Para cada hombre honesto su país es la “Gran Nación”, y sin ánimos de frases grandilocuentes, digo hombre honesto porque hablo del que a pesar de un presente violentamente sombrío, lleno de escepticismos, busca honor en los ingentes momentos de gloria, en las victorias memorables, en las contiendas históricas, para hacer un impase dentro de su cotidiana convulsión y retomar entonces los más altos valores humanos para replantearse su identidad y su pertenencia.

En México, como en casi toda Latinoamérica, la historia puede sublimarse hasta lograr exacerbar al más indiferente de los seres con sentimientos de euforia y confusión, pero al mismo tiempo, despertar en otros los más sinceros pronunciamientos sobre su responsabilidad cívica y social, una especie de renovación de votos con su esencia misma, un echar rodilla en tierra por los muertos de todos los tiempos que reclaman por los crímenes de hoy, por la apatía, la impunidad o la indiferencia.

México grita cada 15 de septiembre tras los esperados campanazos en medio de la noche. Segundos después el cielo se llena de luces, de colores, de fuegos artificiales, de banderas, de sombreros, de rancheras, de brindis y tequilas por un país mejor, porque esta vez el orgullo de ser mexicano alcance para volver a vencer, para lograr una vez más otras independencias, libertades y derechos aplastados por nuevos enemigos.

El grito de ¡Viva México! rinde, sin lugar a dudas, homenaje a una Gran Nación. Un enorme número de mexicanos honestos se indigna en el suelo Azteca antes y después de las campanadas, estallan de rabia ante un falso y patriotero discurso presidencial, que ni por asomo se acerca a la alarmante realidad del país, por el que ellos rajan su voz en un grito desesperado.

Dolores:

El Grito de Dolores se reconoce como el acto que dio inicio a la Guerra de Independencia de México. Se registra en la historia como el llamado del cura Miguel Hidalgo al pueblo de Dolores incitándolo a tomar las armas, a levantarse contra el dominio colonial del Virreinato de la Nueva España, quien se engullía el país desde casi tres siglos.

En el estado de Guanajuato, el 16 de septiembre de 1810 tras los campanazos que hoy siguen replicándose en todos los estados de la nación, inició una guerra que aún no termina para muchos mexicanos, que sólo hizo pausas temporales y luego se transformó en nuevos conflictos escalando a contiendas mayores, tan o más violentas que esta, que dio fin aparente el 27 de septiembre de 1821.

A México le había llegado su tiempo de nacer y lo hizo en forma dolorosa: de 1810 a 1821 la nación sufrió unas 844 acciones de guerra y murieron entre 600.000 y un millón de personas. El país fue devastado, la población sufrió padecimientos sin fin, los pueblos y familias se dividieron, el altar y el trono se dislocaron para siempre”.

Publica la revista Proceso citando fragmentos del libro de la historiadora Guadalupe Jiménez Codinach, México. Su tiempo de nacer.

La conmemoración y reproducción festiva del Grito de Independencia tiene ya más de 200 años de tradición. La consumación de la victoria, el 27 de septiembre de 1821 fue también otra gran fiesta, según refiere la revista Proceso al texto de Jiménez Codinach.

“… fue uno de los días más felices que registra la historia de nuestra patria. El pueblo se lanzó a las calles, donde todas las clases sociales se entremezclaron y participaron en el regocijo general. El repique de campanas duró unas seis horas, se hacían rondas en las calles, se cantaba y se gritaban loas a Iturbide y a sus bizarros trigarantes…”.

Aunque haciendo un breve recuento sobre la conmemoración, no fue hasta 1825 la primera ocasión en que el 16 de septiembre tomó forma de fiesta nacional. Las propias autoridades de la Ciudad de México pidieron a los ciudadanos iluminar sus casas, adornar ventanas y balcones con cortinas, banderas y gallardetes alegóricos a la Independencia.

Los primeros Gritos tenían un carácter cívico y religioso, ya que participaban tanto las autoridades políticas como las eclesiásticas. El escritor Luis González Obregón señala que "los días 17 de septiembre era costumbre celebrar una misa de gracias por los héroes muertos. La fiesta del 16 tomó un carácter enteramente laico a partir de 1857”.

Singularidades

Como en el resto de los países, también para México el Grito de Independencia representa la fecha mayor del calendario cívico de la nación, aunque la ceremonia carece hasta nuestros días de protocolo oficial, se realiza en medio de un ambiente solemne apegado a las disposiciones legales sobre el uso de los símbolos patrios.

Sin embargo, en 1896 Porfirio Díaz ordenó que la campana, con la que Hidalgo convocó al pueblo para iniciar el movimiento de Independencia, se trasladara de Dolores Hidalgo al Palacio Nacional de la Ciudad de México. Es justamente a partir de ese año que se hizo costumbre que el presidente la tocara la noche del 15 de septiembre.

Algunos historiadores coinciden en que el verdadero motivo por el que la fecha se movió del 16 al 15 fue porque Porfirio Díaz lo ordenó así. La razón de cambiarlo a un día antes era porque el ex mandantario cumplía años el 15 de septiembre y muchos aseguran que "el Grito" se decidió celebrar a las 11:00 de la noche porque a esa hora nació el dictador.

La historia también registra momentos en los que no se cumplió el solemne ritual o no representó propiamente una fiesta para el país. En 1833 hubo una epidemia de cólera y la celebración se pospuso para el 4 de octubre. Tampoco hubo festejos en 1857 por la intervención norteamericana.

Otras causas menores como en 1916, un fuerte resfriado impidió al presidente Venustiano Carranza dar el ¡Viva México! en contraste con 1968, cuando el presidente Gustavo Díaz Ordaz fue recibido con una gran rechifla popular que le impidió pronunciar palabra. Del mismo modo en 1988, Miguel de la Madrid fue abucheado vergonzosamente por los mexicanos hartos y asqueados de sus patrañas políticas.

En 2008, durante la conmemoración del Grito en Morelia, Michoacán, una serie de ataques con granadas contra la población civil ensombreció la fecha. Mientras el entonces gobernador, Leonel Godoy Rangel, pronunciaba el tradicional discurso desde el Palacio de Gobierno, explosiones casi simultáneas en la plaza Melchor Ocampo y en la calle Andrés Quintana Roo, mataron al instante a tres personas y luego otras cinco fallecieron, dejando además un saldo de 106 heridos. Se reconoció entonces como responsables a tres presuntos integrantes de la organización criminal Los Zetas.

¡Viva México!

México ha sufrido terribles rupturas históricas. La derrota del mundo indígena precolombino, la conquista española, la colonia, luego la revolución de independencia. Las anarquías, las tiranías, los latrocinios, las corruptelas, los desmembramientos territoriales e invasiones extranjeras.

Como Gran Nación latinoamericana tuvo también una gran Revolución, la primera del siglo XX en el continente y con ella la revelación permanente de una identidad compleja, que por momentos pareciera irracional, mitológica y maravillosa, por la que también se celebra en medio de tantos contrastes.

La desigual modernización, la vecindad agresiva del norte frente al mundo de disimiles culturas autóctonas, las lenguas, las cosmovisiones, todo de la mano de los cárteles del narcotráfico, de los feminicidios, del bulling escolar, del absurdo político.

Para cada hombre honesto de México, siempre habrá razones para un grito de independencia. Los mexicanos honestos de todas las épocas y los que gritarán mañana por soñadas libertades, apuestan también hoy por un esperado viento de cambio, por otra nueva esperanza.

drodriguez@diariolasamericas.com

FUENTE: REDACCIÓN / Dianelys Rodríguez

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