el 1ero. de enero de 1959, cuando el castrocomunismo llegó al poder en la isla. Su teoría, controversial como él mismo la estima, presenta dos acciones básicas: “transacción y transición”.

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El periodista y activista por la causa del pueblo cubano, hoy con 87 años, considera que “no hay proceso político de una perfección al 100%”. Por tanto, opina, “el esfuerzo sostenido de esa generación de cubanos que en una lucha desigual y, finalmente ayudados por el Congreso norteamericano, acortó notablemente el período colonialista [español] en Cuba”.

Pero dando un brinco largo en la historia, Romaní, quien muy joven debió huir de la represión impuesta en la isla por la dictadura para luego radicarse en Venezuela, pone sus ojos sobre el momento en que se establece un régimen que llegó al poder mediante engaños y esperanzas de una mejor vida, que todavía esperan “muy pocos miopes”.

De aquella época de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando se gestó y consolidó la independencia de los cubanos, el veterano comunicador resalta la “calidad excepcional, no solo por su vocación patriótica, sino también por su ejemplo de patriotismo”, de quienes permitieron la hazaña libertadora. El sueño de José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y miles de mártires anónimos se había cumplido y ya hoy no es palpable.

Un pueblo sin libertad

Romaní tiene la certeza de que “[los cubanos dentro y fuera de la isla] llevamos cuatro generaciones de esta tragedia” y cita una frase que se utiliza como un rótulo por quienes lideraron la mal llamada ‘revolución’ desde aquel 1ero. de enero de 1959: “El pueblo alcanzó la plena independencia”.

A su juicio, “esa es una gran mentira porque a partir de esa fecha lo que realmente se alcanzó fue la plena dependencia de la antigua Unión Soviética y de Venezuela”, y va más a fondo cuando asegura que “estamos frente a un régimen chupóptero, que siempre ha dependido de potencias”.

De hecho, para el gobierno implantado por los Castro y su camarilla de colaboradores la fecha de la independencia está “prohibida” y es una “verdad” que el día que “veneran” como el momento en que Cuba habría alcanzado su libertad es aquel cuando bajaron de la Sierra Maestra unos guerrilleros que se tomaron el poder en la isla para “cambiar todas las costumbres de un pueblo”, argumenta Romaní.

Desde entonces, “este es un sistema que depende totalmente del exterior, sobre todo de las remesas de miles de cubanos del destierro y que se financia con los negocios de la estafa médica”, de acuerdo con quien lejos de Cuba, primero en Venezuela y más tarde desde Estados Unidos, sigue aportando luces a la lucha para lograr el retorno de la democracia a su país.

“Transacción y transición”

Romaní resalta que el régimen cubano ha “sabido mantenerse en el poder” por 61 años. Más aún, cree que la dictadura castrista, con supuestos “gestos de buena voluntad”, ha proyectado “con algún acierto” una supuesta “imagen positiva” en gran parte del mundo, especialmente a través del “tráfico de médicos”.

Sin embargo, el activista y comunicador no duda que “el castrismo es lo peor que le ha pasado a Cuba” y se remonta a los “miles de fusilamientos” ocurridos en la fortaleza de La Cabaña y también a los “miles de muertos” que yacen en las profundidades del Estrecho de la Florida, además de otra gran parte en los periplos por Latinoamérica, tratando de arribar a los Estados Unidos.

Por tanto, su tesis de “transacción y transición” la considera una “solución a la vista” para “ponernos de acuerdo las nuevas generaciones con el destierro militante” y llegar a un estado de “perdón y olvido”.

En ese sentido, Romaní remarca como ejemplo que “muerto [Francisco] Franco en España se consolidó una democracia donde hubo perdón y olvido”.

Y anota: “Cuando digo esto, alguien preguntará ¿cómo quiero que olvide el fusilamiento de su padre o de su hermano? A lo que acto seguido, responde: “Esa es la trampa en la que estamos envueltos. Si se trata de recuperar la República de Cuba, para impulsarla a su nuevo desarrollo, hay que perdonar y olvidar”.

Romaní es del criterio de que “nos queda la esperanza de que muerto Raúl Castro y esa generación, el régimen se abra evolutivamente a una transacción que nos lleve a una transición”.

“No es un juego de palabra. Se puede llegar a la transición, pero primero transar, cuando se hace con dignidad es plausible”, subrayó.

Tarea pendiente

En el contexto planteado por Romaní, las nuevas generaciones, “esas que no vivieron lo que nos tocó vivir a nosotros con el destierro”, juegan un papel que califica de “primordial”.

Dice que como Martí, Maceo o Gómez, entre muchos otros que ofrendaron sus vidas por alcanzar la independencia de la isla, es necesario que surjan “nuevos líderes”, entre los que resalta la tarea que viene cumpliendo el activista José Daniel Ferrer.

“José Daniel Ferrer es un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones cubanas, la tercera y cuarta generación, que no sabe lo que significó la democracia en Cuba, lo que se conquistó, porque no lo vivieron”, apuntó.

Las nuevas generaciones piensan que –dice el activista– “si salen a las calles a protestar los meten presos; no saben o quieren saber qué pasó en la década de 1960 y cuántos miles de cubanos fueron fusilados en La Cabaña y cuántos miles llenaron las cárceles cubanas”.

dcastrope@diariolasamericas.com
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