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@DesdeLaHabana

LA HABANA. - Cuando cae la tarde, luego de doce horas pedaleando una rústica bicicleta con remolque adaptado, José Mario, 46 años, prefiere caminar por las empinadas calles interiores de la barriada de Lawton, al sur de La Habana. Suda a chorros. A intervalos, una grabación repite un pregón cansino: ‘pay de coco, cangrejitos de guayaba y queso’. A su paso varias personas le hacen señas desde un edificio. José Mario, jadeando, detiene la pesada bicicleta y aprovecho para prender un cigarrillo.

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Desde los balcones, los compradores bajan nailons o bolsos atados a una soga. José Mario primero recoge el dinero. Luego introduce los dulces en los bolsos. Un anciano le pregunta si están frescos los pays. “Están pa’chuparse los dedos, abuelo”, le responde. Cuando llega a la sucia cuartería donde vive, sujeta la bicicleta con un candado al barrote de la ventana de la cocina. Su cuartería es una odisea. Reguetón a todo volumen, negocios clandestinos y continuas trifulcas. Mientras le calienta unos espaguetis, la esposa le cuenta que un vecino le zafó la clavícula de un machetazo a otro por asuntos de faldas.

Nacido en solares

“Soy nacido y criado en solares. Viví en un solar que está al costado del hospital Miguel Enríquez, antigua Benéfica [municipio 10 de octubre]. Le decían Cáscara de piña, porque la mitad de la estructura estaba colapsada. La vida en un solar es diferente. Otra cultura. Se lucra con todo y por un asunto tan simple como cargar un cubo de agua de más se puede armar una bronca tumultuaria. Con el tiempo te acostumbras a convivir con esos personajes. Algunos se convierten en hermanos para toda la vida. Otros en enemigos”, dice José Mario y añade:

“El 80 por ciento de los que vivimos en solares somos negros y mestizos. Y la mayoría habita en esas condiciones desde hace más 60 años. En ese ambiente es normal hacer negocios por la izquierda, unos más peligrosos que otros. Conozco casos de muchachos quienes por cien dólares le traen un trozo de oreja a la persona que le paga. Se venden drogas y artículos robados. Y apostar a la bolita [lotería ilegal] es una posibilidad que tienes de ganar un dinero extra. Los solares tienen su mundo propio. Los tipos de los CDR [comités de defensa de la revolución], del partido y el delegado del barrio miran hacia otra parte. Los policías, excepto cuando hay una redada, también se hacen los locos [conviven con la ilegalidad]. Hay un pacto no escrito: si tú no te metes en política, te dejan hacer. Pero el 11 de julio se rompió ese pacto. Los vecinos de los solares fuimos los primeros en gritar libertad. Si a los que vivimos en solares nos da por coger la calle y reclamar nuestros derechos, el gobierno va a tener que hacer mucho más que pintar cuarterías y reparar aceras”.

Viviendas insalubres

Según Hildelisa, funcionaria de vivienda del municipio Diez de Octubre, el más poblado de La Habana, "solamente en la capital existen más de 70 emplazamientos habitacionales insalubres. Casi todos son construcciones precarias e ilegales. Sus moradores suelen ser orientales que se encuentran sin papeles en La Habana. Las conexiones eléctricas, sanitarias y de aguas albañales son clandestinas. A esa situación hay que sumar miles de edificaciones en regular o mal estado técnico constructivo en los municipios Cerro, Centro Habana y Habana Vieja. En Diez de Octubre, San Miguel de Padrón, Guanabacoa y Arroyo Naranjo también se localizan emplazamientos habitacionales que no presentan las condiciones mínimas requeridas”.

El 40 por ciento de las construcciones en la capital, considera Rodolfo, arquitecto, necesitan reparaciones o adecuaciones. “El déficit habitacional en Cuba supera el millón de viviendas. En La Habana, además de déficit hay más de 60.000 viviendas consideradas inhabitables. Las condiciones son espantosas”. Un alto porcentaje de los que viven en esos tugurios son negros y mestizos.

Racismo estructural

Carlos, sociólogo, no cree que sea un tema expreso de racismo institucional por parte del régimen castrista. En su opinión, es un racismo estructural de la sociedad. "En 1886, hace 135 años, se abolió la esclavitud en Cuba. Pero los esclavos comenzaron a ser hombres libres sin tener propiedades, títulos profesionales ni reconocimiento social. Partieron de cero. Tenían mejores oportunidades de progresar los extranjeros radicados en la Isla que los negros y mestizos cubanos. Es cierto que muchos lograron salir adelante en la cultura y el deporte. Pero en la política, la economía, los negocios y otros sectores profesionales, los negros y mestizos eran desplazados. En muy contados casos triunfaron o lograron salir adelante. Con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, se pensó que al legislar que todos los cubanos tenían los mismos derechos y oportunidades, se había decretado el fin al racismo. No fue así. Las estructuras del poder no cambiaron mucho en el país. Determinadas profesiones y entidades siguen siendo inaccesibles para los negros. No se puede afirmar que el color de la piel es sinónimo de pobreza, porque gente pobre encontramos en todas las razas. Pero si investigas a fondo, descubres que los negros son quienes viven en las peores casas y sus salarios son más bajos, salvo excepciones".

El racismo en Cuba no es un problema de parejas interraciales. Tampoco de sitios exclusivos para blancos o negros. Juntos, negros, blancos y mestizos estudian, practican deportes, juegan dominó, beben cerveza en un carnaval y se bañan en las mismas playas. El freno a la raza negra es estructural. Los prejuicios raciales en la mente de las personas no se pueden legislar. Elvira, maestra primaria, reconoce la existencia de actitudes racistas en el seno familiar. "En edades de preescolar y primer grado he visto comportamientos racistas, niños que llamaban negritillos o utilizaban motes despectivos a los de piel oscura. Y eso es algo que aprendieron en sus hogares”.

Lisván, alumno de preuniversitario, piensa que “mientras más oscura es el color de tu piel, notas más exclusiones. En los preuniversitarios y universidades los estudiantes negros son los menos. Si en los barrios pobres y marginales, donde no existe el tabú racial, son normales los matrimonios entre negros, blancos y mulatos, en las zonas residenciales donde vive la crema y nata de los que ostentan el poder, no suele verse con buenos ojos la relación de una mujer blanca con un hombre negro. Antes se decía que la burguesía cubana era racista, pero ahora la burguesía ‘revolucionaria’ es profundamente racista y elitista”.

Los negros y mestizos en la Isla reciben menos remesas familiares. Y tienen menos oportunidades para emigrar. Donde los negros lideran por amplio margen es en la estadística de presos comunes. En un discurso de 2005, Fidel Castro dijo que el 88% de los presos en Cuba son negros o mestizos. Y suelen cometer los delitos más deleznables. Sin embargo, en dos sectores los negros y mestizos han logrado triunfar: en el deporte y la música.

Un informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos publicado hace dos años, alertaba que más de la mitad de los hogares cubanos (55,4%) vivían bajo el umbral de la pobreza. Y la mayoría de esos cubanos pobres son negros y mestizos.

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