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LA HABANA.- Pasada las seis de la tarde, le pregunté a Daniela, madre soltera de tres hijos, su opinión sobre el proceso electoral cubano o si el domingo 11 de marzo irá a votar en el remedo de plebiscito que ratificará a los 605 diputados al Parlamento que posteriormente, el 19 de abril, elegirán al nuevo Consejo Estado y a quien se apropia el título de presidente de Cuba.

Y es que cuando cae la noche, el apartamento de Daniela es lo más parecido a un infierno chiquito. Mientras intenta preparar la comida –picadillo de pollo, arroz blanco, frijoles negros y ensalada de tomates–, sus hijos pelean entre ellos para ver determinada programación en la televisión o se ponen a jugar fútbol con un balón que estrellan contra las paredes, amenazando con destrozar muebles y adornos de la casa.

Alrededor de las once de la noche, cuando ya sus hijos duermen, Daniela ofrece su veredicto sobre las elecciones en Cuba: "Todas las elecciones aquí son un montaje. ¿Qué resuelven? Nada. Es una tomadura de pelo. Forma parte de la simulación que vivimos en este país. Yo el domingo iré y dejaré mi boleta en blanco como vengo haciendo hace un tiempo. Aunque eso tampoco resuelve nada, pues voten en blanco o no voten, ya los futuros delegados están escogidos”.

Rosa María Payá Acevedo, hija del opositor Oswaldo Payá Sardiñas, fallecido en un accidente de tránsito en julio de 2012, cuya familia acusa a la autocracia verde olivo de haber provocado el fatal choque, tiene otro punto de vista.

Al frente de la organización Cuba Decide, Rosa María, quien vive itinerante entre Miami y La Habana, lleva a cabo una campaña para que los cubanos anulen las papeletas de votación escribiendo la palabra Plebiscito.

En su opinión, se enviaría una "señal de rechazo, tanto al sistema electoral como al gobierno de Raúl Castro" y se apoyaría la propuesta que promueve Cuba Decide, de celebrar un plebiscito vinculante que dé inicio a una transición política hacia la democracia en la Isla.

Otros grupos opositores, como el Foro por los Derechos y Libertades de Antonio Rodiles y Ailer González, creen que el camino a seguir para exigir los derechos secuestrados por el régimen son las marchas callejeras. Consideran que participar en procesos electorales es validar a la dictadura.

La disidencia, dividida y sin una base popular, no ha podido o no ha sabido tender puentes con el cubano de la calle. Hablan el mismo lenguaje y tienen aspiraciones más o menos parecidas -entiéndase democracia, libertad económica y de expresión y elecciones libres- pero por ahora no son compatibles.

La gente de a pie ve a la disidencia en otra dimensión, ya sea debido a la narrativa oficial o por el mal desempeño de la oposición, que rara vez aterriza en la comunidad y vive del discurso enfocado al exterior.

Ante la falta de liderazgo, la apatía política y el miedo que atenaza aún a muchos cubanos, la posición de un segmento amplio de cubanos con respecto a las elecciones del domingo 11 de marzo es continuar la simulación. O simplemente quedarse en casa conversando o viendo televisión.

DIARIO LAS AMÉRICAS charló sobre el tema con varios habaneros. Ana, ingeniera, aprovechará el domingo para pasarse la plancha por el pelo y arreglar el closet de su hija. "No pienso ir a votar. Ya no me trago otro cuento más. A uno la pueden engañar diez, veinte o treinta años, pero ya son seis décadas con el mismo cuento y el pueblo pasando trabajo”.

Otto, chofer de ómnibus, va a votar para no señalarse con el CDR (Comité de Defensa de la Revolución, sistema de vigilancia vecinal creado por Fidel Castro).

"Tengo viviendo en mi casa sin permiso a mi esposa y su madre que son orientales. Si no voy a votar, te sacan los trapos sucios. Puedo dejar la boleta en blanco, escribir una mala palabra o poner una X por todos los candidatos, pero ninguna de esas opciones resolverá nuestros problemas”.

Carlos, sociólogo, considera que el proceso electoral en Cuba es un mecanismo infectivo y antidemocrático. "Es puro formalismo. Los cubanos no elegimos al presidente de manera directa. La votación del domingo no es para elegir a nadie, es para ratificar a un grupo que ya fue escogido por las autoridades. No asistir o dejar la boleta en blanco, quizás sirva para las estadísticas y se vea que se ha ido perdiendo apoyo popular. Pero aunque solo asista el 50 por ciento de los electores, eso no impedirá elegir a los candidatos nominados”.

Hilda, funcionaria, laborará en un colegio electoral del municipio Diez de Octubre. Sin sonrojarse, repite la perorata del régimen: “Las elecciones en Cuba son las más transparentes y democráticas del mundo. Las urnas están custodiadas por pioneros, no por soldados. Y a la hora del conteo, cualquier ciudadano, incluso si es opositor al gobierno, puede observar el recuento. Nuestro modelo electoral no es perfecto, pero está entre los mejores del planeta”

Ante las interrogantes de por qué los cubanos no pueden elegir directamente al presidente o postularse al cargo una persona que no pertenezca al partido comunista, la prohibición a participar en las elecciones de candidatos de barrios a decenas de disidentes o permitir plebiscitos directos con propuestas ciudadanas, Hilda responde:“El sistema nuestro para elegir al presidente es parlamentario, igual que en otras naciones. Cuba es una democracia de un solo partido. Los individuos que intentaban participar en las elecciones de circunscripción son mercenarios pagados por Estados Unidos para derrocar el sistema. Y eso no lo podemos aceptar. Realizar elecciones directas con peticiones populares tiene más de ciencia ficción que de realidad”, arguye la funcionaria.

Por ignorancia o desinformación, ella desconocía que en Suiza se realizan plebiscitos directos. Los encargados de los procesos electorales del régimen en Cuba, debieran visitar el país helvético y aprender cómo funciona una democracia real. Y no seguir dándole cuerda a un invento inútil.

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