En 1986, el "jineterismo" había comenzado a coger fuerza en La Habana.
No fue casual que la primera crónica que redacté como periodista independiente, el 12 de octubre de 1995, fuera sobre una "jinetera"
En 1986, el "jineterismo" había comenzado a coger fuerza en La Habana.
Pero los que hasta ese momento proliferaban en ese ambiente eran hombres, no tan dedicados al proxenetismo como a la caza de dólares a través de cambalaches con turistas y extranjeros residentes en la capital.
El despegue del turismo vino a partir de 1990, con la llegada del llamado "periodo especial en tiempos de paz". Fue cuando las "jineteras" dijeron AQUÍ ESTAMOS. Y a base de sexo se impusieron y desplazaron a los "jineteros.
Después de todo, la cara y el cuerpo de ellas eran más propicios para la búsqueda de "fulas" (dólares).
El espíritu de Yarini había resurgido y el proxenetismo socialista estaba aún por escribirse.
La espinosa realidad era -y es- pasada por alto por los medios oficiales. En 1986 no se vislumbraba el nacimiento de una prensa independiente. En el exterior, el tema tampoco acaparaba espacio.
Pero yo tuve la oportunidad de hablarlo personalmente con Fidel Castro cuando el 12 de marzo de 1986 me citó a su despacho. En ese momento, era reportera de los servicios informativos de la televisión cubana en el ICRT.
Aquella tarde, entre los asuntos abordados estuvo el "jineterismo". A Castro y a los presentes -Pepín Naranjo, José M. Miyar Barruecos (Chomy) y Rafael Sed, entonces presidente del INTUR-, les dije que el "jineterismo" había llegado para quedarse. Y se convertiría en un fenómeno social.
No fue casual que la primera crónica que redacté como periodista independiente, el 12 de octubre de 1995, fuera sobre una "jinetera". Se titulaba El príncipe azul. Estaba basada en un caso real. Fue el primer texto mío que leyó Raúl Rivero (1945-2021), quien unos días antes, el 23 de septiembre, había fundado Cuba Press.
