ESPECIAL.- VERÓNICA EGUI BRITO
@VeroEgui
En caso de que el Presidente de la Cámara deba asumir la presidencia del país, existen dos vertientes: si ocurre antes de finalice el 2016, las elecciones serían directas, por el voto de la población, pero si sucede a partir de 2017, serían indirectas.
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Como último aliento que le quedaba, Dilma Rousseff, presidente de Brasil , la tarde del jueves interpuso un recurso en el Supremo Tribunal Federal (STF) para evitar que se llevara a cabo la votación en la Cámara de Diputados sobre su impeachment, pero el máximo tribunal lo negó, por lo que este viernes comenzó en la Cámara de Diputados el debate sobre su destitución.
Adicionalmente el STF validó la votación como la propuso el presidente de la Cámara por región, en la que iniciarán la votación los diputados del Norte y luego del Sur, alternándose por estado, y se hará alfabéticamente. En el sur del país, región industrializada y económicamente sustentable es donde el Partido de los Trabajadores (PT) tiene menos apoyo, y el respaldo al impeachment está asegurado.
Los legisladores tendrán 10 segundos para emitir su voto frente al micrófono, y las cámaras que verán cómo se lleva a cabo el segundo impeachment en la historia contemporánea de Brasil. El primero tuvo lugar en 1992, durante la presidencia de Fernando Collor de Mello, quien renunció anticipadamente para evitar su inhabilitación política, aunque la Cámara Baja igualmente aplicó la medida durante ocho años, como dicta la ley.
Para los expertos, el orden de votación luce importante porque pudiese presionar a los indecisos en el último minuto. De hecho, el recurso que introduce el Gobierno de Rousseff consideraba que la metodología que estableció Eduardo Cunha, presidente de la Cámara y miembro del Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) está diseñada para crear una ola a favor del impeachment. El Gobierno prefería una votación por orden alfabético como tuvo lugar de Collor de Mello o un llamado individual.
Los pasos a seguir tras la aprobación del impeachment
Si la Cámara de Diputados, conformada por 513 legisladores, aprueba con los 342 votos necesarios la destitución de Rousseff, el Senado conformaría una comisión con 21 miembros, que por un lapso máximo de diez días, debería determinar la admisibilidad del juicio.
En paralelo con el proceso en el Senado, teóricamente José Eduardo Cardozo, abogado del Gobierno y ministro de Justicia, podría provocar una discusión en la plenaria del STF sobre el merito del proceso, para discutir los tecnicismos del caso, aunque luego de que el tribunal rechazará los recursos pasados parece innecesario seguir este camino.
En cuanto a la Cámara Alta, compuesta por 81 senadores, tendría dos días para llevar a cabo la votación que, se aprobaría con mayoría simple, de 42 senadores, logrando la destitución de Rousseff. En ese escenario asumiría la presidencia de la República el vicepresidente y líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Michel Temer, quien actualmente es citado en las investigaciones de corrupción política por los tribunales brasileños, por lo que no se descarta que tampoco pueda finalizar el periodo presidencial que termina en 2018.
Cunha es el tercero en línea de sucesión presidencial pero no puede ocupar la presidencia indefinidamente. “De acuerdo con la Constitución de Brasil, en el caso de muerte, renuncia o incapacidad del Presidente y Vicepresidente, el Presidente de la Cámara asume provisionalmente, pero sólo para organizar nuevas elecciones en un plazo de 90 días”, explica Rafael Mafei, profesor de Derecho de la Universidad de Sao Paulo.
Sin embargo, Mafei explica que existe un factor adicional en el caso de una posible presidencia de Cunha, el legislador está siendo investigado en un proceso penal por corrupción y lavado de dinero que lleva a cabo el Tribunal Supremo, por lo que el experto en Derecho asegura que si Temer dejase el cargo, el jefe parlamentario no podría sustituirlo, de acuerdo al artículo 86 de la Constitución.
“La interpretación más razonable parece ser que si nos acercamos a este punto, la Cámara de Representantes podría promover nuevas elecciones en el órgano para elegir un reemplazo de Eduardo Cunha, aunque es probable que la Cámara lo haga antes de este punto”, acota Mafei.
En caso de que el Presidente de la Cámara deba asumir la presidencia del país, existen dos vertientes: si ocurre antes de finalice el 2016, las elecciones serían directas, por el voto de la población, pero si sucede a partir de 2017, serían indirectas: el nuevo Presidente sería elegido en votación por el Congreso Nacional, en virtud de que le quedaría menos de un año de Gobierno.
Pero también existe el improbable escenario de que Rousseff supere la votación de la Cámara. “Si la Presidente se mantiene en el Gobierno no existirá gobernabilidad, porque ya perdió todo el apoyo legislativo”, advierte Gustavo Segré, economista, y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Paulista.
Cuando el PT logró mantener en el poder en 2014 por cuarto periodo consecutivo contaba con el apoyo de seis partidos: el PMDB, el Partido Social Democrático (PSD), el Partido Progresista (PP), el Partido de la República, (PR) el Partido Republicano Brasileño (PRB) y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), de ellos, cinco han roto filas: el PMDB, el PR, y el PRB, el PRB y el PSD , lo que sumaría 194 legisladores, si estos votasen en bloque.
Además del caso en curso, por supuestas manejos ilícitos de de fondos públicos, la mandataria podría ser investigada por obstrucción a la justicia al intentar nombrar al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva como ministro de Casa Civil, o por el proceso que sigue el Tribunal Superior Electoral (TSE), que alega que para lograr la victoria de la fórmula presidencial —Dilma Rousseff y Michel Temer— incurrieron en abuso de poder económico mediante el uso de recursos ilegales en la campaña electoral.
Cómo afecta a la economía el juicio político
La salida de Rousseff de la presidencia, descomprimiría la presión política sobre el tema, advierten todos los medios y expertos en la materia.
De hecho, muchos alegan que la polarización política ha incidido en la confianza del mercado en el país. “Si Rousseff deja el Gobierno por el juicio político, la economía mejoraría rápidamente porque habría confianza por los cambios en la jefatura”, explica Gustavo Segré, economista, y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Paulista.
Además Segré puntualiza que durante la gestión de Rousseff fueron descuidadas las cuentas públicas y se destruyó la demanda. “Cualquier opción diferente le agradaría al mercado”, sentencia.
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