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@DesdeLaHabana

LAHABANA.- El Capitolio Nacional, situado en el kilómetro Cero de La Habana, recupera su esplendor. El ala norte y sur de la institución fue remozada con esmero. Y decenas de operarios colocan láminas doradas compradas en Rusia en su enorme cúpula central de 91 metros de altura.

La aburrida y monocorde Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), única en el mundo que no elabora leyes y solo aprueba por unanimidad las normativas que bajan desde el ejecutivo autocrático, ya ocupa varias oficinas en el Capitolio.

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En algún momento de 2020 o 2021, la otrora Cámara del Senado y de Representantes funcionará como sede de la Asamblea Nacional, aunque tendrán que recortar la abultada nómina de parlamentarios, pues el hemiciclo de la Cámara de Representantes solo contaba con 200 asientos y el Senado 54 y actualmente el número de diputados es de 605.

Eusebio Leal, el historiador de la ciudad que se caracteriza por su oratoria exuberante, es un personaje contradictorio. Los residentes de la Habana Vieja aprueban su gestión en la recuperación de obras históricas y apertura de nuevos espacios públicos, mientras sus adversarios lo tildan de ‘tracatán’ educado. Pero ha sido Leal el factor principal que además del maquillaje dado a un trozo de la zona colonial, ha influido en la recuperación de la memoria histórica de la capital en todos sus aspectos: desde la urbanística hasta la republicana.

Una fuente cercana al historiador cuenta que el hecho de que el Capitolio vuelva a ser sede parlamentaria, es un premio a la tenacidad de Eusebio Leal, quien con angustia observaba el deterioro del inmueble. Es cierto que la renovación de ese epicentro geográfico de La Habana intenta ocultar la miseria a su alrededor así como el derribo de desvencijados edificios vecinales para sustituirlos por hoteles de lujos.

Según los conocedores del tema, Eusebio Leal, de puntilla, intenta introducir el reconocimiento al Día de la República, una fecha borrada de un manotazo por Fidel Castro. Algún que otro historiador oficial, hablando con la boca pequeña o publicando un artículo en páginas interiores de medios intelectuales, reconocen ciertas virtudes del 20 de mayo y su primer presidente, Don Tomás Estrada Palma.

Pero todavía la descomunal maquinaria propagandística del Partido Comunista ignora nuestra fecha republicana. Al preguntarle a Odalys, empleada bancaria, 29 años, si conoce el significado del 20 de mayo, responde: “No, no sé qué pasó ese día. Es que son tantas las fechas que se celebran que uno se vuelve loca”.

Tres estudiantes sentados en el Parque Córdoba, en La Víbora, que matan el tiempo conectados en sus teléfonos móviles al diario deportivo Marca, de España, dicen que para ellos la fecha más importante de Cuba es el 1 de enero de 1959, cuando triunfó la revolución. “Luego le siguen por importancia el asalto al Moncada, el 26 de julio, el 2 de diciembre, desembarco del Granma, el 8 de octubre, cuando mataron al Che, y el 10 de octubre”, explica Daniel, alumno de 12 grado. ¿Y el veinte de mayo?, le pregunto. “Ah, sí, pero esa no es importante. Fue cuando surgió la república mediatizada”, contesta Daniel.

Como si fuera un reflejo condicionado, cuando usted habla con personas nacidas después de la llegada al poder de Fidel Castro, la inmensa mayoría desconoce o minimiza el significado del 20 de mayo. Ernesto, habanero residente en Hialeah, confiesa que en su primer 20 de mayo en Miami fue que supo de la importancia de esa efeméride. "Allí casi todos los cubanos colocan banderas en la fachada de sus casas y en los carros. La prensa de Florida hace un recuento histórico de ese día y cubanos de éxito visitan la Casa Blanca y charlan con altos funcionarios o el mismísimo presidente. Pero en Cuba casi nadie sabe lo que pasó ese día”.

Ciento diecisiete años después, no quedan testigos vivos de aquella mañana de sol brillante cuando el Generalísimo Máximo Gómez izó la bandera de la estrella solitaria en el Castillo de los Tres Reyes del Morro. En una nota del colega Jesús Hernández, publicada hace tres años en DIARIO LAS AMÉRICAS, contaba que “la fecha escogida fue el 20 de mayo por ser el día posterior al 19, cuando el Apóstol de la Independencia, José Martí, murió en combate, para cumplir con aquello de muere un hombre, nace una nación”.

Relataba Hernández: "Entonces, el antiguo Palacio de los Capitanes Generales, en La Habana, sitial de los 65 capitanes generales españoles que gobernaron a Cuba, acogió a distinguidos visitantes, embajadores y altos oficiales del Ejército Libertador para presenciar el nacimiento de la República. Nadie imaginó el 20 de mayo de 1902 que un siglo después de haberse establecido la República, los cubanos tendrían que seguir luchando por sus derechos cívicos y humanos. Y es que la desdicha que Cuba sufre hoy no es superior o menor a la que el país confrontó antes, pero el presente que se vive duele más que el pasado porque lo vivimos, lo medimos con desconfianza, incertidumbre e inclusive provecho”

La historiografía oficial ha querido ignorar nuestro día de la independencia. Sepultar 57 años con políticas más o menos erradas, dos dictadores por el camino y no pocas desigualdades, pero con un crecimiento económico impresionante, una Carta Magna democrática y una capital entre la más hermosa de América.

Cientos de empresarios cubanos fundaron negocios boyantes. Una legión de arquitectos, médicos, pedagogos y abogados sobresalían en sus respectivas profesiones. La música cubana vivió su década de oro. Benny Moré encendía el Alí Bar, la Lupe armaba su puesta en escena en el club La Red. El Caballón, Bebo Valdés, acompañaba al piano a Nat King Cole en Tropicana y una negra inmensa con voz de mezzosoprano, la Freddy, cantaba boleros en el bar Celeste.

La revolución de Fidel Castro pretende demonizar el pasado. No era perfecto. Pero teníamos República.

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