En la primera vuelta, en la que además de Bolsonaro y Lula había otros nueve candidatos a la presidencia, se registraron un total de 5.452.650 votos no válidos o nulos. Esos sufragantes y los que respaldaron a Simone Tebet (4.915.420), así como a Ciro Gomes (3.599.285) podrían ser los que decidan si el derechista se mantiene en el poder o si el izquierdista, acusado de participar en uno de los mayores esquemas de corrupción del mundo con Petrobras y Odebrecht, vuelve a gobernar al país más grande de Sudamérica.
Aunque algunas de las encuestas proyectadas hacia la primera ronda avizoraban la necesidad de un balotaje, muchas otras daban a Lula con mayor ventaja y con oportunidad de ser electo el pasado 2 de octubre.
Sin embargo, la diferencia entre el izquierdista y el actual presidente fue apenas de 5,3 puntos porcentuales, donde se evidenció un respaldo a Bolsonaro pese a que su popularidad -según estudios- cayó desde la pandemia. La diferencia antes de la primera vuelta, según las consultas, eran de hasta 14 puntos porcentuales.
Bolsonaro escribió en Twitter un día después de la primera ronda, y señaló que "contra todo y contra todos" consiguió un "voto más expresivo" que de las elecciones de 2018.
"¡Fueron casi 2 millones de votos más! También elegimos el mayor número de representantes en la Cámara y el Senado, que era nuestra máxima prioridad en primer lugar", escribió el presidente.
El ‘bolsonarismo’ se afirma como una fuerza política más vigorosa de lo que se predecía en Brasil, por lo que el mandatario criticó las encuestas, aunque no el sistema electoral.
"Mucha gente se dejó llevar por las mentiras propagadas por los institutos de encuestas, que dejaron la primera vuelta completamente desmoralizada. Todos los pronósticos fueron erróneos, y ellos ya son los mayores perdedores de estas elecciones. Nosotros vencimos esa mentira y ahora vamos a ganar la elección", añadió Bolsonaro.
"Esta disputa no solo decidirá quién asumirá el cargo los próximos cuatro años. Esta disputa decidirá nuestra identidad, nuestros valores y la forma en que nos verá el mundo y el propio Dios. Luchemos por la libertad, por la honestidad, por nuestros hijos y por Brasil", añadió.
El presidente en función de Brasil admitió que "muchos votos" por Lula demostraron una "voluntad de cambio por parte de la población", afectada por los aumentos de precios, especialmente en productos de la canasta básica.
Pero dijo que demostrará que la economía "se está recuperando" y advirtió que un cambio "puede ser para peor", poniendo como ejemplo la realidad económica de otros países de América del Sur que eligieron gobiernos de izquierda, sin mencionar directamente a Cuba, Venezuela, Nicaragua o más recientemente a Colombia, donde hace unos meses triunfó el izquierdista Gustavo Petro. Desde entonces, el peso colombiano se ha devaluado y ha encarecido el coste de la vida en el país cafetalero.
Lula, por su parte, había previsto su victoria en primera vuelta, pero ahora deberá medirse ante el ‘bolsonarismo’.
"Tendremos que viajar más, hacer más actos públicos, más mítines", dijo el expresidente Lula (2003-2010).
Lo "primero y fundamental" para Lula es "no perder los votos que tiene", 57,2 millones en la primera vuelta, explica a la agencia AFP Leandro Gabiati, director de la consultora Dominium.
"Hay electores que no necesariamente son de izquierda y votaron por Lula al verlo como el candidato antibolsonaro", pero "si Bolsonaro mejora el discurso, eventualmente puede reducir su rechazo" y "transformar ese voto" a su favor, agrega.
Lo segundo: buscar revertir la abstención récord de 20,95%, equivalente a 32,7 millones de votos.
Tanto Lula como Bolsonaro, deberán consolidar su discurso y tratar de pactar con los partidos del centro para lograr su cometido.
En Brasil el voto es obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 69 años y opcional para los iletrados, los jóvenes entre 16 y 17 años y para los mayores de 70 años. Aquellos brasileños que residen en otros países también pueden votar para presidente y vicepresidente, pero deben inscribirse previamente.
‘Bolsonarismo’ triunfó en el Congreso
El Partido Liberal (PL), bajo el cual está inscrito el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, presentó, se convirtió en la mayor bancada elegida del Congreso de Brasil, lo que hace muy difícil a Luiz Inácio Lula da Silva poder gobernar si finalmente vence en segunda vuelta, como nuevamente proyectan las encuestadoras.
El PL surge como la principal fuerza con 99 de los 513 escaños disponibles del próximo legislativo, que arranca el 1 de febrero de 2023, teniendo así uno de cada cinco votos en la Cámara de Diputados, además de otros trece en el Senado donde también son mayoritarios, junto a sus aliados de Unión Brasil, con doce.
Entre los nuevos senadores están algunos de los exministros de Bolsonaro, como Damares Alves, Marcos Pontes, Rogério Marinho, o Jorge Seif, pero las presencias que más destacan son las del antiguo titular de Justicia y otrora aliado del presidente brasileño, Sergio Moro, y la del exvicepresidente Hamilton Mourao.
El que logró los resultados previstos fue uno de los hijos del presidente brasileño, Eduardo Bolsonaro, quien perdió más de la mitad de los votos que logró en 2018 y quedó tercero en la disputa para diputado federal por Sao Paulo, después de haber sido el candidato más votado de la historia del estado en las anteriores elecciones. No obstante, mantiene el cargo.
A pesar de este crecimiento, la correlación de fuerzas de partidarios y opositores a Bolsonaro, así como el centro, seguirá siendo la misma debido a la caída en los resultados de formaciones como el Partido Socialista Brasileño (PSB) --aliado de Lula da Silva-- y el conservador Progresistas.