LA HABANA.- En medio del recrudecimiento de los apagones y del deterioro sostenido del sistema eléctrico cubano, el régimen realizó cambios en la cúpula de la Unión Eléctrica (UNE), al sustituir a Alfredo López Valdés por Rubén Campos Olmo, un movimiento que ocurre mientras persisten las fallas estructurales de generación y aumenta el malestar ciudadano por los cortes de energía.
Campos Olmo, hasta ahora director de la termoeléctrica Antonio Guiteras —una de las plantas más inestables del país— asumió el control de la UNE, mientras López Valdés pasó a ocupar una nueva función como director de Energía en el Ministerio de Economía, según confirmó el propio funcionario en el programa oficialista Mesa Redonda.
El relevo se produce cuando comienza a diluirse el leve alivio generado por el envío de 100.000 toneladas de petróleo desde Rusia, que había permitido una reducción temporal en los déficits de generación. Para este domingo, la UNE reportó un déficit de 1.395 megavatios, superior al registrado en jornadas previas, en un escenario marcado por averías en varias termoeléctricas y falta de combustible.
Crisis persistente
Aunque el régimen presentó el cambio como una reorganización administrativa, la decisión se interpreta en medio de cuestionamientos por la profundidad de la crisis energética, que ha derivado en apagones prolongados en gran parte de la isla y ha afectado la actividad económica, los servicios básicos y la vida cotidiana.
El nombramiento de Campos Olmo generó escepticismo entre los cubanos, debido a su gestión al frente de Guiteras, planta que bajo su dirección enfrentó fallas recurrentes, incluida una desconexión masiva en marzo de 2026 que dejó sin electricidad a millones de personas.
Actualmente permanecen fuera de servicio varias unidades clave, entre ellas la Unidad 2 de Ernesto Guevara de la Serna, la Unidad 4 de Carlos Manuel de Céspedes, la Unidad 2 de Felton y las unidades 3 y 5 de Renté. También están paralizadas por mantenimiento otras unidades en Mariel, Nuevitas y Renté, mientras 335 megavatios adicionales están comprometidos por limitaciones térmicas.
Un problema estructural
El relevo ocurre en momentos en que la crisis no responde solo a fallas operativas, sino a problemas acumulados por décadas: obsolescencia de la infraestructura, déficit de inversión y dependencia de suministros externos para sostener el sistema.
Aunque el régimen insiste en presentar estos movimientos como ajustes para mejorar la planificación energética, el deterioro del servicio eléctrico ha continuado incluso tras cambios reiterados en la dirección del sector.
Los apagones, convertidos en uno de los principales focos de descontento social, han sido detonantes de protestas en distintas regiones del país, mientras la población enfrenta también escasez de alimentos, inflación y dificultades para acceder a servicios básicos.
Dependencia y fragilidad
El alivio temporal generado por el crudo ruso volvió a evidenciar la dependencia energética del castrismo de aliados políticos para evitar colapsos mayores. Sin embargo, con la disminución de ese suministro, la fragilidad del sistema quedó nuevamente expuesta.
Mientras el régimen mueve piezas dentro de su aparato burocrático, millones de cubanos continúan enfrentando largas horas sin electricidad, en una crisis que sigue sin solución visible.
FUENTE: Con información de Diario de Cuba