LA HABANA
@DesdeLaHabana
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LA HABANA.- Antes de comenzar el juego entre la selección nacional y el poderoso equipo de Estados Unidos en el V Clásico Mundial de Béisbol, que se celebra en Miami, Yoel, padre de un pelotero de 15 años integrante del equipo habanero de cadetes, presagiaba un encuentro reñido aunque con escasas opciones de triunfo para la novena cubana.
Desafiando la lluvia, fue con su hijo hasta el parqueo del viejo estadio en la barriada del Cerro, donde se iba emplazar una pantalla. “Pero debido al mal tiempo, tuvimos que ver el partido en una cafetería cercana. En la primera entrada, los fanáticos pensábamos que los cubanos harían un rally grande. Nos quedamos cortos. Fue en ese momento que perdimos el juego”, dice Yoel.
Ya para el quinto inning, la cafetería estaba desierta. “Con la que está cayendo nadie va a pagar un refresco en 200 pesos o un sándwich de jamón y queso en 400 para ver la entrada de palos que le dieron al equipo”.
Según Yoel, lo de menos fue la humillante paliza de 14 carreras y 4 jonrones propinada por la escuadra de las barras y estrellas. “A mí lo que me asquea, hermano, es el descaro del gobierno, de apropiarse de cualquier cosa y promoverla como si fuera un éxito suyo. La pelota cubana es de todos, los de allá y los de acá. Hace veinticinco años, cuando todavía el Estado le daba apoyo al deporte, tal vez tuviera sentido. Pero ahora que las escuelas deportivas están todas desbaratadas, los muchachos pasan tremenda hambre y no cuentan con suficientes implementos y somos los padres y parientes de Miami, quienes con gran esfuerzo compramos guantes, bates y spikes para que nuestros hijos puedan practicar el béisbol, me parece una sinvergüencería del gobierno”.
Y añade: “Desde que mi hijo comenzó a jugar pelota con 9 años, la familia, de allá y de aquí, hemos gastado un montón de dólares, no solo en comprar implementos deportivos, también en buena alimentación y hacerle regalos al profesor que lo entrena. Muchas veces los padres tenemos que hacer una ponina y pagar hasta el transporte cuando viajan a otras provincias. Me jode ver cómo los gobernantes barrigones del gobierno, cuando se consiguen triunfos internacionales, secuestran los éxitos como si fueran de ellos”.
En los últimos cuatro años, saltan la cerca peloteros de calidad y con organizaciones de Grandes Ligas han firmado los mejores prospectos de las categorías cadetes y juveniles.
“Del equipo campeón mundial de la categoría sub-15 en el torneo efectuado en Japón en 2015, de 20 peloteros en la isla solamente quedan cuatro o cinco. La crisis que vive el béisbol en Cuba es tremenda. En La Habana se han perdido más de 40 terrenos donde se jugaba pelota. Apenas tenemos implementos. Si un muchacho tiene talento, pero sus padres no tienen posibilidades financieras, para poder seguir jugando, depende de la ayuda que le puedan dar familiares de otros muchachos que integran el equipo. De lo contrario, tienen que olvidarse de la pelota. La mayoría de los entrenadores vivimos del aporte de los padres y del amor al béisbol, pues los salarios tan bajos no incentivan que los recién graduados de cultura física o peloteros retirados quieran ser entrenadores. Todo se hace a pulmón”, confiesa un entrenador habanero.
Un entrenador de otra provincia considera que “de eso es lo que tiene que hablar el gobierno y la federación. De cuál va a ser la estrategia para recuperar y desarrollar nuestro pasatiempo nacional. No subirse a la ola del buen desempeño en el Clásico y aprovechar para hacer propaganda política y campaña para que la gente vaya el domingo a votar en las elecciones”.
Pavel, taxista privado y furibundo seguidor del béisbol, opina que entiende la politización en Miami "con el tema de la selección nacional y los peloteros que juegan en la MLB. Nicaragua y Venezuela son tan dictaduras como la nuestra, pero esos gobiernos no se han inmiscuido en la preparación deportiva ni han erradicado la práctica del béisbol profesional como lo hizo Fidel. Durante mucho tiempo el gobierno tildó de traidores y vendepatrias a los jugadores que se marchaban del país. Ellos se merecen una disculpa pública. Dicho esto, creo que ni el gobierno debiera interferir en la pelota ni los opositores al régimen denostar a nuestros peloteros, porque algunos son manipulados. Lo de ello es jugar pelota. Durante años, los fanáticos pedíamos que se permitiera que jugaran en la MLB y otras instancias e integrar sin interferencias la selección nacional, como ocurre en otras naciones".
Pero Cuba no es un país normal. Cuando comenzó la preparación para el Clásico Mundial, Miguel Díaz-Canel, el anodino presidente elegido a dedo por Raúl Castro, visitó el Estadio del Cerro, se tiró fotos con los jugadores y desplegó su cansona cruzada política.
Desde que, en el otoño de 2019, en una audiencia televisada, Díaz-Canel anunciara el comienzo de una “situación coyuntural”, una versión 2.0 de la cruda crisis económica de los años 90 calificada por Castro como “Período Especial”, una etapa donde la mayoría de los cubanos comía una vez al día y los apagones eran de doce horas diarias, la lista de malas noticias es amplia.
Las producciones agrícolas, ganaderas y azucareras han caído entre un 30 y un 60 por ciento. De acuerdo a datos pendientes de confirmación, la pandemia del Covid-19, habría provocado la muerte de al menos 55 mil cubanos.
No se ve la luz al final del túnel ni soluciones concretas, dirigidas a frenar la aguda crisis económica y el desabastecimiento generalizado. La inflación crece en espiral. Los salarios y pensiones son un chiste de mal gusto. Comer un plato de arroz blanco y un huevo frito se ha convertido en un lujo en Cuba. El 11 de julio de 2021 miles de cubanos dijeron basta y se tiraron a la calle a protestar. Y se calcula que el 3 por ciento de la población ha emigrado en el plazo de 24 meses, mientras otros miles de personas tienen planes de marcharse definitivamente del país.
En los dos últimos plebiscitos, para aprobar el Código de las Familias y elegir delegados municipales del inoperante Poder Popular, entre la abstención y el voto nulo superaron el 40 por ciento. El régimen está desesperado. Se agarra a cualquier clavo ardiendo. Y el buen desempeño del equipo en el Clásico fue una oportunidad de oro para hacer proselitismo político.
Las autoridades deportivas lanzaron un torpedo en la línea de flotación de una estrategia mayoritariamente apoyada por los fanáticos locales: la integración de jugadores cubanos de Grandes Ligas en eventos internacionales sin importar su credo político.
Probablemente la diplomacia del béisbol sea una herramienta correcta que permita abrir puertas a la tozudez y soberbia de un régimen que pretende gobernar solo para sus partidarios. Pero en su chapucera estrategia, las autoridades le han puesto una diana a otros peloteros de la MLB que pretendan participar en futuros torneos.
Lo ideal hubiera sido que el régimen no se inmiscuyera en los planes de conformar un equipo único y despenalizar las absurdas prohibiciones a jugadores cubanos que se han marchado del país.
Con el ‘caluroso recibimiento’, al estilo de Corea del Norte, y la politiquería de bajo costo, el acercamiento beisbolero pudiera naufragar. En las dictaduras de corte marxista cuesta mucho entender que el béisbol es solo un juego.
