La economía cubana está siendo golpeada con especial intensidad por la crisis del COVID-19, mucho más que otros países de América Latina y Caribe, según indica la comparación entre las estadísticas oficiales y las de CEPAL. Pero esa mayor incidencia de la crisis se encuentra estrechamente relacionada con la gestión de la política económica por el Gobierno, empeñado en implementar la llamada Tarea Ordenamiento en un momento especialmente complicado no exento de riesgos, plantea el economista Elias Amor en un artículo para DIARIO DE CUBA.
Las motivaciones políticas que han llevado a esta situación van a dejar daños, en algunos casos irreparables, que van a durar mucho más tiempo de lo que creen las autoridades. Los riesgos latentes, reconocidos por las autoridades, no están siendo vigilados de forma adecuada. E incluso, las autoridades dan carta blanca como efectos positivos de la Tarea Ordenamiento a consecuencias claramente negativas, como el aumento de la población activa, prosigue Amor.
El caso es que Cuba ha dedicado cuantiosos recursos del presupuesto público para hacer frente al perjuicio provocado por la crisis a las familias, las empresas y en general, al conjunto de la economía y la sociedad, pero los resultados dejan mucho que desear y al menos a corto plazo, no se ve el final de la pesadilla.
En materia sanitaria, el régimen comunista se ha propuesto avanzar en el desarrollo de cinco candidatos vacunales simultáneos para inmunizar a la población, pero esto no se consigue de la noche a la mañana, y mientras que otros países avanzan rápido en la vacunación, Cuba sigue en fase de pruebas, y por desgracia, el Covid-19 avanza con cifras muy superiores a las registradas en fases anteriores. La percepción de amplios sectores sociales es que el Gobierno ha perdido el control de la situación. De un lado, el de la economía, de otro, el de la pandemia.
DIARIO DE CUBA continúa subrayando que nadie cree que este sea el momento de dedicarse al desarrollo de la actividad partidista en la Isla o promover "consejos de innovación" a gusto del presidente. El problema en Cuba es la alimentación y promover un sector agropecuario que se ha visto convulsionado por los efectos negativos de la Tarea Ordenamiento sobre sus costes, tarifas y precios. Y en vez de centrarse en las reformas necesarias para incrementar la oferta, el Gobierno se muestra opuesto a impulsar los cambios en la estructura jurídica de la propiedad y no contempla la oportunidad histórica de transformar el modelo económico social comunista, imperante en la Isla desde 1959, obsoleto, improductivo y reaccionario.
Amor destaca que la población espera cambios, pero solo recibe negativas de los dirigentes dispuestos a aguantar como sea el Artículo 4 de la Constitución de 2019, cuando es evidente que no sirve y en algún momento será necesario reconducir el rumbo de la nave. Hay coincidencia entre los economistas cubanos de que ha llegado la hora de la estrategia y de los grandes cambios y que las previsiones de crecimiento ofrecidas por el ministro de Economía, un 6% para 2021, no son creíbles, a la vista de cómo se están comportando los principales sectores y actividades económicas de la Isla. Y lo más grave es que la pandemia se mantiene con unas cifras alarmantes, lo que impide a la economía recuperar la normalidad. El régimen ha errado completamente su estrategia, al no centrarse primero en la recuperación de la salud de todos los cubanos, y afrontar después las necesarias y urgentes medidas de consolidación fiscal, que sirvan para una gestión más eficiente de los presupuestos públicos.
El déficit público se ha descontrolado, tras los ajustes de subsidios e incentivos provocados por las protestas sociales contra la Tarea Ordenamiento, y el endeudamiento puede estar alcanzando niveles históricos. Nadie en el régimen habla de la necesaria sostenibilidad de las cuentas públicas y la consolidación fiscal. Los inversores internacionales y los financieros que prestan dinero observan detenidamente este escenario en el que presienten que será, cada vez más difícil, cobrar sus deudas, aplazadas sin fecha por el Gobierno comunista.
¿Este escenario es el adecuado para los tiempos que corren? ¿Es un escenario responsable? Mucho nos tememos que no. El régimen no atiende a las recomendaciones de los organismos internacionales, al no pertenecer a los más destacados. Ni siquiera presta atención a las sugerencias de la CEPAL, en sus informes económicos.
DIARIO DE CUBA sostiene que los problemas de la economía y la sociedad cubana van a ir a peor, por la inacción de sus gobernantes y la muy deficiente gestión de los asuntos económicos. La crisis provocada por el Covid-19 quedará atrás, el impacto de la Tarea Ordenamiento dejará muchas empresas en crisis, pero el problema seguirá ahí, y lo malo es que ninguno de los documentos de política económica del régimen habla de las necesarias reformas estructurales en la economía y la consolidación fiscal.
Reformas estructurales que tienen que hacer frente a problemas de fondo para los que nadie en el régimen hace lo más mínimo. Por ejemplo, el envejecimiento de la población que llevará a que en 2050 por cada tres personas en edad de trabajar habrá casi dos mayores de 65 años. Pretender que el actual sistema de pensiones que existe en Cuba atienda a esa relación entre activos e inactivos, es absurdo. Tampoco se está prestando la debida atención a estas cuestiones.
Y qué decir de la existencia jurídica de las "formas no estatales de propiedad", los agentes económicos privados, que no solo están limitados a crecer, sino que les niega el reconocimiento. Empresas, que siguen sin tener personalidad jurídica, y por tanto pueden ser suprimidas sin reparos por la burocracia.
Nadie tiene en cuenta la absoluta prioridad que debe tener la atención a los pagos de la deuda, ya que, sin financiación, la economía está condenada a morir. Tampoco se atiende a la necesaria convergencia entre políticas económicas fiscales, monetarias y de rentas, lo que incidiría de forma positiva en la estructura de la economía.
En estas condiciones, dedicarse a glosar la denominada Estrategia Económica y Social o el Plan de Desarrollo 2030 es tiempo perdido ya que en estos documentos no se contienen las soluciones a los problemas ni la brújula a seguir para que la economía funcione. Se pierde un tiempo valioso en dar vueltas alrededor de algo que no sirve, que se ha quedado obsoleto y que carece de reconocimiento internacional: el modelo social comunista que está agotado.
Algo que se vería de forma positiva a nivel internacional sería que el Gobierno cubano adoptase de forma inmediata una serie de ajustes técnicos cambiando partidas de gastos del presupuesto de lugar, suprimiendo las actuaciones corrientes e improductivas por otras que estimulen la actividad económica, sobre todo privada. Pero nadie está dispuesto a ello, porque supondría erosionar las bases que sostienen el sistema político.
Amor concluye advirtiendo que si el Gobierno no se plantea hacer frente a la permanente insuficiencia financiera que deteriora el sistema económico, y desde luego no hacerlo mediante más recaudación, sino reducción de gastos, la economía cubana seguirá sin superar sus dificultades. Solo el retorno a una senda de consolidación fiscal es la vía que permite al régimen salvar lo poco que queda y sentar las bases del futuro. Gastando más no llegará a ningún sitio. Aunque en La Habana no suelen escuchar las recomendaciones internacionales, no hay alternativa. Y lo malo es que se agota el tiempo para las reformas.
Elías Amor
FUENTE: DIARIO DE CUBA