LA PAZ.- El periodista Juan Carlos Salazar fue uno de los testigos directos de la guerrilla de Ernesto "Che" Guevara en Bolivia, que cubrió como joven reportero para la agencia local Fides y para dpa desde Camiri, un poblado del departamento de Santa Cruz ubicado a más de 1.000 kilómetros de La Paz.

Su experiencia de hace 50 años se relata en dos libros publicados este año: Che. Una cabalgata sin fin, que reúne textos de diversos periodistas, y La guerrilla que contamos, que escribió junto a sus colegas bolivianos José Luis Alcázar y Humberto Vacaflor.

En su opinión, mientras sigan manteniéndose los archivos secretos de Bolivia, Cuba, de la desaparecida Unión Soviética y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, seguirá existiendo el mito que rodea al guerrillero argentino-cubano que fue ejecutado el 9 de octubre de 1967.

¿Cuándo llegó a Camiri?

Cuatro días después del primer choque con el Ejército que fue el 23 de marzo. El Gobierno ocultó la información durante tres días. Inicialmente el viaje era por una semana, porque en esos días no se sabía con exactitud si eran guerrilleros, traficantes de droga o ladrones de ganado. Pero me quedé un año con salidas esporádicas a La Paz para trámites personales. Yo me embarqué con una libreta de apuntes, una máquina portátil de escribir de marca Olivetti y una cámara fotográfica.

¿Cómo transmitía su material?

La Agencia de Noticias Fides (ANF) tenía acuerdos de cooperación con la alemana dpa y la española Efe, ellos financiaron el viaje. Cada una aportó 500 dólares. Yo mandaba mi material por telégrafo a La Paz, donde el padre José Gramunt de Moragas transcribía mis notas para dpa por télex hasta Hamburgo.

¿Cómo era un día de cobertura de la guerrilla?

Era un poco complicado porque no había información diaria. Había que buscar en el comando de la Cuarta División de Camiri. Luego solíamos ir a la llamada "zona roja" como Muyupampa o Lagunillas, para hablar con los campesinos sobre si tenían noticias de la guerrilla. Pero los campesinos estaban muy amenazados por los militares y por lo general nunca querían decir nada. Eso ocurrió en las primeras semanas.

Después el general René Barrientos -presidente de Bolivia en ese momento- declaró "zona militar" el lugar donde estaba la guerrilla. Entonces fue difícil moverse. No se podía viajar libremente a las comunidades vecinas a Camiri. Tenías que hacerlo con el Ejército y vestir uniforme militar.

¿Supo de casos de periodistas que eran informantes de la guerrilla?

Un francés llegó como periodista y después nos enteramos de que era un contacto de la guerrilla. Había periodistas que eran informantes de la CIA, del Gobierno cubano o de los soviéticos. Un historiador militar de Bolivia reveló que durante la guerrilla la CIA tenía 800 informantes. Para un país pequeño como Bolivia era un número impresionante. Se ve que tenían infiltrado al movimiento sindical, estudiantil, partidos políticos y a la prensa.

¿Por qué sigue vigente el mito del Che?

Si el mito está vivo es por las incógnitas que todavía rodean al caso. Quién lo delató, quién ordenó su ejecución, qué papel jugó el Partido Comunista soviético, qué rol tuvo la exUnión Soviética y qué papel jugó Cuba. Hasta que no se conozca la verdad plena permanecerá vigente el mito del Che. Y para eso se tienen que abrir los archivos de Cuba, de la antigua Unión Soviética, los que quedan de la CIA y del Ejército boliviano.

En Bolivia sigue siendo un secreto de Estado. Pero hay una apertura selectiva. Una vez le abrieron al excanciller Juan Ignacio Siles y acabo de enterarme que se permitió el acceso del actual embajador boliviano en Perú, Gustavo Rodríguez Ostria. Hay un acceso selectivo, dependiendo de quién lo solicite. Algunos historiadores militares también han tenido acceso.

Si uno es sospechoso de ser crítico del actual Gobierno no te dan acceso. Lo que es una barbaridad porque esos documentos deberían ser trasladados íntegramente al Archivo de Historia de la ciudad de Sucre para disposición de investigadores e historiadores.

¿Cuál es la historia de la fotografía que salvó al guerrillero y filósofo francés Regis Debray?

El diario Presencia, de La Paz, logró tomarle una foto el mismo día de la detención (20 de abril de 1967) con el párroco de Muyupampa (el suizo Leo Schwartz). El rollo se perdió varios días porque en esa época se mandaba con un viajero. El Gobierno informó que tres extranjeros habían muerto en combate. Se referían a Debray, el pintor argentino Ciro Bustos y el fotógrafo anglo-chileno George Andrew Roth. Cuando se publicó la foto el Gobierno no tuvo más remedio que admitir que estaban vivos.

Esa foto salvó la vida de Regis Debray pero condenó a muerte al Che Guevara, porque a partir de entonces el Gobierno de René Barrientos decidió que iba a ser una guerra sin heridos ni detenidos.

¿Qué impacto tuvo en su vida profesional la guerrilla del Che?

Cuando fui a la cobertura de la guerrilla no estaba decidido todavía por el periodismo porque estaba estudiando para abogado. Hacía periodismo como un medio de vida y nada más. Trabajaba en radio Fides y la Agencia de Noticias Fides (ANF). La cobertura de la guerrilla me ayudó a decidirme por el periodismo. Cuando volví dejé la facultad de Derecho para estudiar Comunicación Social. Después la vida me dio la oportunidad de cubrir otros conflictos armados como periodista de dpa.

Un colega español me decía: "Yo hubiese pagado por cubrir la guerrilla del Che". Esa guerrilla fue un hecho importante no solo para Bolivia sino para América Latina en su conjunto, y para mi generación de periodistas.

JUAN CARLOS SALAZAR (Tupiza, 1945), fue corresponsal de dpa en Bolivia, Argentina, México, América Central y Cuba y dirigió el Servicio Internacional en Español de la agencia entre 1999 y 2010. Además de la guerrilla del Che cubrió los procesos de militarización del Cono Sur de América Latina, la guerra civil centroamericana (1980/92) y el levantamiento zapatista de Chiapas (1994). Entre 2013 y 2016 dirigió el diario boliviano Página Siete y es docente de Periodismo de la Universidad Católica de Bolivia (UCB). En 2016 recibió el Premio Nacional de Periodismo.

FUENTE: dpa/Mario Roque Cayoja

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