Alexander Enrique Granko Arteaga: entre el cinismo y la represión
El rastro de Granko Arteaga se ha borrado de alguna manera de las redes sociales y de internet, familiares de las víctima solicitan que no se olvide ese nombre
Alexander Granko Arteaga, jefe de la DGCIM, habría dirigido el crimen del teniente Ronald Ojeda en Chile. @TAMARA_SUJU
Alexander Enrique Granko Arteaga, conocido dentro y fuera de los cuarteles como “Barba”, es hoy uno de los nombres más temidos del aparato de seguridad venezolano. Coronel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y figura clave de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), su trayectoria está marcada por ascensos meteóricos, denuncias de tortura y un historial de sanciones internacionales que lo sitúan en el centro del sistema represivo del régimen de Nicolás Maduro.
El rastro de Granko Arteaga se ha borrado de alguna manera de las redes sociales y de internet. No aparece con frecuencia en público, y algunas personas de su entorno más cercano aseguran que no se deja fotografiar. Intenta cambiar de aspecto, dejándose el pelo más largo, la barba más larga y luego la corta. Esconde sus facciones con gorras, cascos de motocicleta o vestimenta militar. Algunas de las personas que le han seguido su trayectoria aseguran que suele pintarse el cabello de diferentes tonos, con el fin de no ser reconocido. En la página de dateas.com Venezuela, en la que se puede conseguir información precisa de las personas que están inscritas en el Consejo Nacional Electoral, así como su número de Cédula de Identidad y lugar de nacimiento, él no aparece. Solo aprece su hermano menor Luis Ignacio Granko Arteaga.
Nacido en Puerto Cabello, estado Carabobo, en 1981, Granko se formó en la Academia Militar de la Guardia Nacional Bolivariana, donde destacó entre los primeros de su promoción. Su carrera comenzó en puestos periféricos, pero pronto fue absorbido por la estructura de inteligencia militar. Desde 2017 dirige la División de Asuntos Especiales (DAE) de la DGCIM, una unidad señalada por organismos internacionales como epicentro de detenciones arbitrarias, interrogatorios violentos y desapariciones temporales.
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#Venezuela .... El Criminal de Lesa Humanidad Alexánder Granko Arteaga quiere borrar su historial... El hombre de la barba, que ha hecho un Imperio con el Oro, y el tesoro de guerra que le pagan por su lealtad, es uno de los Funcionarios del Régimen más ricos de Venezuela. Le… pic.twitter.com/7O2HsnVkRh
Es un seguidor fiel del régimen chavista y su lealtad y proceder lo han llevado a posiciones de poder, mostrando un enriquecimiento que no se relaciona con su sueldo de funcionario público. El régimen venezolano lo ha blindado políticamente. En enero de 2025, Granko fue condecorado por Nicolás Maduro en Miraflores con la Orden Bicentenario de la Victoria de Ayacucho, un gesto que el mandatario presentó como un homenaje a los “enemigos del imperialismo”. La ceremonia lo mostró sonriente, con su característica barba larga, recibiendo aplausos junto a otros funcionarios también sancionados.
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En un video de Venezolana de Televisión del 5 de enero de 2025, se observa el momento cuando el Coronel Alexander Enrique Granko Arteaga recibe la Orden Bicentenario de la Victoria de Ayacucho, por parte del dictador Nicolás Maduro. Al fondo se observa a Cilia Flores aplaudiendo al militar y a su lado está Delcy Rodríguez.
A su controvertido historial se suman acusaciones de enriquecimiento ilícito. Diversos reportes lo vinculan con la acumulación de una fortuna difícil de justificar y con inversiones en actividades deportivas y culturales, entre ellas el Fútbol Club de la Universidad Central de Venezuela, lo que analistas interpretan como intentos de legitimación social o lavado de capitales.
El poder de la familia Granko también se ha expandido. En octubre de 2024, su hermano Luis Ignacio Granko Arteaga fue designado presidente del Instituto Nacional de Transporte Terrestre, un cargo estratégico dentro del Estado venezolano.
A sus 44 años, Alexander Enrique Granko Arteaga representa la consolidación de un modelo de seguridad basado en la lealtad política y la represión. Su nombre es hoy un símbolo del funcionamiento interno de la DGCIM y de la forma en que el chavismo premia a quienes sostienen, desde las sombras, el control del poder.