MIAMI.- Una bandera cubana fue izada el 20 de mayo de 1902 para señalar el nacimiento de la República de Cuba. Tomaba el poder en la silla presidencial Tomás Estrada Palma. La bandera que comenzaba a ondear en el palacio de gobierno marcaba el logro de la independencia ante España.

El periodista y escritor Carlos Alberto Montaner se siente muy vinculado a esa República. Siempre que tiene la oportunidad nos regala sus impresiones, resalta la memoria de una isla que se convirtió en un tema constante en su vida y responde, afable y con la integridad que le caracteriza, a varias preguntas sobre la fecha.

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- Montaner, hace dos años le hice una entrevista sobre este tema, y le recordaba que en 2003, en una conferencia en Florida International University, invitó a dar “un salto en el tiempo” para llegar a este año, 2020. Cito: “¿Qué veremos? Lo primero que nos golpeará la retina son ciudades limpias, pintadas, muy iluminadas, dotadas de unas intensas redes comerciales que anuncian sus productos y servicios. (...) La capital de Cuba recuperó su hermosa vitalidad y ha vuelto a ser una de las ciudades más bonitas del planeta”.

Dijo que para 2020 “la dictadura castrista sería un fenómeno histórico superado”. Ya estamos en 2020, pasaron esos 17 años que se veían tan largos.

La característica de esa dictadura [a partir de 1959] es que ha permanecido congelada en el tiempo, y eso le ha impedido progresar hacia una democracia libre. Pero yo imagino, o quisiera creer, que estamos jugando el final de la partida.

El 20 de mayo de 1902 fue el momento cumbre de la historia de Cuba, cuando se separa finalmente de España y se separa al mismo tiempo de EEUU, que había intervenido en el conflicto. Es un punto de inflexión muy notable en la historia de Cuba y eso es lo que impulsa a los cubanos a pensar lo que significa aquel proceso. Cuba estaba destruida, y en 10 años se convirtió en uno de los primeros países de América Latina.

- Los de mi generación, los nacidos en los 80 en Cuba, no supimos -o supimos poco- sobre la proclamación de la República de 1902. Resulta un hecho algo borroso, lejano quizás. Pero hay un orgullo, un sentimiento de cubanía enraizado en muchos por aquel día hace 118 años. ¿A qué se debe ese sentir?

Yo nací en 1943, pero me siento muy vinculado a esa República. El 20 de mayo de 1902 fue un día luminoso y feliz. Finalmente, los cubanos obtenían la independencia. Las crónicas cuentan que existía una atmósfera de euforia total.

El "ya hemos llegado" que dijo Máximo Gómez era cierto. Es verdad que la República surgió como una especie de protectorado por culpa de la Enmienda Platt, pero no había nada que no se pudiera cambiar en el futuro. En 1934 el presidente Roosevelt eliminó la Enmienda Platt y los cubanos fuimos mucho más independientes de lo que, por ejemplo, hoy es España con relación a la Unión Europea.

- Dicen que regresar al pasado no construye, no aporta mucho. Pero en algunos casos vemos cómo la historia se repite sobre los mismos fracasos. ¿Qué lección deberíamos tomar de aquel 20 de mayo de 1902?

Debemos pensar que fue un error denostar nuestro pasado republicano. Desde los años veinte se comenzó a hablar de la "República mediatizada" por la influencia que tuvo los Estados Unidos en la Isla. Era inevitable que así sucediera. Si Cuba fue el primer país latinoamericano en tener tren, alumbrado eléctrico, radio y aviación comercial y televisión en América Latina, fue por la circunstancia de tener como vecino más cercano a una enorme nación destinada a ser la primera del planeta.

En la década de los cincuenta, justo antes de comenzar la Revolución, había signos clarísimos de que en la sociedad cubana se fortalecía el sector privado y se podía prosperar al margen del Estado. Esa era la clave.

- En una entrada en su blog en 2014, usted indicó que “la República que se inició en 1902 fue, en esencia, la que soñó Martí, aunque luego la desvirtuáramos”. ¿Cómo se ha desvirtuado ese sueño?

Es absurdo pensar que la revolución colectivista, la dictadura que inauguró Fidel Castro en 1959, tiene algo que ver con la república planeada y soñada por Martí. José Martí era un romántico liberal del siglo XIX. La Constitución de 1901 reflejaba esa visión. Admiraba la democracia de Estados Unidos y censuraba sus excesos. Creía en la separación de poderes, en la libertad de prensa y en la legitimidad de un sistema fundado en la pluralidad de partidos. Jamás le hubiera dado su apoyo a un engendro ideológico basado en la supremacía del Partido Comunista. Tampoco hubiera transigido con el peculado habitual o muy presente en la Cuba republicana.

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