LA HABANA.- A 1.50 CUC se cotizaba el dólar estadounidense (USD) este fin de semana en el mercado negro en la isla, lo que supone unos 37,50 pesos cubanos (CUP) al cambio oficial establecido por el Banco Central de Cuba desde hace décadas. Un canje artificial e invariable pues no tiene respaldo real ni siquiera en volúmenes de producción. Reseña CUBANET

Mientras el desabastecimiento se agudiza en la red de comercios de CUBA en CUC y CUP, la apertura de tiendas estatales para la venta de alimentos sólo en moneda libremente convertible (MLC) ha provocado un frenesí especulativo con la moneda norteamericana que probablemente termine igualando la tasa de canje informal al récord alcanzado en los años 90 del siglo pasado, de 1 USD por 100 CUP o pesos cubanos, la moneda con que el régimen paga el salario a los trabajadores estatales, quizás entre los más bajos del mundo.

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A unas horas de anunciadas las medidas el 16 de julio pasado, el dólar en Cuba escaló de 1.10 CUC por unidad a entre 1.15 y 1.20, de acuerdo con la información extraída de los clasificados publicados en el sitio de compraventas Revolico.com, el más usado por los cubanos para el comercio ilegal de monedas y mercancías, un espacio que describe de modo mucho más real las dinámicas de oferta, demanda, precios y otros aspectos al interior de la economía cubana.

Sin embargo, la víspera del anuncio hecho por el propio dictador de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ya el USD había estado cotizándose a tales precios por causa de los rumores que circularon sobre la inminente dolarización del comercio de alimentos, aunque aún era posible adquirirlo a precios más bajos puesto que la eliminación del gravamen del 10 por ciento al dólar, establecida en 2004, tomó por sorpresa a casi todos.

Lo que está sucediendo ahora mismo en Cuba es que la mayoría de los bancos particulares, prestamistas, revendedores y canjeadores de divisas —todos clandestinos—, están comprando la mayor cantidad posible de USD —con lo cual se deshacen de los CUC en su poder—, y reteniendo los dólares a la espera de que la tasa aumente en breve, posiblemente hasta sobrepasar los 2 CUC por USD.

Por otra parte, en la calle no aplacan los rumores acerca de que la tenencia de USD por parte de la población vuelva a ser penalizada como lo fue anterior a la década de los 90 en Cuba, si la estrategia de captación a que está dirigido el nuevo conjunto de medidas no arrojara los resultados esperados por el régimen, algo que, para algunos expertos, tiene “todas las papeletas” para convertirse en un nuevo fracaso.

“Es una medida desesperada y es otra medida que fracasará, como fracasó la estrategia del CUC al poco tiempo de ser creado”, explica a CubaNet un joven profesor de la facultad de Economía de la Universidad de La Habana que, además, supone que las nuevas regulaciones tengan relación con el aumento de las presiones desde el exterior, más cuando los nuevos plazos de pago a los acreedores del Club de París expirarán en junio de 2021.

“Parece que esto tiene más relación con el ultimátum que dio el Club de París (…), la nueva prórroga es de un año, es decir, falta menos de un año. Se acordó el nuevo plazo y un mes después llega el paquetazo, así que blanco por fuera y amarillo por dentro (…). Viene el reclamo del Club de París y un mes después despertamos con un nuevo grito de sálvese el que pueda”, apunta el académico.

Otros especialistas consultados al respecto también coinciden en señalar que las medidas de aceptar dólares y CUC pudieran fracasar al no resolver el asunto de la inflación.

El régimen está obligado a seguir imprimiendo CUP y CUC sin respaldo en nada, solo para que los trabajadores estatales reciban el salario y lo gasten no en la red de comercios estatales, desabastecidos, sino en el mercado negro, con lo cual el circulante será cada día mayor.

Las divisas continuarán sin salirse del circuito cerrado del mercado negro donde los bancos ilegales superan ampliamente en reservas a los bancos del régimen, y estos continuarán emitiendo monedas CUC sin respaldo para sustituir el dinero que desaparece en el intrincado laberinto de la economía informal.

“Los dólares no están llegando (a Cuba), y de los que llegan muy pocos pasan de la calle a los bancos del gobierno. Se quedan en la calle porque el mercado (estatal) está totalmente desabastecido”, nos explica Sahily Soulen, economista, graduada de la Universidad de La Habana, actualmente residente en Europa.

“Recuerdo que fui a Cuba el año pasado, y estando allá compré cosas para la familia, muebles, colchones, arreglé la cocina y el baño de mi mamá, compre comida (…) pero casi nada fue comprado en la tienda, todo fue en el mercado negro (…), si acaso gasté unos cien o doscientos CUC en la tienda, en todo el mes que estuve pero el grueso de los gastos lo hice en el mercado negro (…). ¿Crees que ese dinero llegó alguna vez al banco? Pues no. Se quedó en la calle (…). La gente está haciendo colas para abrir cuentas en MLC pero la gente también va a poner en las cuentas en MLC solo aquella cantidad que utilizará para comprarse una lavadora, un split o para la comida que no encuentra en el mercado negro pero el resto, que es mucho más, lo dejará debajo del colchón, o se irá a Miami o a Panamá en cuanto abran las fronteras”, dice Sahily.

Bajo tales perspectivas no es difícil deducir que, para arrear los dólares hacia sus arcas, el régimen se verá obligado a liquidar el mercado de divisas informal por la fuerza.

Sin embargo, desarmar las estructuras existentes es algo en extremo difícil de lograr ya que, de ser demasiado radical, la ofensiva pudiera golpearlos como un bumerán no solo por la alta probabilidad de aumentar el descontento popular (al desaparecer el mercado informal los salarios rendirán mucho menos que ahora) sino porque buena parte de los mecanismos del mercado negro, nacidos del burocratismo y la corrupción, se internan profundamente en las estructuras institucionales del gobierno.

Por tanto, una ofensiva extrema pudiera provocar más descontento entre las propias fuerzas oficialistas, de modo que penalizar la tenencia de grandes cantidades de divisas sin justificar y limitar e impedir su extracción del país pudiera ser la solución más probable a corto plazo.

Lo cierto es que en estos momentos con mayor frecuencia que antes, se escucha hablar a las personas en la calle sobre la desconfianza que tienen en las instituciones bancarias y sobre el temor a perder el dinero que han logrado reunir con mucho esfuerzo, y en gran medida a costa del sacrificio de familiares que viven fuera de Cuba.

En tal sentido, muchos están a la espera de que las fronteras vuelvan a abrir para sacar su dinero de la isla o para usarlo en emigrar, lo cual hace pensar que muy pronto seremos testigos de otra gran oleada migratoria desde Cuba.

El CUC, cuya tenencia anteriormente fue símbolo de estatus social, se ha revelado en los últimos días como el gran “apestado” de la historia y pocos lo aceptan en las transacciones del mercado negro donde el dólar ha pasado a ser la medida de todas las cosas.

FUENTE: CUBANET

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